"Si hubiera tenido la posibilidad, me hubiera ido yo": Francesc Torralba explora el duelo tras la muerte repentina de su hijo
El filósofo y teólogo publica ‘No hay palabras’, un libro en el que reflexiona sobre la muerte de su hijo Oriol, fallecido durante una excursión que hicieron juntos por la montaña

La Ventana a las 16h | El duelo por la muerte de un hijo
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Madrid
El 14 de agosto de 2023 fue un día que cambió para siempre la vida de Francesc Torralba. Aquella jornada, que comenzó como una ilusionante excursión por los Picos de Europa junto a su hijo Oriol, terminó en tragedia con el fallecimiento del joven en un accidente de montaña. Este suceso devastador marcó el inicio de un proceso de duelo profundo y complejo que el autor ha plasmado en No hay palabras (Ed. NowBooks), una obra que es a la vez un homenaje, una reflexión filosófica y un acto de amor eterno hacia su hijo.
Torralba ha compartido esta experiencia en La Ventana, así como las enseñanzas que ha extraído de este doloroso camino. «La muerte abrupta de un ser querido es una lección de vida», escribió en el libro, y este aprendizaje se refleja en cada página, donde aborda temas como el sentido de la existencia, el poder de los abrazos y la importancia de vivir con urgencia y gratitud.

«La muerte de un hijo no se supera; se asume»
Según el filósofo, el título del libro expresa la sensación de falta de lenguaje cuando uno experimenta una situación de este tipo, ese desgarro interior. “Las personas que te quieren y que quieren ayudarte no encuentran las palabras. Se produce una situación de aislamiento. Hay otras formas de lenguaje como los abrazos, las caricias, las lágrimas. Todo eso ayuda a sostenerse y a asumir la terrible noticia. Es una paradoja, no hay palabras, pero el libro está lleno de ellas con la intención de decir lo indecible”, ha comenzado explicando.
Doctor en Filosofía y en Teología, Torralba encuentra en estas disciplinas herramientas complementarias para enfrentar el duelo. En su obra menciona cómo los textos de Kierkegaard han sido un «campo de meditación de primer orden» para contemplar la muerte de su hijo desde una perspectiva diferente. Sin embargo, ha afirmado que la fe le ha ayudado más que la filosofía. “El filósofo es el médico del alma, pero la fe es la que comunica una esperanza en un reencuentro final, en que no todo termina aquí. Abre una luz de esperanza al final de la historia. De las grandes cuestiones. La fe es confianza, no evidencia”, ha dicho Torralba.
También ha analizado el proceso del duelo que cada uno lleva a cabo tras una tragedia de estas características. “Trato de expresar que la muerte es tiránica, que no se presta al pacto. Si hubiera tenido la posibilidad, me hubiera ido yo. Me gusta mucho vivir, pero él era muy joven. Eso duele profundamente, la juventud. Mi padre murió a los 94, y claro que me dio pena, pero cumplió con su ciclo. Cuando se produce al principio, genera una indignación y buscamos un chivo expiatorio, un culpable que no seamos nosotros mismos. La muerte puede venir precedida de una enfermedad larga que te avisa, pero cuando es una irrupción de este tipo, en una jornada maravillosa en los Picos de Europa, quién me iba a decir que sería el último día que pasaría con él”, ha contado el doctor.
Torralba dedica las primeras páginas de su libro a reconstruir con doloroso detalle el último día de Oriol. “Era un chaval trabajador, deportista, social y muy contenido emocionalmente, uno de los defectos que heredó de su padre. Era muy calculador, no estaba adaptado a las novedades y a lo que no funcionaba a sus cálculos. Le ilusionaba mucho su carrera profesional en la empresa y las finanzas”. Así ha descrito a su hijo durante la entrevista.
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«Vivir es urgente»
Para Torralba, una de las grandes lecciones que deja esta experiencia es la urgencia de vivir plenamente y expresar nuestros sentimientos antes de que sea demasiado tarde. “Los hombres lloramos a puerta cerrada y no participamos de grupos de duelo. Nos autocensuramos, nos amputamos emocionalmente. No queremos dar pena. Disimulamos. Es, en el fondo, falta de valor. Todavía pesa mucho y yo recibí muchos mensajes de que fuera fuerte, que aguantara, que no me podía hundir. Como si llorar fuera un símbolo de debilidad o feminidad”, ha reivindicado.
Esta reflexión se ha traducido en una invitación a valorar cada momento y cada relación. “Una experiencia así nadie la busca, pero cuando se sufre algo así, se obtiene un aprendizaje. Das mucho valor a cada hora y cada día. Tendemos a posponer todo. Confiamos en que todos estaremos mañana, y no lo tenemos garantizado. Incluir la cultura de la gratitud es clave. Cuando viene un entierro es cuando se incluye el panegírico, pero hay que elogiar en vida”, ha asegurado Torralba, que desde que ocurrió la tragedia ha reconfigurado su manera de ver las relaciones interpersonales.
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La Ventana a las 16h | La fina línea entre la vida y la muerte: la historia de Ana y Francesc
Para él, las fechas simbólicas como su cumpleaños o las Navidades son claves a la hora de navegar el duelo. “Se nota la ausencia en la mesa, una ausencia que llena el espacio. Persiste el dolor, pero no es como lo que experimentas los primeros días, que te quedas absorbido y triste aunque no quieras”, ha dicho. Además, escribir el libro ha sido otra herramienta terapéutica más en este camino. “Un libro tiene que ser edificante. A muchas personas en duelo les ayuda para poner en palabras lo que sienten”, ha asegurado.
Ha empezado a contar esta experiencia durante sus clases para relacionarla con sus asignaturas con grandes resultados pedagógicos. “Cuando uno habla desde la experiencia, se le otorga una autoridad. Solemos hablar a partir de lo leído, de lo aprendido, pero cuando le digo a los alumnos lo que me pasó a mí un día de agosto, todos escuchan y no se quieren marchar. Eso no lo encuentran en Google o en ChatGPT”, ha finalizado Torralba.

Álvaro García-Dotor
Periodista en Hora 25




