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Lillian Gish: la actriz que recorrió todas las etapas de la Historia del cine

Este domingo 27 de febrero se cumplen 30 años de la muerte de Lillian Gish, la actriz que comenzó trabajando en el cine mudo y que rodó su última película a finales de los años 80.

Lilliam Gish en El nacimiento de una nación de D.W. Griffith.

Cuando Lillian Gish falleció en 1993, tenía 99 años y todos la consideraban la primera dama del cine mundial. La más veterana, la única superviviente que les quedaba por entonces del Hollywood anterior a la Primera Guerra Mundial. Lilian Gish lo sabía todo del cine porque había recorrido su historia a lo largo y a lo ancho. Las películas prácticamente empezaron con ella y casi nueve décadas después aún se mantenía en la brecha. Bette Davis, en una de sus últimas apariciones públicas, dijo que si había alguien que de verdad merecía el título de “leyenda viva del cine” esa era Lillian Gish.

Lillian Gish y su hermana menor Dorothy tenían seis y cuatro años respectivamente la primera vez que se subieron a un escenario. Era finales del siglo XIX y el cine acababa de nacer. Durante años trabajaron en espectáculos de vodevil hasta que un día el director más famoso del momento se fijó en ellas. David Wark Griffith quería contratarlas para su película en El enemigo invisible. “Tenía una historia para dos hermanas”, recordaba la actriz en una entrevista. “Yo debía de tener 12 años por entonces y Griffith no podía distinguirnos. Entonces puso a Dorothy un lazo rojo en el pelo y otro azul para mí y se dirigía a nosotras llamándonos así: rojo y azul”. Pronto se aprendió sus nombres, aunque su apellido nunca le gustó. “Griffith quería cambiarlo. Decía que era un apellido terrible para una actriz, pero Dorothy le dijo: si fue lo suficientemente bueno para mi madre, también lo será para nosotras. Y ahí se acabó el asunto”.

A partir de ese momento Griffith convirtió a Lillian en su heroína favorita dirigiéndola en docenas de películas, con títulos tan fundamentales de la Historia del cine como El nacimiento de una nación, Intolerancia o Las dos tormentas. Si Mary Pickford era la estrella femenina con más carisma del cine mudo, Lillian Gish era la favorita cuando se hablaba de una buena interpretación. La campeona del melodrama. Lillian hizo películas también con otros grandes directores de la época, como Fred Niblo, Victor Sjöström o Henry King. Incluso estuvo a punto de trabajar con el gran titán del cine soviético Sergei Eisenstein cuando éste pasó brevemente por Hollywood.

King Vidor la dirigió en Vida bohemia y decía que nunca había conocido a una artista más consagrada a su trabajo que Lillian Gish. “Su dedicación en cada escena era tremenda. Por ejemplo, la escena de la muerte quería saberla tres o cuatro días antes para así poder sacar toda la saliva de su boca. A lo largo de esos días sus mejillas empezaron a hundirse y también sus ojos. El día que rodamos la escena era tan real que yo pensé que se moría de verdad. Lillian controlaba su respiración hasta el punto de que yo miraba a su pecho y no veía que se moviera. Así durante mucho tiempo. Llegué a pensar que había ido demasiado lejos y que había muerto realmente intentando hacer una gran interpretación. Me aterraba tener que decir corten y parar la escena. Cuando al final lo hice, ella respiró hondo y empezó a mover la cara y los músculos y todos sentimos un gran alivio”, recordaba el director.

Lillian Gish en cambio pensaba que su hermana Dorothy era mejor actriz que ella porque sabía defenderse en la comedia, género que a ella se le atragantaba. “Dorothy tenía mucho más talento que yo porque era muy ingeniosa y sabía hacer reír a la gente. Yo, en cambio, no podía. Ella les hacía reír y llorar. Yo solo llorar. Por eso creo que era mejor actriz que yo”, aseguraba. Con la llegada del sonoro Lillian Gish se asustó. No porque tuviese problemas con su voz sino porque empezaban a imponerse actrices muy distintas a ella como Greta Garbo o Marlene Dietrich. Lillian se refugió entonces en Broadway donde estrenó más de 50 obras. La actriz contaba que fue una de las etapas más felices de su vida.

En los años 40 reapareció en el cine y su vuelta no pudo tener mejor acogida. Fue candidata al Oscar por su papel de madre del salvaje Gregory Peck en Duelo al sol. A partir de ese momento, la actriz se convirtió en presencia de lujo en muchas películas. Algunas de ellas clásicos imprescindibles de la historia del cine, como La noche del cazador, enfrentándose a Robert Mitchum; Jennie, haciendo de la monja que educó a Jennifer Jones o interpretando a la madre de Audrey Hepburn en Los que no perdonan de John Huston. A pesar de que cada vez se hacían más escasas, sus apariciones en el cine nunca desmentían su reputación de magnífica actriz.

Lilliam Gish en una escena de La noche del cazador de Charles Laughton

Lilliam Gish en una escena de La noche del cazador de Charles Laughton

En 1970 le premiaron con un Oscar al conjunto de su carrera. Parecía el broche de oro a su trayectoria, el punto final a una carrera envidiable, pero la actriz no se lo tomó así y siguió trabajando en televisión o en películas como Un día de boda de Robert Altman. Cuando en 1984 el American Film Institute le rindió un homenaje al que acudió toda la profesión, Lillian Gish tenía ya 90 años, pero aún seguía sin retirarse. La actriz continuó trabajando en películas como Las aventuras de Hambone o Dulce libertad. En 1988 protagonizó Las ballenas de agosto. En esta película se permitía el lujo de hacer de hermana menor de Bette Davis, a pesar de tener diez años más que ella.

Lilliam Gish junto a Bette Davis en su última película, Las ballenas de agosto.

Lilliam Gish junto a Bette Davis en su última película, Las ballenas de agosto.

Lillian Gish continuó viviendo en su apartamento de la calle 57 en Nueva York, donde diariamente recibía visitas de amigos y admiradores. No se casó nunca, continuó siendo siempre “La señorita Gish”, la misma heroína virginal que interpretaba en las películas de Griffith. Y no, nunca aceptó la retirada. En una de sus últimas entrevistas antes de morir se quejaba de que los directores ya no se arriesgaban a ofrecerle papeles, dada su avanzada edad. El 27 de febrero de 1993 fallecía en su casa de Nueva York. Lillian Gish había dejado de ser la leyenda viva, que decía Bette Davis. A partir de ese día formaba parte ya de la Historia del cine. En su lista de “Grandes estrellas femeninas de la pantalla” el American Film Institute la sitúa en el puesto número 19 de las mejores actrices de todos los tiempos.

Elio Castro

Elio Castro

Licenciado en Historia del Arte y Máster en periodismo por la Universidad Autónoma/El País. Periodista...

 
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