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Cannes 2024 | Cate Blanchett: "Hay algo absurdo en que un grupo selecto de países decidan el destino del mundo"

La actriz protagoniza 'Rumours', una sátira sobre los líderes del G7 que son atacados por un grupo de zombies y donde un político guapo se camela a un transunto de Ursula von der Leyen

Cate Blanchett presenta en Cannes la sátira política 'Rumours' (Cine, Francia) EFE/EPA/ANDRE PAIN / ANDRE PAIN (EFE)

Hay pocas cosas más aburridas que un encuentro entre jefes de estado. Protocolario, lleno de lugares comunes y con personas con las que nadie en su sano juicio querría pasar un fin de semana. Sin embargo el irreverente cineasta canadiense Guy Maddin arranca de manera brillante y divertida su película Rumours, en la que junta a los líderes del G7 en un palacete en medio de un bosque alemán y con la que ha venido al Festival de Cannes en una proyección especial fuera de concurso. "Si habéis visto las imágenes del G7, es todo realmente extraño. Están como desconectados de sus cuerpos. Si los ves hablar en público, hay una serie de gestos que no se parecen a nada vagamente natural. Es algo muy performativo. La situación en sí misma en la que colocamos a nuestros líderes es absurda y ese fue un buen punto de partida para mí", explicaba la protagonista, Cate Blanchett.

La actriz australiana, fantástica y juguetona, se convierte en la canciller alemana, en un trasunto de Angela Merkel, la mujer que ahogó a todo un continente económicamente, mientras los bancos alemanes se enriquecían. El actor de As bestas, Denis Ménochet interpreta a un estirado y prepotente presidente francés y Charles Dance a un soberbio dirigente de los Estados Unidos de América, eso sí, manteniendo su acentazo británico. "La idea de que el presidente estadounidense hablara con un inexplicable acento británico fue una de las primeras ideas que tuvimos en guion y nunca desapareció. Era algo que ni siquiera discutíamos entre nosotros. Cuando empezamos a pensar en quién podría interpretar este papel, queríamos a alguien que pudiera ser el actor más presidencial y, sin embargo, el más británico posible. Y ese es Charles Dance, ¿quién es más presidencial que Charles Dance? ¿Y quién es más británico que él?", bromeaban los tres directores, Guy Maddin junto a sus dos compañeros, Evan Johnson y Galen Johnson. "Ha sido muy fácil, en Inglaterra me pasó todo el tiempo riendo, especialmente si miro a nuestros políticos", replicaba el actor británico, al que le dijeron que esa decisión partía de imaginar un EEUU tan conservador que volviera a ser una colonia.

Nikki Amuka-Bird es la primera ministra británica, la única con ganas de trabajar de todos, Takehiro Hira, protagonista de Shogun, el presidente de Japón, y Rolando Ravello un despistado y cuñadísimo presidente italiano. "Me gustaría tener una primera ministra como Cate Blanchett, desafortunadamente no es posible. Tenemos otra, que también es rubia", bromeaba en referencia a la ultraderechista Meloni y defendía que hay que trabajar en la empatía y humanidad de nuestros líderes políticos. Falta en esa lista Canadá, Roy Dupuis, un presidente sexy, con coleta, del que todos están enamorados y que se ha liado con todas las mujeres del encuentro, incluida una representante de la Unión Europea, Alicia Vikander, en un trasunto de Ursula von der Leyen.

Maddin desmonta la seriedad del evento y se ríe de los políticos a los que retrata como gorrones, fanfarrones e ignorantes. Servidores públicos a los que les llevan los bolsos, que no saben ni escribir un comunicado y que se detestan entre sí. "Es como si cada uno encarnara la definición de su propio país", dice el personaje de Menochet. Los intercambios entre ellos son a veces mordaces, otras veces absurdos. Es difícil no reírse cuando todo el mundo se burla del francés. “No puedes salvar el mundo Maxime. Ni siquiera puedes salvar a todos los canadienses. Primero intenta cuidarte a ti mismo”, le susurra la británica al galo. "Las historias están ahí como una válvula de escape a veces, para liberar un poco de presión. Este autoproclamado G7 se ocupa de una crisis mundial, así que es algo que afecta colectivamente a todos. Y hay algo absurdo en que esas personas de un grupo selecto de países decidan el destino del mundo. Es muy difícil no reírse con ese absurdo. Si tratas de abordar estas cosas de manera demasiado directa, no puedes desconectarte por la propia naturaleza catastrófica de la situación, hay tantos desafíos, como la crisis climática, la desigualdad sistémica y social. Y de esta manera sientes que te desconectas y le quitas hierro en cierto modo. La gente que vea la película dentro de cinco o diez años, es posible que se estén riendo de cosas diferentes, y eso siempre es interesante", defendía Cate Blanchett.

En año electoral en EEUU, ahí está ya la sombra de Donald Trump, y con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, los actores han esquivado como han podido muchas de las preguntas en la rueda de prensa. "Yo soy actor, no hablo de política", respondía el francés Ménochet. Salvo, otra vez, Cate Blanchett, tan estrella que ha presentado la película, ha sido la protagonista de la rueda de prensa -pocos films fuera de concurso acuden a responder a los periodistas- y este lunes vuelve a comparecer como embajadora del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. "Yo soy australiana, somos una democracia pequeña con una gran masa de tierra pero con una población pequeña. Pero es un país en el que el voto es obligatorio. Así que siempre lo he visto como algo normal, hay que participar para que la democracia sea saludable. Cuando la gente dice que no va a votar, digo que he crecido pensando lo contrario. Es muy importante participar. A veces discuto con mis hijos y dicen que si el sistema está tan estropeado, por qué participar en un sistema roto. Pero si dices que el sistema no funciona, entonces tenemos que hacer algo para solucionarlo. Y eso es lo que me parece realmente atractivo de esta película, que no es política, ni remotamente política, pero sí habla de estas personas tan perdidas que no pueden tomar ninguna decisión.Así que sí, creo que votar es importante", dejaba claro la actriz.

La sátira de Rumours se agota pronto y al director se le ocurre que una especie de catástrofe o invasión zombie deje asilados en ese bosque a los políticos, que empiezan a vagar entre la naturaleza y la oscuridad sin encontrar la salida. Un cerebro gigante, cuerpos de zombies muertos... van desconcertando a los espectadores y alejándose más de ese humor político del principio, para decirnos que al final, será la inteligencia artificial la que acabe redactando los manifiestos de cada cumbre geopolítica mundial y, de paso, dominando el mundo.

 
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