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Irene Canalejo (Bodegas Pago de Larrainzar): "Los bodegueros también hemos complicado mucho el mundo del vino"

La bodega familiar ubicada en Ayegui (Navarra) destaca por sus vinos "complejos en su elaboración pero muy fáciles de disfrutar", según destaca su directora comercial.

Irene Canalejo, directora Comercial y de Marketing de Bodegas Pago de Larrainzar

Irene Canalejo, directora Comercial y de Marketing de Bodegas Pago de Larrainzar

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Una bodega "absolutamente familiar", resultado de un "sueño" que tenía el ingeniero industrial y empresario navarro Miguel Canalejo Larrainzar por recuperar la tradición bodeguera en la familia. Una tradición entre viñedos que se remonta a las últimas décadas del siglo XIX junto al monasterio de Irache, en Tierra Estella (Navarra). Así comienza explicando los precedentes y la historia de Bodegas Pago de Larrainzar la directora comercial y de marketing, Irene Canalejo Lasarte, hija de Miguel. Ella, junto a su hermano Miguel, enólogo y gerente de la bodega, llevan las riendas de este "sueño" de su padre que vio la luz en el año 2001. Ese año, Miguel Canalejo Larrainzar, después de una dilatada trayectoria como ingeniero industrial y ejecutivo de diversas empresas de distintos ámbitos, retomó la tradición bodeguera familiar que había quedado interrumpida en los años 70. En esa década del pasado siglo, explica Irene, la bodega que poseían fue vendida a la familia que colaboraba con ellos. Esa bodega entonces "muy pequeñita" se llamaba Irache. Estaba situada junto al monasterio homónimo, en el Camino de Santiago. "Hoy todavía mantenemos viñedo de esa época que seguimos alquilando, pero cuando comenzamos en el 2001 decidimos empezar de cero con un proyecto nuevo, con una idea de hacer un estilo de vinos concretos y para eso plantamos de nuevo 17 hectáreas y construimos una bodega muy bonita, muy bien integrada en el entorno que construyó el reconocido arquitecto navarro Fernando Redón".

Para el conocido arquitecto navarro fue, por cierto, la única bodega que proyectó en su larga vida profesional. "Creo que tiene mucho su estilo; conseguir un edificio que, incluso siendo una fábrica, haciendo algo industrial, es absolutamente acogedor. Tiene un diseño muy bonito, muy práctico también para la elaboración de vinos por supuesto, pero es un lugar donde las visitas se sienten muy acogidas en un sitio muy bonito".

Bodegas Pago de Larrainzar destaca desde el principio de su trayectoria por su vocación exportadora: "Por supuesto nos gusta también ser profetas en nuestra tierra y situar nuestros vinos en los restaurantes y en las tiendas en España y en Navarra; pero sí que es cierto que, quizás por la trayectoria internacional de mi padre en su trabajo anterior, nacimos ya con un foco muy puesto en la exportación. Ahora nuestro mercado será más o menos un 60% de exportación después del Covid, que sí que nos ha afectado en ese sentido y y seguimos trabajando para conseguir que lleguen nuestros vinos al mayor número posible de mercados". Y esos mercados actualmente se centran en países del centro y del norte de Europa, después de unos años en los que China era el principal destino internacional. Sin embargo, el Covid ha perjudicado las ventas en el gigante asiático. "Asia está sufriendo más y está tardando más en recuperarse. Algunos mercados significativos podrían ser Suiza, Suecia, Holanda está funcionando muy bien; al final consiste en conseguir pequeños clientes en muchas partes del mundo porque somos una bodega muy 'de nicho'; es una bodega boutique que no está en supermercados ni en grandes superficies y buscamos sobre todo compradores que se dedican a poner el vino en restaurantes y en tiendas especializadas".

Vinos hechos para disfrutar

Una bodega "pequeña, pero no microbodega", explica Irene Canalejo, que sitúa la cifra de producción en 70.000 botellas anuales, y que tiene como vocación elaborar vinos "de ensamblaje", elegantes y para el disfrute, pese que son "complejos en su elaboración". "Creo que lo primero y esencial es que los vinos tienen que estar hechos para disfrutar por cualquiera que se acerque a a abrir una botella, que encuentre el momento de ese disfrute. No son vinos pensados solo para expertos. Apostamos por los vinos de ensamblaje; utilizamos cuatro diferentes variedades para ensamblarlas y hacer un resultado final que tenga lo mejor de cada una de esas variedades en un perfecto equilibrio . Son vinos complejos desde el viñedo, complejos en su elaboración, pero luego son muy fáciles de disfrutar y de beber y donde destaca sobre todo la elegancia. Todos ellos pasan por barrica al menos tres meses, hasta año y medio, incluso dos años, y también tienen una larga crianza en botella, un tiempo que dejamos reposar en nuestra bodega para que el vino acabe de redondearse. Sí que son vinos de guarda pero son vinos al mismo tiempo hechos para disfrutar", explica Canalejo.

Aunque la casa tiene una clara vocación por los tintos, desde hace alrededor de un lustro también elaboran un vino rosado "diferente" al que las demás bodegas hacen "ya muy bien en Navarra". "No es el rosado típico con garnacha. Hemos empleado la variedad merlot, que ensambla muy bien con la variedad tempranillo. Un rosado que tiene un tiempo de fermentación en barrica y luego reposa con sus lías de fermentación".

Sobre la penetración de los vinos entre la población joven, que es más habitual consumidora de cerveza, Irene Canalejo se manifiesta autocrítica con el sector vitivinícola: "Los jóvenes empiezan con la cerveza y les cuesta llegar hasta el vino. Yo creo que gran parte de la culpa la tenemos los propios bodegueros y los que nos dedicamos a comunicar el mundo del vino; quizás lo hemos complicado todo mucho hablando tanto de de taninos y de polifenoles y de cosas que para el joven se escapan; y resulta muy complicado llegar a un restaurante, abrir una carta de vinos y decidirse en este ritual que hemos creado tan complejo". Aun así, y sobre el factor precio, destaca que hoy en día hay vinos estupendos "en todas partes de España y por supuesto en Navarra, a precios muy moderados".

 
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