"Se encontró con Ayuso, imbatible en el 'grand slam' de la política madrileña": la reflexión de Ángeles Caballero sobre Rocío Monasterio y su Nadal particular
La ya exdirigente de Vox vio cómo la presidenta madrileña le comía todo el espacio, como el tenista manacorí, Federer o Djokovic lo han hecho con tantos tenistas

Madrid
La figura de Rocío Monasterio ya llevaba tiempo caída en desgracia dentro de su partido. Pero más que caída en desgracia, a mí me recordaba a eso que dicen de algunos tenistas, cuando no han tenido la suerte o la pericia para construir una buena carrera profesional, que debe ser muy duro haber compartido tiempo y espacio con Nadal, Federer y Djokovic. Y digo yo que a Rocío Monasterio le ha pasado lo mismo con Isabel Díaz Ayuso.
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"Monasterio se encontró con Ayuso, imbatible en el 'grand slam' de la política madrileña" | El cuaderno de Ángeles Caballero
Porque a la ya exdirigente de Vox parecía irle el viento de cara, con esta época que vivimos, con la patria y el populismo por bandera. Con esta manera de hacer política y de hacer periodismo.
Yo la recuerdo hace un puñado de años, cuando apareció en nuestras vidas, haciendo campaña con otras madres del colegio mientras esperaban que salieran sus criaturas. Yo iba por allí, por eso la he visto varias veces. Todo iba bien para Vox, todo iría bien para ella, bien casada, con familia numerosa, la altivez necesaria y esa sensación de que nada la turba, nada la espanta, como a Santa Teresa.
Pero se encontró con ella. Con la presidenta de la Comunidad. Imbatible en el grand slam que es la política madrileña. Qué pena, pensará ella y pensarán muchos, haber compartido tiempo y espacio con Díaz Ayuso. Y qué pena, pensarán algunos desencantados, que no disimule la desidia que le produce el barro en el que jamás ha metido las manos. Justo todo lo contrario que la inquilina de la Puerta del Sol.
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También la recuerdo en Parla, en el inicio del verano de 2021. En aquella plaza Adolfo Marsillach donde fue a dar un mitin electoral. El gesto, el hastío, las pocas ganas de aquello. Mirando el panorama como el que mira un animal exótico. Porque aquel no era su sitio. Ni Parla ni la Asamblea de Madrid. Y recuerdo a Ayuso, en esa misma campaña electoral, mostrando que a poliédrica no la gana nadie. Que puede ser una y mil mujeres a la vez. La que quema Madrid y acaba en un karaoke, la que va a los toros y a un acto benéfico, a misa y a subirse a la barra del bar si el cuerpo y el votante lo pide. Es mantilla y chupa de cuero.
Monasterio se quedó en lo que es, una mujer de código postal donde, como a ella, nada turba y nada espanta. Un cuerpo extraño en un partido, y un cuerpo extraño en la Comunidad de Madrid, donde ya millones de votantes tienen claro que al cielo con Isabel.
Y recuerdo también una frase pronunciada el 27 de enero de 2024, que hoy se antoja premonitoria: "Es Rocío, no es la mujer de Iván. Es el último cabo suelto que queda dentro de Vox, una auténtica china en el zapato en el clan de Intereconomía". Se la dijo Macarena Olona a José Yélamo en La Sexta. Otra mujer a la que, como a Monasterio, parecía irle el viento de cara.

Ángeles Caballero
Periodista. Colabora en 'Hoy por Hoy', con Àngels Barceló. Escribe en El País. Y habla en La Sexta.




