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Lunes, 20 de Enero de 2020

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SER Historia: 'Tras los pasos de la Armada Invencible'

El año 2013 nos regala una efeméride en mayúscula: el 425 aniversario del desastre de la Armada Invencible, un episodio clave de la historia española y europea que contiene todos los elementos de una gran historia: clímax heroico de una larga pugna marítima, militar, económica e ideológica entre Inglaterra y España, es éste un episodio con un mayúsculo e imperecedero atractivo

Y a pesar de ello, después de 25 años desde la gran efeméride, el 400 aniversario celebrado en 1988, la Gran Armada apenas ha ocupado un espacio entre las novedades bibliográficas españolas

Calzada del Gigante con Lacada Point al fondo (lugar del naufragio de la Girona)

Curiosamente, esa desmemoria no ha sido tal en el Reino Unido e Irlanda, donde la Invencible ha seguido teniendo en este último cuarto de siglo un interés capital entre investigadores y autores ingleses e irlandeses de renombre como Angus Konstam, Colin Martin, Geoffrey Parker o Ken Douglas.

Comandada por el Duque Medina Sidonia, la partida de la Armada de A Coruña el 21 de julio de 1588, solventados ya los problemas de avituallamiento y reparadas las naves maltrechas tras el temporal que dispersó la flota una vez hubo zarpado de Lisboa el 28 de mayo, era el pistoletazo de salida para el Gran Designio de Felipe II: asestar un golpe mortal en la Inglaterra Tudor. La estrategia estaba clara. El fin último de los 130 barcos que formaban "la mayor flota jamás vista desde la creación del mundo" era navegar por el Canal de la Mancha hasta encontrarse con el Ejército de Flandes, 27.000 veteranos comandados por el duque de Parma, Alejandro Farnesio. Escoltadas por la Gran Armada, las lanchas de desembarco harían entonces tierra en la playa de Kent y, desde ahí, en un movimiento de asalto fulgurante, pondría sitio a Londres.

Ese era el plan. Pero entonces entró en escena la flota inglesa para con barcos y capitanes célebres como el Revenge de Francis Drake o el Ark Royal de Charles Howard de Effingham evitarlo a toda costa. Desde el 31 de julio, día en el que la Gran Armada tomó contacto por primera vez con la flota inglesa cerca de Plymouth y en el que se perdió el Rosario y el San Salvador, hasta la última y definitiva batalla frente a Gravelinas, el 8 de agosto, la travesía de la flota creada por Felipe II protagonizó uno de los episodios marítimos más sobresalientes de la Historia. No faltaron otras escenas memorables como el duro combate el 2 de agosto frente a Portland Bill, la primera vez que la flota inglesa puso en práctica el ataque en línea, o el 7 de agosto, cuando ocho brulotes -navíos incendiados- lograron romper la formación de la Armada española y dispersarla.

Pero la aventura de la Felicísima Armada no había terminado. Entre retroceder al sur, al Canal de la Mancha, donde la flota inglesa les esperaba, y volver a España doblando Escocia e Irlanda, la segunda opción fue la que prevaleció. Fue a finales de agosto, tras dejar atrás los archipiélagos escoceses de las Orcadas y las Shetland, que Medina Sidonia convocó a sus capitanes para decidir qué ruta era la más segura en el retorno a España. La opinión fue contundente: que la Armada navegara hacia el sur, pero alejada de las peligrosas costas de Irlanda. No lo lograron.

Irlanda: escenario del desastre de la Armada

Porque el gran escenario de la tragedia -marítima y humana- de la Armada no fue el Canal de la Mancha ni los cañones ingleses, sino Irlanda. Entre septiembre y octubre de 1588 naufragaron 24 barcos y murieron más de 5.000 hombres en sus costas como consecuencia de los vientos huracanados que azotaron la antigua Hibernia y que salieron al paso de los bajeles de Felipe II en su desesperado retorno a España.

Recordatorio de ese infausto viaje de vuelta a casa son las historias cuyos protagonistas son los náufragos de la Invencible y que, aún hoy, siguen grabadas a fuego tanto en la toponimia como en la memoria local. De ahí que, aprovechando su 425 aniversario, visitar alguno de los evocadores paisajes irlandeses que fueron escenarios de los naufragios más relevantes es lo más cercano a pisar historia:

La tragedia de la 'Girona'

En la noche del 28 de octubre de 1588, la galeaza Girona, un navío de guerra de procedencia napolitana, se estrelló contra las rocas cercanas a la Calzada del Gigante, en el Ulster. A bordo iban más de 1.300 hombres y, entre ellos, Don Alonso de Leyva, Capitán General de la Caballería de Milán. Recalar en este hermoso lugar del Ulster es el mejor enclave para aproximarse a uno de los naufragios más trágicos de la Armada en Irlanda, una inmersión histórica que debe complementarse con una visita al Ulster Museum, en Belfast. Descubierta en 1967 por el arqueólogo marino Robert Sténuit, los cañones, armas y aparejos de la Girona pueden contemplarse en el museo, así como los tesoros que portaban los caballeros que iban a bordo: armas, botones de oro y plata, camafeos bizantinos de lapislázuli y perlas, anillos de oro y diamantes o medallas de órdenes de militares como las de Santiago o Alcántara...

Los últimos del 'Trinidad Valencera'

Para descubrir la aventura y la tragedia de La Trinidad Valencera nada como acercarse hasta el hermoso arenal de Kinnogae Bay, en la península de Inishowen, el lugar de su naufragio. Aunque para aproximarse a la desventura del barco y la de sus hombres lo mejor es visitar el Tower Museum, en Derry. Ahí, la vibrante exposición permanente An Armada Shipwreck-La Trinidad Valencera permite rememorar, a través centenares de objetos, cañones y armas recuperados del fondo mar por los arqueólogos marinos, la historia de este barco y su naufragio en Irlanda.

Las aventuras del capitán Cuéllar

El capitán Francisco de Cuéllar volvió a nacer el 21 de septiembre de 1588 cuando, sin saber nadar, sobrevivió al naufragio del Lavia, navío que junto a la Juliana y la Santa María de Visón se desintegró bajo las olas en la playa de Streedagh, muy cerca de la ciudad de Sligo. Poco podía imaginar este capitán que esa milagrosa salvación no sólo iba a ser el principio de una increíble aventura personal, sino también, a la postre, gracias a su pluma ágil y descriptiva, uno de los relatos más vívidos de las desventuras de los náufragos de la Gran Armada en Irlanda. Sin duda, seguir el relato de Cuéllar es la mejor guía turística para quedar prendado por los bellos paisajes de la zona, con joyas como el lago Glencar, la playa de Streedagh -el arenal donde naufragó el barco de Cuéllar-, las tranquilas aguas del Lough Melvin, la omnipresente presencia del monte Ben Bulben...

Spanish Point

Si hay una coordenada de la toponimia irlandesa que proclama a los cuatro vientos su vinculación con la Armada Invencible ésa es, sin duda, Spanish Point. Situada en el condado de Clare, no lejos de muy lejos de los conocidísimos acantilados de Moher y de la bella región conocida como The Burren, en esta localidad engastada entre hermosos parajes marinos late la tragedia de la Gran Armada. Y lo hace recordando los naufragios de los barcos San Esteban y el San Marcos. El primero, perteneciente a la escuadra de Guipúzcoa, encalló en los arrecifes de cercanos a Doonbeg, mientras que el galeón San Marcos, de la escuadra de Portugal, se fue al fondo del mar junto a las rocas de la isla de Mutton.

Península de Dingle

El sur del condado de Kerry fue el último destino de varios barcos de la Armada, como el Trinidad y el San Juan de Fernando Horra. Recorrer la península de Dingle permite también descubrir los escenarios de las desventuras de otros barcos más afortunados y que lograron llegar a España, como el San Juan de Portugal, comandado por Juan Martínez de Recalde, y el San Juan Bautista, de Marcos de Aramburu.

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