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Lorenzo Caprile: "Prefiero ser un fenómeno nacional que pagar unos peajes muy altos que no me compensan"

El diseñador recibe en el Premio Corral de Comedias del Festival de Teatro Clásico de Almagro, por el diseño y la creación del vestuario en las artes escénicas

Lorenzo Caprile en su taller de Madrid / Cedida

Lorenzo Caprile (Madrid, 55 años) llegó al teatro cuando su carrera en la moda española estaba más que consolidada. "Mi relación con el teatro se la debo prácticamente al cien por cien a Eduardo Vasco, que es otro de los grandes protagonistas del Festival de Almagro", reconoce el diseñador, que va a recibir en el certamen el Premio Corral de Comedias por su labor creando vestuario de obras escénicas. Su llegada al teatro se produjo con una carta: "Contacté con Eduardo en el 2004, justo por una carta, justo a raíz del bombazo del famoso traje rojo, que han pasado ya 20 años", se refiere Caprile al traje rojo que lució la reina Letizia y que copó todas las revistas.

La intención de Vasco era que trabajaran juntos, pero Caprile andaba preparando el vestuario de una película de época, La dama boba, de Miguel Iborra, protagonizada por Silvia Abascal y Verónica Forqué, y que supuso su única incursión en el cine. "Nos dieron un montón de premios, en el Festival de Málaga, entre ellos, vestuario, lógicamente", incide. Finalmente, debutó en Almagro. "Por eso es tan importante este festival", dice. Lo hizo con un Don Gil de las calzas verdes, con un montaje que marcó un antes y un después en el teatro español. Un debut que pudo ver su padre antes de fallecer, algo que emociona al modista.

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Trajes de influencia francesa para la actriz Montse Díaz que protagonizaba esa versión de la obra de Tirso de Molina. Caprile aportó al figurinismo su trabajo de artesano, cuidando el detalle, para que el vestuario hablase de los propios personajes, algo que ha repetido en todos sus trabajos para escena. "Hice que los personajes femeninos fueran unas fashion victim y evité las pelucas, cosa que las actrices me agradecieron mucho", recuerda Caprile desde su taller de costura. Nos recibe entre telas, lentejuelas y espejos donde muchas novias acuden a hacerse las pruebas de vestuario antes de la boda. "Uff, estamos en plena temporada alta", reconoce nervioso.

De raíces italianas, algo que destaca constantemente, Lorenzo Caprile se formó entre el Fashion Institute of Technology de Nueva York y el Politécnico Internacional de la Moda de Florencia, ciudad en cuya universidad se licenció también en Lengua y Literatura. Le gusta el cine, el teatro, la ópera y la moda. Empezó a trabajar en los ochenta y una década después abrió su taller en el barrio de Salamanca. Los trajes de novia de Caprile son toda una sensación, también los de fiesta. En el recibidor del taller tiene trajes de fantasía, que muchas actrices han llevado por alfombras rojas.

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A mediados de la década de los ochenta, comenzó a trabajar para distintas firmas de prestigio hasta que, en 1993, abrió su propio taller en el madrileño barrio de Salamanca, donde se especializó en vestidos de ceremonia. El teatro le da la oportunidad de desarrollar otra creatividad y también de trabajar en equipo. Dice que con él hay que tener paciencia, pero lo cierto es que ha repetido con casi todos los directores teatrales. Ha trabajado bajo la batuta de grandes nombres como José María Pou, Carlos Aladro, Manuel Iborra, Magüi Mira y José Martret. Caprile ha ideado el vestuario de montajes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico como Las bizarrías de Belisa, Las manos blancas no ofenden, La estrella de Sevilla, La moza de cántaro, El perro del hortelano y Entre bobos anda el juego. Por su puesto, con su maestro Vasco, gracias a títulos como Carsi, Hedda Gabler, Otelo, El mercader de Venecia y El malentendido.

"Recuerdo un montaje precioso que hice con Concha Velasco, que tenía un hijo con síndrome de Down y ella quiere suicidarse", dice de la obra que realizó junto Juan Carlos Plaza. "Cada uno tiene una manera muy distinta de trabajar, pero con quien más he sufrido y he aprendido, porque es una mujer maravillosa, pero muy exigente, es con Magüi Mira.Es una gran dama. Es la gran dama del teatro español en este momento, porque es una magnífica actriz", cuenta Caprile.

"Soy un fenómeno muy local y estoy feliz", reconoce el modisto que en 2016 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes por su labor en el diseño de moda español. "Mi libertad no tiene precio. Pago mis peajes, pero he preferido mantenerme pequeño y ser un fenómeno más bien madrileño o nacional, porque crecer significa pagar unos peajes muy altos, que no me compensa", insiste.

"El teatro me aporta todo. Para empezar, formar parte de un equipo que es maravilloso, porque en el taller al fin y al cabo, aunque somos un equipo, la responsabilidad final es mía, yo doy la cara y el nombre del taller es el mío. En cambio, en el teatro eso es más relajado, porque yo soy una herramienta más en manos del director. Yo no soy el protagonista. Y luego es maravilloso formar parte de un equipo, de una familia".

En lo artístico, el teatro permite jugar más. "El teatro te permite cosas, pero dentro de unas limitaciones, porque no todo es jauja", deja claro Caprile que se queja de que cada vez hay menos presupuesto. "Cada vez nos dan menos dinero. Parece que los trajes salen de las piedras, pero eso a veces también es estimulante, porque con pocos recursos tienes que exprimir la imaginación, exprimir el cerebro y y lograr resultados maravillosos con lo mínimo. Por eso, te permite experimentar con materiales, con volúmenes, con cosas que aquí, en el taller, estamos más limitados". Además, puede vestir a hombres. "Sobre todo vestir a hombres, porque yo soy un modista tradicional, un modista de mujer y en el teatro tienes que vestir a hombres de todas las edades y tamaños".

A Almagro lleva una nueva producción, Abre el ojo, una comedia de Rojas Zorrilla, dirigida por su amigo Eduardo Vasco de nuevo. "Está mal que yo lo diga, pero es un vestuario magnífico y es una comedia divertidísima, con muchos guiños a la actualidad. Y ahí lo dejo", dice divertido Caprile que domina los tempos de la televisión, gracias a su paso por el jurado del reality de RTVE, Maestros de la costura, que le ha dado todavía más popularidad. "Y luego para el otoño tenemos un proyecto precioso que no quiero adelantar porque soy muy supersticioso y luego se chafan las cosas y Eduardo me regaña porque hablo más de la cuenta".

El teatro continúa en al vida de Caprile, pero el cine se fue pronto. La dama boba fue su única película, aunque años más tarde diseñaría el vestido de novia que la actriz Margott Robbie lleva en El lobo de Wall Street, la película de Martin Scorsese. El vestuario del filme lo firmaba su amiga Sandy Powell y le pidió que hiciera el traje de bodas. "Después de La dama boba me salieron dos películas más, pero dije que no. Me di cuenta de que era absolutamente incompatible con mi taller. O me dedicaba al cine o cerraba mi taller. No sé si hice bien o hice mal, pero fue la decisión que tomé. Sin embargo, el teatro sí lo puedo compaginar, porque a veces es como si te encargaran una boda grande".

Dentro del teatro, todavía hay cosas que Caprile tiene pendientes, como los títeres. "Es un proyecto maravilloso que tengo ahora para septiembre, que es la primera vez que lo hago y me hace muchísima ilusión con la compañía La Tartana, que es una compañía histórica de títeres. Voy a hacer mi primer vestuario para un espectáculo de títeres, un espectáculo inspirado en la mitología griega que se llama El hilo que me liga a vos, Inspirado en el mito de Ariadna y de Penélope, todas las mujeres tejedoras de la mitología. Es una historia maravillosa", dice a pocos metros de sus modistas y costureras que, como Ariadna y Penélope tejen sin parar.

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