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Museos de cine

Este 18 de mayo se celebra el Día internacional de los Museos y hemos preparado una visita cinematográfica a algunos de los museos más famosos del mundo.

Woody Allen en una escena de Sueños de un seductor

Todo el mundo sabe que los museos sirven para recoger, clasificar y exponer a la mirada del público la historia, las ciencias o el arte. Unos lugares sin los que la cultura y el disfrute de la misma no serían posibles. Pero en lo que al cine se refiere y al margen de los documentales, los museos aparecen como escenario de todo tipo de historias. Lugares perfectos para perpetrar crímenes, por ejemplo, o para ejecutar robos espectaculares, burlando las medidas de seguridad que tienen estos edificios.

Delante de un cuadro y sentadas en uno de los bancos, hemos visto infinidad de escenas en las que dos personas quedan y hablan mirando al frente simulando no conocerse. Por ejemplo para encargar un crimen a un sicario. También funcionan a menudo como paisaje de fondo por el que los personajes pasean hablando de los temas más variados, deteniéndose de vez en cuando para comentar un cuadro. Escenarios de comedias, de thrillers, de películas de terror, incluso de cine romántico. No en vano un estudio publicado por la revista Museum and Galleries reveló que los británicos consideraban los museos como el mejor lugar para enamorarse.

Vamos a hacer un recorrido de película por unos cuantos museos y empezaremos por el que probablemente es el más famoso del mundo: el museo del Louvre. En una sala de esta pinacoteca comenzaba la intriga que se contaba en El código Da Vinci. Y en el Louvre también transcurría buena parte de La banda Picasso, una película de Fernando Colomo que contaba el caso real del robo de la Mona Lisa, robo del que fue sospechoso un joven Pablo Picasso. En Banda aparte de Jean Luc Godard los protagonistas intentaban batir un récord en el Louvre. Escena que a su vez fue homenajeada en la película Soñadores de Bernardo Bertolucci en la que los protagonistas batían a su vez el récord de Banda aparte.

Cambiamos de ciudad y nos vamos a Nueva York, en concreto al Museo Metropolitano de Arte. En El secreto de Thomas Crown Pierce Brosnan y su banda robaban un Monet considerado el primer cuadro impresionista de la historia. También en el “Met” transcurría una larga escena de Vestida para matar de Brian de Palma. Angie Dickinson flirteaba con un extraño al que perseguía de sala en sala. Un juego de seducción que acababa con un guante perdido, una escapada en taxi a la salida del museo y una muerte posterior.

Más museos de Nueva York. En el notable thriller The international: Dinero en la sombra, el policía Clive Owen se enfrentaba con los malos en un salvaje tiroteo por las salas del Guggenheim, con las obras de arte saltando por los aires y los visitantes huyendo aterrados. Y en Nueva York también está el Museo de Historia Natural en el que Ben Stiller hacía de guardia nocturno en la película Noche en el museo. Sí, porque en ese museo las figuras de personajes y los especímenes de animales disecados cobran vida por la noche. La película tuvo dos secuelas, en la segunda se iban al Museo Smithsonian de Washington y en la tercera al Museo Británico de Londres. Este museo londinense con su importante colección egipcia ha sido escenario de varias películas de terror sobre momias. En Londres también tenemos la Tate Modern. Allí Jonathan Rhys Meyers se reencontraba con Scarlett Johansson y reanudaban su aventura adúltera en Match Point de Woody Allen. Y en la reciente El duque, Jim Broadbent, robaba un cuadro de Goya de la National Gallery de Londres para luego devolverlo.

Estamos ahora en Madrid. La hora de los valientes, película que Antonio Mercero dirigió en 1998, estaba ambientada en la guerra civil y en ella Gabino Diego custodiaba también un Goya. Y siguiendo con Madrid, el Museo Reina Sofía era el objetivo de la calamitosa banda que dirigía Antonio Resines y que pretendía robar en él nada menos que el Gernika de Picasso en la película El robo más grande jamás contado de Daniel Monzón.

Seguimos nuestro recorrido por otros países. En Nápoles, en Italia, transcurría la película de Roberto Rossellini Te querré siempre. En ella Ingrid Bergman visitaba el Museo Arqueológico de la ciudad y Rossellini nos mostraba sus esculturas como metáforas visuales de las emociones reprimidas de la mujer. Siguiendo con Italia, Bruce Willis en El gran halcón, era un ladrón de guante blanco al que obligaban a robar en el mismísimo Museo Vaticano.

Subimos hacia el norte de Europa. El X-Royal Museum de Estocolmo, centro de arte contemporáneo de referencia, era el lugar donde transcurría The Square, de Ruben Östlund, la película ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2017. Y otra de las mejores películas europeas de este siglo es El arca rusa de Alexander Sokurov. El famoso museo Hermitage de San Petersburgo cerró sus puertas al público un solo día, el 23 de diciembre de 2001, para que Sokurov y su equipo rodasen de un tirón y en un increíble plano secuencia de 90 minutos la historia del museo, recorriendo todas sus salas y con personajes que nos revelaban la historia de Rusia de los últimos tres siglos a través de los vaivenes que sufría el museo.

En el museo Topkapi de Estambul los protagonistas de la película Topkapi de Jules Dassin realizaban uno de esos espectaculares robos de cine, del que por cierto la saga Misión Imposible de Tom Cruise tomó alguna idea que otra. Y de Estambul nos trasladamos ahora al Japón, al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima que recuerda los estragos que causó la bomba atómica que arrasó la ciudad en 1945 y que Emmanuelle Riva visitaba en la película de Alain Resnais Hiroshima mon amour.

Y vamos a terminar nuestro recorrido regresando a Estados Unidos, esta vez a San Francisco, donde se encuentra el Museo Legión de Honor. En Vértigo, de Alfred Hitchcock, una Kim Novak en trance acudía todos los días a ese museo para ver un retrato que le atormentaba, el de su bisabuela muerta varios años antes. Mientras, el policía retirado James Stewart, la vigilaba. Por cierto, si alguna vez visitáis este museo en San Francisco, no busquéis el retrato de Carlota, no se expone allí, lo pintó específicamente para la película el artista John Ferren, famoso pintor norteamericano.

 
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