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El concierto de Año Nuevo: mucho Strauss, homenaje a Bruckner y, de nuevo, sin mujeres al frente

El tradicional evento ha mantenido las tradiciones desde la sala Dorada del Musikverein con la Filarmónica de Viena interpretando vales y polcas y culminando con la Marcha Radetzky, bajo la batuta del alemán Christian Thielemann

VIENA (AUSTRIA), 30/12/2023.- La Filarmónica de Viena bajo la dirección de Christian Thielemann durante la presentación preliminar del Concierto de Año Nuevo 2024 en el Gran Salón de la Asociación de Música de Viena este sábado. EFE/ Filarmónica de Viena/ Dieter Nagl ***SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)*** / FILARMÓNICA DE VIENA/ DIETER NAGL (EFE)

El concierto de año nuevo sigue impertérrito a todo, a cualquier camino o avance social también. Si el año pasado, el director de la Filarmónica de Viena decía abiertamente que todavía no hay ninguna mujer directora de orquesta preparada para dirigir el evento, este año ha sido el presidente de la institución, Daniel Froschauer, quien insistía que no hemos llegado al momento para que una obra, compuesta por una mujer, suene en el concierto. De modo que hay pocas novedades en el tradicional evento de cada uno de enero, donde espectadores de todo el mundo entrarán en esa sala llena de cariátides doradas, la Sala Dorada del Musikverein, donde los músicos tocarán un repertorio que varía poco cada año, y es que los varones de la dinastía Strauss han monopolizado de nuevo el programa, con diez de las quince piezas firmadas por los hermanos Johann, Eduard y Josef, que se han ido sucediendo. El público, que ha pagado precios muy elevados, como siempre, se ha deleitado con valses, polcas, marchas, hasta acabar en ese momento de aplausos al ritmo de la Marcha Radetzky que ha contribuido a configurar este concierto como el más escuchado del planeta, desde que nació en 1941, bajo el nazismo como un evento en honor de Hitler.

Christian Thielemann, es el director alemán encargado de dirigir este año a la filmarmónica, una tarea que cada año varía. Thielman ya dirigió el concierto en 2019 y este año se convertirá, la próxima temporada, en el flamante sucesor de Daniel Barenboim al frente de la Ópera Estatal de Berlín. Y previamente ha sido titular de la Staatskapelle Dresden y de la Filarmónica de Múnich, además de la Deutsche Oper berlinesa. Colabora con la Filarmónica de Viena. La aportación del director alemán este año, ha sido la inclusión de una pieza de Anton Bruckner, ya en 2024 se celebra el bicentenario del nacimiento del compositor. Quadrille, WAB 121, con orquestación de Wolfgang Dörner. Bruckner fue un compositor y organista austríaco del s. XIX conocido por sus sinfonías y música sacra. Tras la muerte de su padre fue enviado al monasterio agustino de Sankt Florian para convertirse en niño de coro. Su educación incluyó lecciones de violín y órgano. A Bruckner se le ha dedicado también la película que la ORF emitirá en la pausa del recital, y en la que dos niños del coro de la abadía de San Florián recorren algunos de los escenarios de la vida de este compositor austríaco. Se trata de algo similar a lo que se hizo en el pasado con otros aniversarios , como en 1991 con Mozart, en 1997 con Schubert, en 2009 con Haydn, en 2013 con Verdi y Wagner, en 2014 con Richard Strauss y en 2020 con Beethoven.

Las marchas han sido las encargadas de abrir el concierto, tanto en la primera como en la segunda parte. Marcha del archiduque Albrecht, de Komzák hijo inició el concierto, una marcha militar austro-húngara nombrada así en honor del archiduque Alberto, duque de Teschen, fue utilizada por las fuerzas alemanas en la Primera y Segunda Guerra Mundial, especialmente durante las salidas y llegadas de submarinos. Mientras que en la segunda parte, escuchamos la obertura de la opereta Asperilla, de Johann Strauss hijo, habitual en esta cita musical desde 1947. Como decimos, los Strauss dominan el repertorio, y así hemos escuchado Para todo el mundo, de Josef Hellmesberger y también la Polca-Estudiantina del mismo autor. En la tradicional alternancia entre valses y polcas, se ha sucedido también un precioso vals, Dulces vieneses, de Johann Strauss hijos, un vals dedicado a la princesa Pauline Metternich-Winneburg que estaba casada con su tío Richard Klemens, el príncipe Metternich, por entonces embajador austríaco en París. También la Polca de Le Figaro. Es una polca francesa escrita en 1867 y dedicada a Hippolyte de Villemessant, editor en jefe del periódico parisino Le Figaro. De Joseff Strauss escuchamos Delirios y, como novedad, sonó el Vals de Ischl, uno de los dos valses póstumos de Johann Strauss hijo.

Entre las polcas más animadas, Sin frenos, de Eduard Strauss, que cerró la primera parte, y Nueva Polca Pizzicato, de Johann hijo, con el característico sonido pellizcado de la cuerda, o La alta fuente, de Eduard Strauss. La inclusión de esta pieza defiende la protección del medio ambiente, tal y como afirmó en la rueda de prensa previa, el presidente de la orquesta, además de informar de que han donado 100.000 euros a la Asociación Alpina de Austria (VAVÖ).

Las tres propinas fuera del programa, una tradición que se mantiene desde 1958, se componen de una polca rápida, que cada año es diferente, y que este año ha sido la Polca del yóquey, de Josef Strauss. Después, hemos vuelto a disfrutar de uno de los valses más populares, Junto al bello Danubio azul, de Johann hijo, y, por supuesto, la Marcha Radetzky, de Johann padre. Es una de las dos tradiciones, además, de las que participa el público durante el Concierto de Año Nuevo, aplaudiendo al ritmo de la música. La otra es la felicitación que realiza el director con la orquesta antes del vals Junto al bello Danubio azul. Aquí es habitual que el público interrumpa la música con aplausos al comienzo de la introducción del vals. El director proclama en alemán: “La Filarmónica de Viena y yo les deseamos…”; y la orquesta añade: “Feliz año nuevo”.

Tampoco en 2025 habrá una directora al frente de Filarmónica de Viena, será Riccardo Muti quien vuelva a dirigirlo. Para la institución, este no es un tema de género, sino de obras de calidad. Tal y como han dicho en reiteradas ocasiones sus máximos representantes. Aun así todo, el presidente de los filarmónicos admitió, en la rueda de prensa de presentación del concierto, que hubo mujeres contemporáneas de la dinastía Strauss, cuyos valses y polcas dominan cada año el programa, que también compusieron música de calidad. Justo esas artistas son las que han protagonizado el Concierto de Año Nuevo de Compositoras, que se ha celebrado a la vez en la misma ciudad, Viena. Un concierto que presenta, por primera vez, a las grandes compositoras de vals que conquistaron el mundo con su música. Es una iniciativa de la Sala Ehrbar, que acoge el espectáculo, cuya impulsora ha sido la periodista Irene Suchy. En el programa han sonado temas como la Marcha de la emancipación de las mujeres, o el vals Pensamientos libres, de Josefine Weinlich-Amann (1848-1887); un Vals a la vienesa, de Leopoldine Blahetka (1811-1885); o el Capricho en forma de vals de Clara Schumann (1819-1896).

 
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