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Los misterios de las minas

En tiempos ya pasados el trabajo en las minas era muy penoso y peligroso, con iluminación escasa y mala ventilación. El miedo y las dificultades para extraer el mineral generaron una serie de creencias, sobre todo en seres fantásticos que protegían a los criaderos o que ayudaban a los mineros en la búsqueda de los minerales

Museo de la Minería de Puertollano

Miguel de Cervantes, en El Quijote, acuñó el dicho popular de «vale más que un Potosí» haciendo referencia a la mina de Cerro Rico, al sur de Bolivia, considerada una de las entradas al infierno. Y es que las profundidades de la tierra, de los volcanes y de las minas han estado asociadas a leyendas, ritos y supersticiones de toda índole.

Los mineros, cuando están en la superficie, participan en ceremonias religiosas y ruegan poner sus vidas a salvo, jornada tras jornada, mientras que en el mundo oscuro y subterráneo se cuidan de salvarse en un derrumbamiento o del grisú. Además, uno de sus objetivos principales es lograr la fortuna que los lleve al descubrimiento de una gran veta de carbón o del codiciado mineral, sea oro, plata o estaño. Y por esta razón es muy común encontrarse con cruces, altares e imágenes en la entrada de las minas o en su interior. Son como un talismán. Y, por supuesto, no faltan supersticiones como que las mujeres tenían prohibido entrar en las minas en muchos países, lo cual no ha sido óbice para que la patrona de la minería sea una mujer, santa Bárbara, relacionada con las tormentas y la dinamita, venerada en toda la cuenca minera de Asturias, Castilla-La Mancha y Castilla y León.

Otras leyendas de ámbito universal hacen referencia a historias sobre elfos mineros, gnomos y demonios picadores. Seres mágicos y mitológicos, como los mouros (en la zona leonesa o gallega), muki o anchancho (en la mitología de los Andes peruanos) o el famoso Tío (de las minas de Bolivia). De hecho, el “Tío” está muy presente de forma figurada mediante una imagen sedente realizada en madera o arcilla, a veces a tamaño natural, y que muestra los atributos principales, es decir, una cornamenta, un pene descomunal en erección y sus botas de minero, al que se le ofrece tabaco, hojas de coca y alcohol. Y siempre con la idea de que, con estos regalos, proteja a los mineros. En el contexto europeo tenemos a los “kobolds” (en Alemania) y en España también hay variedad de estos seres como son los mineritos (los minairons) del Pirineo catalán-aragonés.

Dentro de Castilla-La Mancha, los habitantes del valle del Guadalmez (Ciudad Real) reportaron leyendas sobre los morgos, unos duendes mineros afanados en buscar tesoros. En Puertollano, en cambio, también de profunda raigambre minera, guardan recuerdo del Santo Voto que conmemora la protección recibida por la Virgen de Gracia como resultado de la promesa realizada por trece familias supervivientes tras la grave pandemia de peste negra de 1348. Creencias que a día de hoy siguen muy vivas.

 
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