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Cannes 2024 | Jonás Trueba se ríe del fin del amor y firma con 'Volveréis' una carta de amor al cine

El cineasta debuta en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes con una comedia protagonizada por Itsaso Arana y Vito Sanz, donde una pareja decide celebrar una fiesta por su separación

Fotograma de 'Volveréis', de Jonás Trueba / CEDIDA

En tiempos convulsos y duros, donde las imágenes de muertes, de guerra y de terror dominan el imaginario visual en el que vivimos, el cine tiene la obligación de plantearse qué puede hacer por salvar el mundo. En ese sentido, el filósofo norteamericano Stanley Cavell reflexionó en su libro El cine, ¿puede hacernos mejores? Si tras ver una película cabría esperar un cierto bienestar personal y, por añadidura, social. Jonás Trueba, sin saberlo, ha respondido a la pregunta de Cavell en su nueva película, Volveréis, con la que el director madrileño ha debutado en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.

El cine nos puede hacer mejores, porque cuando se sale de la sala de cine y uno se reencuentra de nuevo con su vida cotidiana, es una persona distinta y, probablemente, un poquito mejor. "Yo sí creo que nos hace mejores de una manera humilde y modesta, pero ya desde el momento en que las películas son siempre personas que deciden retratar algo, fijarlo, darle una forma de entender, tener una especie de escucha, y paciencia, le veo esa capacidad. Las pelis también son un ejercicio de cuestionamiento, al final como espectadores que somos todos, las pelis también nos ayudan", dice el director. Y a su lado, Itsaso Arana, completa la respuesta. "Tiene algo de utopía y algo de que creo que el cine puede probar o retratar estas corrientes de pensamiento y comportamiento que no son las habituales, que abren un poco la cabeza, que oxigenan también las posibilidades. Y yo quiero pensar que si alguien está dejándolo con su pareja y viene a ver esta peli, está medio deprimida, pues que hay como una especie de desapego simpático y optimista, que la vida se puede tomar de otra manera y de aligerar un poco la carga, pero que yo no sé si sería capaz de llevar a cabo la apuesta".

El cine, y en este caso la comedia, hace más soportable la vida, incluso una ruptura amorosa. Es ahí donde el director sitúa su nueva película, una comedia declarada en la que vuelve a contar con Itsaso Arana y Vito Sanz como pareja que decide celebrar una fiesta para anunciar a todo el mundo su ruptura. Es una cosa que a lo largo de estos años me había dicho mi padre y se la he ido soltando a parejas de amigos que para mí, cuando me decían que se iban a separar, me daba un gran disgusto. Pero había en algunos casos que les decía, creo que vosotros volveréis. Me acuerdo en concreto de una pareja de amigos que se lo dije a una gran amiga, que llevaba 18 años con su pareja y yo realmente estaba muy jodido de su separación y les comenté esto, vosotros debéis hacer esta fiesta y vamos todos. Me acuerdo que me miro y como que sonrío y realmente sentí que quería hacerlo y luego se le nubló la cara, era como, realmente no puedo. Y creo que fue ese día donde me di cuenta que tenía que hacer la película. Es esa cosa de que en el cine puedes dar ese salto. En la pareja en la ficción al final les sirve para tomar conciencia de su crisis, y está bien, genera un motor de hacer algo juntos. Probablemente como no lo habían hecho mucho tiempo antes y al final es algo que les acaba reuniendo, uniendo", cuenta del origen el director.

Con esa premisa, aparentemente anecdótica y casi absurda, el director madrileño aborda la complejidad de las relaciones, de la condición humana y su reflejo en el cine. "Me parecía que tenía algo muy cinematográfico. También pensando en estas pelis de separaciones, son comedias donde tú en el fondo deseas que la pareja continúe. Cuando tenemos parejas de amigos que nos gustan, es toda una cuestión cuando se separan. Es como un paisaje que tú tienes y que de pronto se va a la mierda y, ostras, a veces te tienen que consolar ellos a ti. Entonces una pareja cuando decide separarse normalmente ya lo tiene claro y el susto viene más para los demás", explica.

La pareja protagonista de Volveréis lleva junta 14 años, viven en el centro de Madrid. Leen, filosofan, se apuntan a pintura y fueron felices durante mucho tiempo, la envidia de todos sus amigos. Pero la ruptura llega y deciden celebrarlo y organizar una fiesta, algo que nadie del entorno se llega a creer del todo. La película podría leerse como una continuación de su anterior filme, Tenéis que venir a verla, donde ambos actores, miembros de Los Ilusos, ese colectivo de cineastas, intérpretes y artistas que han trabajado con el director desde sus inicios, formaban una pareja que se decidía a visitar a dos amigos que acaban de mudarse del centro de Madrid a un pueblo en las afueras. "Es una progresión natural. Hemos Intentado a lo largo de estos años que una peli nos lleve a otra. Se ha ido dando así de manera natural y a mí me gustaba porque me quitaba la sensación de tener que estar cada vez haciendo la película que tenía que hacer, como que van dialogando entre ellas. Y es verdad que con Itsaso y Vito, que ya habían hecho de pareja, me parecía bonito, me apetecía volver a trabajar con ellos, proponerles hacer una premisa más de comedia. Y también yo estaba como con ganas, con el ánimo cambiado, esto que decía Billy Wilder de cuando estás triste, haces una comedia, cuando estás alegre, haces un drama. Me acordaba de eso y entonces era como, voy a hacer una comedia, cuajó algo ahí", añade Trueba.

Volveréis coge el testigo de aquellas reflexiones y continúa indagando en los pequeños conflictos de la cotidianidad, sobre el aburrimiento y la rutina de la pareja en un mundo que exige pasos y ritos todo el tiempo. En Volveréis ambos personajes se llaman igual, Alex, y ambos llevan su ruptura con tranquilidad, conviviendo todavía juntos, buscando juntos un piso para cada uno de ellos, y terminando la película que rodaron juntos. Ella como directora, él, como actor. "Pienso que cada vez es más difícil que las parejas duren, parece algo antiguo casi. Yo he sido un poco defensor de la idea de la pareja, de la idea de la fidelidad, de aguantar. Las parejas son un poco contranatural y eso es lo bonito, o lo difícil, eso es lo que las puede hacer virtuosas", replica Jonás Trueba y la actriz sigue. "Sabíamos que ahí estaba el corazón de la película, que tenía que ser romántica. Tenía que apostar también porque estos dos personajes fueran tiernos y fueran torpes, fueran idiotas. Hay un alegato también a favor de un amor quizá más maduro tan lejos de los tiempos que corren, que es todo tan de usar y tirar y que la repetición es casi ecológica, como de reciclaje, como que parezca que se tienen que reciclar y que tienen que renovar los los votos. El pacto es súper difícil, convivir en pareja, el mundo va súper rápido. Ahora parece que todo lo puedes elegir, que siempre hay otra cosa mejor".

Si Truffaut, al que encomiendan los personajes en visitando su tumba en Montmatre en un viaje a París, nos metió en las indecisiones y problemas de un director de cine en pleno rodaje en La noche americana, Trueba se centra en el proceso de montaje, donde el la directora, Itsaso Arna, monta junto a Miguel Ángel Trudu, reconocido montador del cine español, la película que rodaron donde Sanz era el protagonista. El juego entre ficción y realidad es una constante en un filme que desmonta o, más bien, deja ver el artificio del cine, del montaje, jugando a eso de contar una película dentro de otra película. La visita a Francesco Carril, actor que ha participado en varios films de Trueba, y que protagoniza la nueva serie de Sorogoyen para Movistar, cuyo rodaje se cuela en esta película. La aparición de Fernando Trueba, padre del director, que o bien cocina una paella o da bibliografía a su hija, la directora del filme. También los castings que ha realizado Vito Sanz y para los que no le llamaron, la biografía de Fernando Fernán Gómez en la mesita de noche o las reflexiones sobre Peter Sellers y la comedia o hasta un cameo del librero de Sin Tarima.

"La gran preocupación que tenía en la película, entre otras muchas, era cómo iba a filmar a mi padre, cómo iba a ser eso, cómo me iba a sentir yo, como se iba a sentir ,él cómo iba a ser esa situación. Era quizás lo que me generaba mayor inquietud, no tanto pensar en cómo voy a rodar con Vito e Itsaso, que ya más o menos tenía como más certezas. Y ese momento surgió y creo que recoge bastante bien lo que fue para mí la sensación de filmar una emoción así, bastante grande", cuenta Jonás del papel de su padre, que protagoniza uno de los grandes momentos de la película. "Él ocupa el centro y yo quería algo muy sencillo. Así me lo imaginaba, llegar con un trípode y la cámara y plantarla, intentar restituir algo de cómo es él más o menos en su hábitat natural. Quería integrarla dentro del esquema de comedia clásica, en estas películas de parejas que se separan siempre la figura del padre es muy importante. Y además dentro de este juego de diálogo con la comedia clásica, que es lo que quizás el más me ha transmitido desde que yo era pequeño. Mi padre es muy cinéfilo, pero quizás el cine que más le ha gustado siempre ha sido el cine americano de los años 30 y 40. La premisa de esta película es como una película de esas, aunque luego evidentemente se va hacia otro lado. Ni siquiera tengo claro que sea una comedia, pero había algo ahí como que cuajaban un montón de cosas de manera natural que para mí eran muy emocionantes. Es una película de comedia que le hubiera gustado a mi padre, que. tiene que ver con esas películas que le gustan y donde él además interpreta el personaje del padre de la novia", describe.

Volveréis es un filme político a su manera, no solo porque responda desde la levedad a cómo hacer este mundo mejor, sino porque nos lleva por un Madrid cada vez más insoslayable, donde encontrar piso es casi más difícil que superar una ruptura. Pero lo es, sobre todo, por la forma en que Trueba concibe la concepción misma de un filme como una obra de arte colectiva, que firman todo el equipo, esa banda de cinéfilos llamada Los Ilusos, que ha acompañado al director desde su ópera prima. En realidad todo el cine de Trueba es político en tanto que supone un ejercicio de resistencia frente a modas, a intereses económicos o comerciales y al querer hacernos mejores. Sus personajes siempre hablan de manera elevada, leen libros estupendos y aunque viven conflictos, los resuelven de una manera civilizada. Son pequeñas utopías que ni el cine de ciencia ficción es capaz ahora mismo de generar.

 
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