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Yo, Tarzán

El domingo 2 de junio se han cumplido 120 años del nacimiento de Johnny Weissmuller, el Tarzán más famoso.

Antes de convertirse en actor, Johnny Weissmuller fue campeón de natación. En la década de los años 20 del siglo pasado ganó cinco medallas de Oro en los Juegos Olímpicos de París y Ámsterdam, más una de bronce como miembro del equipo estadounidense de waterpolo. Johnny Weissmuller logró 67 récords mundiales y fue el primer hombre en bajar del minuto en los cien metros libres. Un palmarés deportivo fantástico que de haberse sabido la verdad quizá nunca se hubiera producido.

Había nacido en una pequeña localidad cercana a Timisoara que hoy pertenece a Rumanía y que por entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro. Johnny, que en realidad había sido bautizado como Johann, tuvo que falsificar su partida de nacimiento diciendo que había venido al mundo en Pensilvania para poder participar así en las competiciones de natación representando a los Estados Unidos. Al parecer fue su entrenador el que se encargó de todo y consiguió que le emitieran un pasaporte estadounidense. Y esa fue la versión que el actor sostuvo toda su vida. “Mucha gente cree que nací en la selva, pero nací en Pensilvania y me crie en Chicago”, decía cuando le preguntaban. En realidad, casi era verdad. Sus padres emigraron a Estados Unidos cuando Johnny tenía solo siete meses.

De niño era algo raquítico y enfermizo y los médicos le recomendaron que hiciera ejercicio para fortalecer los huesos. Gracias a la natación Weissmuller se fue moldeando musculoso y alto hasta llegar a medir uno noventa de estatura. Sus éxitos deportivos le convirtieron en una celebridad. “No hay ningún secreto”, explicaba. “Los nadadores usan el crol americano, pero yo nado con la espalda levemente arqueada y eso hace que mi cabeza esté un poco por encima del agua. Ese arco de mi espalda es el truco. Si elevas un poco tu cabeza sobre el agua puedes nadar más rápido”, añadía.

En 1930 se retiró de la natación sin que nadie hubiera logrado vencerle hasta ese momento. Johnny quiso entrar en el mundo del cine, pero no tenía estudios ni talento artístico. Le dieron trabajo en dos películas. En una hacía de Adán y en otra de extra en una exhibición deportiva. Desilusionado dejó el cine y empezó a trabajar como modelo de bañadores. Hasta que en 1932 llegó Tarzán.

Según contaba el propio actor la culpa de todo la tuvo Clark Gable. “Yo quería entrar a ver a Clark Gable, pero en la Metro no me dejaban pasar. Entonces un tipo me dijo: Ahí hay una cola para hacer una prueba para una película que se llama Tarzán. Preséntate al casting y te dejarán entrar. Y es lo que hice. En la prueba me preguntaron: ¿Puedes correr?, pues claro y corrí un poco. ¿Subir a ese árbol? y subí. ¿Balancearte en una cuerda? y me colgué de unas anillas para demostrarlo. No me preguntaron más. Luego entré al estudio y vi a Clark Gable y a Greta Garbo y me marché a casa. Una semana después me llamaron para decirme: Estás contratado para Tarzán”, me dijeron. Lo curioso es que en la Metro no sabían quién era Johnny Weissmuller y quisieron cambiarle el nombre para buscarle otro con más gancho. “Un tipo que estaba allí les dijo: sabéis que este hombre es famoso, ¿verdad? Tiene todos los récords de natación. ¿Ah, ¿sí? dijeron. Fantástico, pues dejaremos su nombre y le haremos nadar en la película”, recordaba el intérprete.

Le pusieron un profesor de interpretación, pero sus dotes para la actuación eran prácticamente nulas. La solución fue modificar su personaje, hacerle mucho más primitivo. En las novelas de Edgar Rice Burroughs Tarzán sabía leer y escribir y se expresaba con fluidez. Johnny en cambio no podía encadenar dos frases seguidas. Así que redujeron sus diálogos al mínimo. Tarzán no era precisamente un gran conversador. Lo importante era que mostrara su impresionante corpachón; que luchara con cocodrilos; remontara los rápidos a nado y realizara toda clase de proezas físicas. Las únicas escenas que no hacía él mismo eran aquellas en las que volaba de árbol en árbol colgado de lianas. En esas era doblado por un trapecista profesional. Johnny también puso su granito de arena para crear uno de los elementos más definitorios del personaje: su grito, una mezcla elaborada por el departamento de sonido de la Metro y que estaba formada por el propio alarido de Weissmuller imitando un canto de alegría tirolés; los ruidos de un camello y una hiena y la nota Si tocada al violín. Todo ello lo convertía en algo absolutamente inimitable.

Tarzán de los monos fue un gran éxito en 1932. Dos años después repitió triunfo con Tarzán y su compañera. Y a esta seguirían otros títulos como Tarzán en Nueva York, El tesoro de Tarzán, Tarzán y su hijo… Entre 1932 y 1948 Johnny Weissmuller protagonizó doce películas de Tarzán. En la mayoría de ellas le acompañaban Maureen O’Sullivan como Jane y Johnny Sheffield que daba vida a Boy, el hijo de la pareja. Sin olvidar a otro personaje fundamental, la mona Chita. Durante la Segunda Guerra Mundial la RKO se hizo cargo del personaje. Maureen O’Sullivan para entonces ya había abandonado la saga. Sin ella y con menor presupuesto que en la Metro sus películas tuvieron mucho menos éxito. El público se había cansado de Tarzán. Johnny Weissmuller abandonó el personaje y probó suerte sin fortuna en otros géneros cinematográficos en los que también solía lucir su físico, como en Tres días de amor y fe.

Pero Johnny Weissmuller ya no era el de antes. Había engordado y perdido tono muscular. Cambió entonces el taparrabos por el traje de explorador y se metió en la piel de otro personaje parecido a Tarzán llamado Jungle Jim, creado por el mismo autor de los cómics de Flash Gordon. Weissmuller interpretó a Jim de la Selva en varias películas para el cine y la televisión sin demasiado éxito. Decepcionado, se retiró del cine en 1955. En 1958 se produjo una de las anécdotas menos conocidas del actor. Estando de vacaciones en un club de golf en La Habana, éste fue tomado por la guerrilla castrista para secuestrar a los turistas americanos que estaban allí. El actor les dijo quién era y para probarlo lanzó el famoso grito de Tarzán. Entonces le reconocieron y le dejaron libre ya que todos los guerrilleros eran fans de las películas del hombre mono.

El actor se casó seis veces. Solo la cuarta esposa le dio hijos y en general le fue mal con casi todas. Su matrimonio más famoso fue el segundo, el que tuvo con la actriz mejicana Lupe Vélez, con la que mantuvo constantes peleas y discusiones. Eran lo opuesto. Ella noctámbula y juerguista. A él en cambio le gustaba vivir de día y las cosas sanas. Todas sus esposas le fueron dejando y los acuerdos de divorcio se llevaron buena parte de su fortuna. A mediados de los años 70 Johnny Weissmuller pesaba 120 kilos, el público le había olvidado y estaba arruinado. Vendió sus trofeos y medallas deportivas y también su casa de Beberly Hills. En Nueva York conoció a su última esposa, María Bauman, que le acompañó hasta su muerte. Johnny sobrevivía promocionando negocios de construcción de piscinas, pero su salud se iba deteriorando poco a poco. Tras una caída se fracturó la cadera. Los médicos le detectaron también una lesión cardíaca. Pasó un tiempo viviendo en una residencia para actores jubilados, pero a principios de los 80 su esposa le sacó de allí para llevárselo a Acapulco, ya que había empezado a perder sus facultades mentales. Weissmuller fue ingresado en un psiquiátrico. Sufría desvaríos crónicos en los que creía ser el personaje que le había hecho famoso. El actor se pasaba las noches gritando, tratando de imitar su famosa llamada de la selva.

Murió el 20 de enero de 1984 de un edema pulmonar. A su entierro solo acudió su esposa. No estuvieron presentes ni sus hijos ni ninguno de sus colegas y amigos de Hollywood. Varios cientos de mexicanos le acompañaron también y llevaron con ellos a una mona. No era Chita sino una chimpancé llamada Samantha que sirvió de símbolo y despedida al personaje que le había dado todo.

 
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