El colocón que cambió para siempre la historia de la medicina: "Estaba contento, sin dar la menor señal de dolor"
Carlos López-Tapia nos habla acerca de una de las grandes serendipias de siempre

Así fue como un 'colocón' en una feria cambió la historia de la medicina: "Estaba contento, sin dar la mayor señal de dolor"
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Madrid
Serendipias es un programa de la Cadena SER en el que ponemos la ciencia al alcance de todo el mundo. Pero también es un concepto que hace referencia a un hallazgo valioso e inesperado que ocurre por accidente o casualidad. Y una de las mayores serendipias de todos los tiempos tiene que ver con el descubrimiento de la anestesia moderna. Un avance que marcó un antes y un después en el campo de la medicina porque eliminó el sufrimiento insoportable del dolor quirúrgico. Desde entonces pasamos de calmar a los pacientes con opio y coñac, e incluso puros en los casos más extremos, a hacerlo con la anestesia.
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¿Alguna vez te habías preguntado cuál es su origen? Para responder a esta pregunta hemos viajado con Carlos López-Tapia, colaborador habitual del programa A Vivir, hasta el 10 de diciembre de 1844. Concretamente al teatro de variedades más importante de Hartford (Connecticut, Estados Unidos), donde el dentista Horace Wells y su esposa, Elizabeth Walles, acuden a un espectáculo de humor que cambiaría para siempre la historia de la medicina moderna.
Todo empezó en un espectáculo de humor
A lo largo de la velada, los responsables del evento recurrieron a todo tipo de trucos para ganarse al público asistente. El más aclamado de todos ellos fue, sin duda alguna, el del gas de la risa, lo que provocó una gran algarabía entre los presentes: "Normalmente hago este truco con una mujer hermosa... ¡Y un chimpancé! A falta de chimpancé... ¡Por favor, señora! ¡Por favor, señora! Inspiren profundamente y entren en el más allá". En ese momento, los artistas comenzaron a sacar a varias personas del público, entre los que se encontraba el anteriormente citado dentista, a pesar de los esfuerzos que hace su esposa por retenerle.

Después de enfrentarse a este gas de la risa y superar el colocón, Wells volvió a su sitio para sentarse al lado de su esposa para seguir viendo el espectáculo. Y desde esa posición observó que un ciudadano de Hartford, de nombre Samuel Cooley, se dio un golpe en la tibia contra la esquina de un banco después de saltar y bailar como un poseso como consecuencia del efecto del gas de la risa. Pero, como había estado expuesto a este gas tan peculiar, no lo había notado: "Se había dado con tanta fuerza contra el canto que Wells creyó haber oído un crujido e involuntariamente se estremeció como si hubiera recibido el golpe él mismo".
Horace Wells fue el conejillo de indias
Horace Wells pensó que sería cuestión de tiempo que Cooley se pusiera a gritar por el dolor. Pero no fue así: "Cooley abandona el escenario unos minutos después de haberse dado el golpe. Está contento, sin dar la menor señal de dolor. Se sienta tranquilamente y se pone a contemplar a su vez el espectáculo que se desarrolla en el escenario. Wells no puede seguir sentado. Se acerca a Cooley y le pregunta si no siente dolor en la pierna. Cooley no entiende de qué habla el dentista, hasta que se levanta la pernera del pantalón y ve correr su sangre empapando la media hasta el zapato".
Después de charlar un rato con él, y descubrir que no le había dolido ni un ápice, el dentista se puso en contacto con el doctor John Riggs y ambos acudieron al feriante Gardner Colton para hacerse con una de esas bolsas de gas. Después de conseguir una de estas bolsas, el propio Horace Wells se sentó en el sillón de operaciones y le pidió a Riggs que le extrajera un molar superior del juicio después de aspirar el gas hasta perder el conocimiento. Y la prueba fue todo en éxito. Y así fue como nacería la anestesia moderna.

David Justo
(Astrabudua, 1991) Periodista especializado en tecnología que aborda la vida digital desde otro punto...




