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Cannes 2024 | Catherine Deneuve se reencuentra con Mastroianni en la emotiva 'Marcello mio'

La hija de la actriz francesa y el actor italiano, Chiara Mastroianni , se transforma en su padre en una fábula sobre el duelo, los nepo babies y el mito que dirige el francés Christophe Honoré

Fotograma de 'Marcello Mio' / CEDIDA

Con resultados y propuestas diferentes, dos películas en Cannes se han centrado en observar cómo se cierra el duelo, después de una pérdida irreparable de un ser querido, años después de que la muerte haya tenido lugar. David Cronenberg recuerda en The Shrouds a su esposa, fallecida hace siete años, con su particular forma de ahondar en la descomposición del cuerpo y del alma y encajar la dominación política del neocapitalismo y la sociedad de la vigilancia. Por otro lado, el francés, Christophe Honoré se hace a un lado para dejar que su protagonista, Chiara Mastroianni se transforme en el fantasma de su padre, el actor italiano Marcello Mastroianni en Marcello Mio, película en la que el duelo escuece 28 años después de la muerte del padre.

Con camisa blanca, traje, corbata y sombrero negro, y sus gafas de sol, la actriz se convierte en su padre en esa época de Ocho y medio, la obra maestra de Fellini. Lo hace en medio de la indefinición por su propia identidad, también porque le echa de menos. Todo comienza cuando en un casting con la directora Nicole García, que se interpreta a sí misma, le pide que sea menos Deneuve y más Mastroianni, haciendo referencia a la herencia física y psicológica que ha heredado de sus dos progenitores y que acompaña a la actriz y cantante toda su vida profesional. Es en ese momento cuando empieza a soñar en que ellas es Marcello, por lo que decide convertirse en él. Se viste como su padre, se hace llamar como él y habla en italiano. Un juego de fantasía de fantasmas, de espiritismos y travestismos que permite decodificar el significado de los grandes mitos para los mortales de hoy.

En una especie de Batman, donde Chiara se trasforma en Marcello, la película nos habla del recuerdo desde distintas figuras. La de Catherine Deneuve, pareja del actor y madre de su hija, que tiene una significativa escena, cuando este nuevo Marcello le acusa de mentirosa. "Mentiroso tú, que salías y desaparecías", espeta la diva francesa que por momentos comprende a la hija y por otros cree resucitado al actor. Está también Fabrice Luchini, el actor francés, admirador del intérprete italiano, uno de los más grandes de la historia del cine. No lo conoció y ve ahora la oportunidad de ser amigo del mito al que admira. En ese juego entre realidad y ficción entran en la ecuación la ex pareja de Chiara Mastroianni, el cantante francés Benjamin Biolay, con el que canta en varias ocasiones, y su otra ex pareja, el actor francés Melvid Poupaud, muy afectado por el cambio de la actriz.

El filme homenajea por partida doble esa escena de La Dolce Vita en la Fontana de Trevi, primero como tragedia y después como comedia. En ellas Chiara se convierte primero en Anita Ekberg, la actriz gritaba aquello de "come here, Marcello", y después en Marcello entrando en la fuente. Otro homanaje ocurre en la televisión italiana. La actriz acude convertida en su padre a uno de esos programas de entrevistas cutres y amarillistas, donde hay que encontrar al Marcello verdadero. Esa disparatada escena, que supone una crítica a los medios de comunicación italianos, sirve a Honoré para mostrar los grandes papeles del actor: Una jornada particular, de Etore Scola, Matrimonio a la italiana, de Vitorio de Sica, El apicultor, de Theo Angelopoulos, La noche de Antonioni.

Chiara se enamoró del cine desde muy joven, cuando acompañaba a su padre en los sets de rodaje. Compartieron cartel de Prêt-à-porter, de Robert Altman, y volvió a actuar junto a él, poco antes de morir, en Tres vidas y una sola muerte, de Raoul Ruiz. Esta es la ocasión de juntarse con él y con su madre, con quien participó en Les bien-Aimés, película musical firmada por Honoré. La actriz recuerda con cariño al padre, pero no esperen una revisión en términos feministas, sino una suerte de sueño, de paseo nocturno, sonámbulo por el duelo y el recuerdo, por la necesidad de encarnar al mito para hacer las paces con él. El cine como una forma de comunicarnos con los muertos, según Deneuve y Mastronianni.

Por contra, la otra película sobre el duelo tiene es mucho más retorcida. La firma el maestro de la nueva carne, David Cronenberg, que propone su filme más personal, donde hasta el protagonista tiene su porte y su corte de pelo. Vincent Cassel se trasmuta en el propio director canadiense para contar lo que duele perder al amor de una vida. Cronenberg quedó viudo hace siete años cuando murió su esposa Carolyn Zeifman y ahora dedica The Shrouds, película con la que compite de nuevo por la Palma de Oro, a ella, mezclando sus más oscuras obsesiones.

El actor francés interpreta a Karsh, un hombre de negocios, productor de vídeos de éxito, que no supera la muerte de su esposa Becca, unos años atrás. Para seguir con ella, inventa un sistema revolucionario, llamado GraveTech, que permite a los vivos presenciar la descomposición de los cuerpos de sus seres queridos, a través de un sudario digital que funciona como una webcam. De modo que los cementerios ya no tienen las fotos de los muertos, sino una pantalla donde vemos la descomposición en directo. La vigilancia, queridos, ha llegado a los muertos. Pero como todo, el cementerio digital también es profanado, los hackers se hacen con el control y nuestro protagonista se obsesiona con encontrar a los piratas necrológicos.

The Shrouds explora temas de pérdida y duelo a través de la historia de este hombre que no supera la muerte de su esposa, ni siquiera haya consuelo hablando con su hermana gemela, a la que interpreta la actriz alemana Diane Kruger. En realidad qué pasa con los cuerpos, qué pasa con el alma, cómo podemos alargar la vida y qué hay más allá de la muerte son temas que han ido apareciendo en películas como Crash, La mosca, dende aparecía el concepto de metamorfosis, o la última de todas, Crímenes del futuro, donde acuñaba un nueco concepto relacionado con el transhumanismo. Una película menor en la filmografía de este cineasta que hace suyo el lema de cuanto más oscuro, mejor, y que aquí habla, además de la muerte, del amor, del cáncer y de la conspiración. Es interesante la advertencia que lanza este cienasta de 81 años, de que el capitalismo acabará también explotando nuestros cadáveres. Al tiempo.

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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