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Paula Ducay, autora de 'La ternura': "A veces hay que decir adiós y eso es bastante jodido"

Aimar Bretos entrevista a la autora de 'La ternura'

En la radio se escucha la vida, pero es innegable que en determinados libros se lee la vida. La vida corriente, la vida cotidiana, la que no llama nuestra atención hasta que nos paramos a pensar en ella. Y es ahí donde descubrimos que están pasando muchas más cosas de las que creemos. Sobre ello ha escrito Paula Ducay, autora de 'La ternura' (Editorial Alta Marea) y co-creadora de Punzadas, un podcast sobre filosofía, amor y cultura. Ducay ha pasado por los micrófonos de la SER, en 'Hora 25' con Aimar Bretos.

Las entrevistas de Aimar | Paula Ducay

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Pregunta: ¿Cuándo empieza uno a sentir vértigo en el proceso de creación?

Respuesta: Yo por lo menos cuando la termino, porque creo que si vas pensando en el vértigo mientras escribes, no escribirías nada. Yo inocentemente antes pensaba en los escritores que publicaban novelas que les veía nerviosos ante la salida y pensaba "bueno, pero ya para el momento en que la publicas has hecho todo un recorrido de escritura. La editorial hace un trabajo, tienes correctores, tienes gente que la lee" como que pensaba, "estarán ya segurísimos". Y no, claro, es una mentira.

P: Porque tú has estado en los dos lados...

R: Da vértigo, como que el libro deja de ser tuyo. Es una sensación muy rara. De repente sale y el texto como que ya no te pertenece y los lectores como que entran un poco en el juego, e interpretan. Y bueno, te pueden decir cosas preciosas o cosas no tan bonitas.

P: ¿De momento qué ha llegado?

R: Todo cosas preciosas.

P: La ternura es eso que no es ni amor, ni deseo, quizá es un punto intermedio. No sé hasta qué punto la vida se define en ese terreno intermedio...

R: A mí me parece que es un cariño escurridizo, como que es un cariño que puedes aplicar a tus amigos, sientes ternura por tu pareja, por tus familiares. Y yo escribiendo la novela tenía todo el rato en la cabeza, la pregunta de qué pasa cuando la ternura aparece con gente con quien no te esperas que aparezca. O sea, qué pasa cuando la ternura aparece en relaciones que no son del todo clasificables, que no los puedes clasificar, porque somos mucho de poner etiquetas siempre, que a veces sirven de mucho, pero a veces no puedes etiquetar cierto tipo de relaciones, que es como las que he intentado explorar un poco en la novela, que no son ni amigos ni familia. ¿Qué pasa cuando sientes atracción por una persona con la que no puedes estar porque la vida te lo impide? Todo eso está ahí y todo eso creo que tiene ternura, de ahí un poco el título.

P: Hay una cosa que explicas en el libro -página 96- que es el hecho de que hay relaciones que evolucionan claramente y que se desbordan respecto a lo previsto, incluso en muy poco tiempo; y relaciones que pueden ser muchísimo más duraderas, anteriores incluso que se quedan encajonadas en unos cánones, y que no consiguen, digamos, superar ese molde.

R: Sí, totalmente. Yo pensaba, mientras escribía el libro, en que a veces caemos en pensar que las relaciones que no llegan como empezar o que no llegan como a actualizarse, diría un filósofo, no pasan de potencia a acto, como que parece que no dejan huella. Un poco como que lo que no ha empezado, lo que no llega como a quemarse, no sucede. Y a veces creo que en la vida es lo contrario. Creo que todo el mundo puede pensar en una espinita, que se le ha quedado clavada de una relación que quizá no se ha dado, o de personas con las que tienes un vínculo muy fuerte, pero con las que no puedes llegar a quemarlo. Y eso a veces duele mucho más que una historia que sí que has vivido.

P: ¿Y por qué?

R: Yo creo que porque a veces no se puede y no pasa nada. Te puede gustar una persona con la que no puedes estar y tienes que encontrar maneras de "si quieres mantener ese vínculo, mantenerlo", pero a veces hay que decir adiós y eso es bastante jodido. Yo, que he cogido experiencias mías y experiencias de amigos, y es un poco la inspiración, una amalgama de cosas. No sé, creo que a todo el mundo le ha pasado alguna vez.

P: El otro día estuve con dos amigos escritores y debatían intensamente entre ellos sobre cuál es el origen de la escritura perfecta para ellos. Uno planteaba que la escritura tiene que estar basada sí o sí en lo vivido en primera persona o en segundas, terceras capas, pero muy cercanas. Y otro considera que la escritura que nace desde ahí no es pura, que la pura escritura tiene que ser la que nace desde la imaginación absoluta donde te sitúas.

R: Es un debate muy bueno. No sé si estaría en un bando o en otro. Me parece muy interesante. El otro día le leía a Gonzalo Torné un artículo que decía un poco que si leemos ficción e intentamos simplemente rastrear dónde están esas huellas de la realidad, como que nos quedamos en una interpretación un poquito básica. Es como que la ficción te puede llevar a muchas más cosas. Y a mí me pasaba escribiendo 'La ternura' que empecé muy pegada a ciertos rasgos de personas que existen en mi vida. Pero luego la ficción te lleva a sitios que tú no te esperabas, o por lo menos yo lo he vivido así. Para mí los personajes como que existen un poco de verdad. Me pasaba que escribía un poco por escenas y teniendo ya con el marco del tiempo-espacio, les ponía los personajes y una vez encuentras la voz de los personajes, parece que los personajes hablan ellos solos y se mueven ellos solos. Y creo que eso tiene mucho de imaginación. Entonces te diría que un poco ambas. Es que soy gallega, no me puedo mojar.

P: ¿Cómo gestionas ese poder de ir moldeando el personaje?

R: Eres un poco Dios. A mí me sale un poco solo. No sé, creo que una vez encuentras la voz y lo que quieres decir, la historia te lleva. Ese es mi caso. Luego igual hay escritores que lo hacen de distinta manera. He estado releyendo la novela estos días porque aquí donde me ves se me olvida todo, incluido lo que yo misma escribo y me parece un libro con muchos huecos, como que hay cosas y hay misterios dentro de la novela que yo ni siquiera sabría darte una explicación. Si me preguntas por cosas de la trama, digo "vale, eso está ahí porque es un hueco y los lectores podrán rellenarlo con lo que ellos interpreten", pero no necesariamente somos dioses, como que lo sabemos todo. Para mí hay cierto misterio también en la ficción.

P: ¿Has querido dejar huecos en la novela que ni tú misma sepas cómo?

R: No sé si conscientemente, pero un poco como los actores, que a veces como que necesitan, como toda la información posible para interpretar un personaje. Y hay actores que dicen bueno, pues no, no me digas nada, que yo ya como que lo vivo. A mí me pasa que releyendo una novela que digo vale esto, alguien podía preguntarme, bueno, qué pasa con el padre del protagonista. Hay cosas que me imagino, pero no tengo la historia totalmente creada en mi cabeza. Me gusta dejar huecos en la ficción. Porque creo que antes de escribir la novela escribía cuentos y los cuentos son huecos realmente. Es un género que es tan pequeño y tan corto que tiene que invitar al lector a rellenar los espacios que quedan. Creo que como escritores siempre estamos luchando contra la inercia de sobreexplicar, decir "¿se habrán enterado bien los lectores de todo esto que he querido contar?" y creo que hay que confiar en que el lector es inteligente y el lector va a entrar en el juego que le propones y entrará con su intelecto y con sus vivencias e interpretará cosas que igual tú no has visto. Eso es muy bonito cuando pasa.

P: Esta es una novela que empieza muy luminosa. Nos lleva al verano, a un escenario idílico y a partir de ahí no es que se vaya oscureciendo, pero sí que, bueno, vamos desbrozando capas y se va oscureciendo en determinados momentos. ¿La vida es ese retirar capas?

R: Para mí sí. Me gustan las historias que suceden en verano porque parece que el verano es como un paréntesis donde pueden sucedernos cosas que no suceden el resto del año. Y cuando la empecé, yo también la veía así, como una cosa muy luminosa. A veces la ficción te lleva a sitios o hacerte preguntas mientras la escribes que no te habías planteado al principio. En la vida hay cosas que se te van apagando.

P: ¿Cómo ha sido el proceso de creación del libro? Creo que lo has escrito por media España.

R: La escribí realmente de verano a verano, porque escribir cuesta mucho. No se piensa así, pero es un oficio y se necesita mucha disciplina y mucho espacio mental para que se te puedan ocurrir cosas. Y en la vorágine del día a día es muy complicado. A mí me cuesta.

P: ¿Cómo es el proceso de impugnación que te hace un buen editor?

R: Para mí ha sido uno de los lujos de sacar la novela. Ha sido trabajar con la editorial y trabajar con los correctores, específicamente. Yo además soy editora de profesión, entonces como que entiendo que los editores son muchas cosas, entre otras cosas psicólogos de los autores. Yo creo que he sido una autora como tranquilita, pero fue muy emocionante. Cuando en Alta Marea me dijeron que sí, y empecé a trabajar con Carlos Clavería, que es el corrector de la novela. Me parece tan bonito que una persona reciba tu texto como con seriedad, o sea, que se lo tome con profesionalidad, porque quizás porque yo qué sé, es mi primera novela y estaba como muy abierta a todas las sugerencias y es un proceso muy bonito. Me suena que hay autores que no les puedes tocar una coma y a mí me parece un poco triste.

P: Sitúas a Naima, protagonista de la novela, en una franja de edad de la vida, en la que tienes una edad indeterminada, ¿cómo describes lo que pasa en esa etapa?

R: Yo no sé cuántos años tiene Naima. Pasa todo y pasa nada. A veces creo que es una edad como muy ambigua. Creo que ella como protagonista se siente muy atraída hacia el mundo de los adultos, pero a la vez le da miedo, que es algo que creo que le pasa a muchos jóvenes. Yo tengo 27, pero vamos, Naima sería un poquito más joven que yo y lo siento como en las tripas, eso de me hago mayor, tengo que hacer cosas de adulto, pero no me siento adulta en muchas cosas. Me pasa con los adultos, igual las personas de 50 años y dicen "tengo miedo igual que tú". Esto es algo de lo que decíamos antes de que la vida son como ir pelando capas y darte cuenta de que los adultos tienen miedo y de que quizá nadie llegue a sentirse adulto del todo, con control de todas las situaciones. Supongo que también es parte de vivir.

P: Podemos considerar este libro como un hecho fundacional de tu adultez, ¿no?

R: Sin duda. También creo que el personaje de la niña sería un poco eso. Naima está entre entre el mundo de los adultos y la niña. Un poco por eso, porque vienes de la infancia, la adolescencia y quieres estar en un mundo que no comprendes o que a veces te hace daño y es a veces difícil.

P: Tu protagonista, Naima, acumula los nervios en el meñique izquierdo, ¿tú dónde los acumulas?

R: En el meñique izquierdo.

P: ¡Han cantado bingo, señores! He encontrado a Naima.

R: (risas) Sí, esa es una cosa que pensaba. Creo que nadie sabe esto de mí. Creo que nunca se lo he contado a nadie. Cuando en las citas o en en sitios así como ridículos, te dicen "Venga, vamos a contarnos cosas que nadie sepa". Yo sería eso. Sería: los nervios se me acumulan en el meñique izquierdo y ahora se lo he contado a toda España.

 
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