A vivir que son dos díasLa píldora de Tallón
Opinión

Vamos hacia el barranco

"A menudo, antes de contemplar ese instante milagroso, hay que tragarse una carnicería interminable, patética, y a veces, al final, lo que se alcanza no es un acuerdo, sino la muerte"

Vamos hacia el barranco

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Galicia

Ver a la izquierda alcanzar acuerdos entre sí es un espectáculo escalofriante. A menudo, antes de contemplar ese instante milagroso, hay que tragarse una carnicería interminable, patética, y a veces, al final, lo que se alcanza no es un acuerdo, sino la muerte. Tienen una extraña adicción a la vida peligrosa. Cada vez que se disparan un tiro en el pie, como si fuese simple afición, me recuerdan a un personaje que salía en Ruido de fondo, de Don Delillo, que sentía pavor ante el aburrimiento, Cuando conducía, le gustaba de vez en cuando cerrar los ojos a propósito, para echarle picante a los trayectos. Una vez cerró los ojos en una autopista durante ocho segundos seguidos. Ocho segundos era su mejor marca. «He llegado a cerrar los ojos hasta seis segundos en carreteras comarcales llenas de curvas, pero allí apenas vas a cincuenta o cincuenta y cinco por hora. En las autopistas de varios carriles suelo ponerme a ciento diez antes de cerrar los ojos», decía. Le resulta agradable el vértigo de jugarse la vida por nada. Hay gente a la que la existencia fácil y segura la exaspera. Necesita complicarse la vida evitablemente. Eduardo Galeano lo decía de otra manera: «Vamos hacia el barranco, ¡pero en qué coches!».

 
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