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'Scrapper', la clase obrera también sabe divertirse

La directora británica Charlotte Reagan propone en su primera película un retrato de la clase obrera a través de un padre, Harris Dickinson, y una hija, Lola Campbell, luminoso y sensible

Fotograma de 'Scrapper' / cedida

Madrid

El cine británico vive una transformación generacional. Nuevos directores, pero sobre todo nuevas directoras empiezan a mostrar sus historias, que parten de lo íntimo, pero retratan a una o varias generaciones. El año pasado el gran descubrimiento inglés fue Charlotte Wells con Aftersun, una película que logró que su protagonista, otro de esos jóvenes británicos, Paul Mescal, estuviera nominado al Oscar. Este año hay un puñado de películas de esas nuevas voces que ya se han hecho un hueco en los festivales. Una de ellas es Scrapper, de Charlotte Reagan, jovencísima directora que en Sundance logró premio y que retrata una relación entre padres e hijos en la clase obrera.

Charlotte Reagan tenía 15 años cuando empezó a rodar promos musicales sin presupuesto para sus amigos raperos de Islington, un barrio al norte de Londres. Desde entonces, ha realizado más de 200 vídeos musicales. En 2016, su primer cortometraje, Standby, se estrenó en el Festival de Toronto. Después ganó un premio en Sundance y fue nominado a un BAFTA. Regan realizó Fry-Up y Dodgy Dave, ambos nominados en varios festivales como Sundance y Berlín y ahora ya tiene su primera película.

La de Reagan, como su protagonista, fue una infancia de clase obrera. Vivió con su abuela, pues ella también perdió a su madre, en una de esas torres de pisos del norte de Londres, que tanto hemos visto en el cine de Ken Loach. Así que su primera historia retrata el lugar de donde viene, que quería contar de forma alegre y divertida. "Ha sido un proceso lento lo de hacer mi primero película. En todo este tiempo, lo único que quería era poder hacer películas sobre la clase trabajadora, alegres y que permitan que a la gente obrera les guste. Que los personajes no se definan por su pobreza o sus dificultades. Es algo contra lo que he luchado como espectadora y quiero cambiarlo", explica la directora que tiene un discurso de clase desde el minuto uno de esta entrevista en la Cadena SER.

Heredera del Ken Loach más luminoso, Reagan retrata las absurdidades de un sistema cuyos trabajadores sociales estorban más que ayudan y donde una niña avispada, huérfana, que evita ser recluida en una institución, haciendo ver a la administración que vive con su tío. Es entonces cuando aparece el personaje de Harri Dickinson, actor al que hemos visto en Triángulo de la tristeza, la película de Ruben Östlund, un tipo del que no sabemos si es su padre, si va a aprovecharse de ella o por qué aparece de repente en la vida de esta niña, de la que dice conocer a su madre.

“Quisimos anclar la película desde la perspectiva de George, la niña, así que el relato del sistema, los servicios sociales, la policía es lo que ellos piensan en realidad. Así as como los niños ven a esos organismos, como amenazas, asó les educaron. Yo misma crecí pensando así, pensando que era aterrador el concepto de servicios sociales", explica la joven realizadora sobre cómo se muestra el desamparo de niños y jóvenes en familias que no pueden cuidarles, pero donde el estado se convierte en un padre ausente y clasista. Al elegir esta perspectiva, el descubrimiento más importante, cuenta la directora, para levantar la película, fue encontrar a la joven actriz. De repente apareció Lola Campbell, una niña de 10 años que se quedó con el papel.

“Estuvimos buscando un año y medio. En cuanto vi la cinta de Lola pensé que era la indicada, porque trabajaba de una manera muy instintiva que es lo que hace a los actores que reaccionen a las cosas y es algo básico. Con Harris, sin embargo, yo ya había trabajado en mi corto y sabía que era genial, lo muestra toda su carrera. Pero nunca había trabajado con niños y sin él creo que no lo hubiéramos conseguido. Puso en el centro a Lola y solo estaba ahí para apoyarla. La relación de ambos se refleja mucho en la película”, cuenta sobre el trabajo con ambos actores, uno de los puntos fuertes de una película que en su fotografía y puesta en escena incide en esa idea de libertad y felicidad en entornos socialmente deprimidos.

Para dirigir su primera película, Regan se rodeó de amigos y de colaboradores habituales. La directora de fotografía Molly Manning Walker es amiga suya. Precisamente, es una de esas autoras británicas que han surgido con fuerza este año. Ella ha dirigido How to have sex, película sobre jóvenes, también de clase obrera, que pasan su verano en un pueblo turístico de Grecia bebiendo y sufriendo agresiones sexuales. Además, Regan conoce a Elena Muntoni, la diseñadora de producción, desde el colegio. Era alguien que entendía el Londres en el que creció Charlotte.“Estamos cambiando las cosas porque gente que venimos de la clase obrera podemos contar las historias. Eso hace que se acaben los clichés sobre la clase trabajadora. Creo que los espectadores están acostumbrados a contar historias tristes sobre ellos y cuando ven algo diferente, se sorprenden. Me decían que no era una película muy británica, creo que porque están acostumbrados a una Gran Bretaña gris y deprimida cuando los personajes tienen acento de clase obrera. Eso está cambiando porque tenemos voces de directores y directoras en películas Rye Lane, Blue Jean, películas que se salen de la norma”, cuenta la directora.

Scrapper es un intento de romper con aquella teoría de los cristales rotos, que cuenta eso de que si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Por eso la directora elige una puesta en escena donde la luz emula ese cine de Sean Baker y Andrea Arnold, dos de los referentes de la cineasta que explica que veía muy poco cine y que cuando iban, su abuela se colaba en las salas. Así vio El señor de los anillos, y así guarda un recuerdo de la mujer que la crío que falleció en pleno Covid. Precisamente, en la película hay un intento de hablar del duelo.

“Iba a ser mucho más divertida, con más comedia, pero luego empecé a sentir el dolor tras la pérdida de mi abuela y mi padre, que coincidió cuando estaba terminando el guion. Como sociedad, creo que no enseñamos a los niños ese idioma del duelo. Sin embargo, en Japón hay libros para niños que lo explican. Es algo que debe aprenderse, sino vamos a tener dificultades para hablar ese idioma. La falta de voluntad para tener esas conversaciones antes de que sucedan es parte del problema”. A pesar de que finalmente Scrapper no sea una comedia pura, el humor está presente en el juego entre esta niña y esa figura paternal que aparece en su vida. Un amigo con el que se entiende y que aporta un final optimista a una situación compleja. "Aunque se sufra dentro de la película siempre quiero que haya una final feliz".

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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