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Domingo, 19 de Enero de 2020

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SER Historia: 'El Arcipreste de Hita, un quiebro al pensamiento Misógino'

El Libro de Buen Amor que Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, escribió en pleno siglo XIV, es una de esas obras inmortales ante la que aparece que el lenguaje se queda pobre para poder expresar todas sus cualidades

Quizá éstas se pueden plasmar diciendo que es un auténtico derroche de modernidad en aquel siglo aún tan "medieval", aunque cierto que ya se atisbaba una nueva sociedad

En cualquier caso, los valores que se observan en la obra, se pueden valorar en la medida en que se tenga en cuenta el entorno ideológico del Arcipreste. Por eso, en las siguientes páginas intento resumir, tanto la prevención predicada contra las mujeres por La iglesia Católica, como la literatura misógina que se expandió por Europa, pues fue en este ámbito cultural en el que Juan Ruiz compuso su obra. De ahí que la valoración que hace de la sexualidad y de la relación entre los sexos, pero también por la alegría de vivir que rezuma la obra. Y por eso podemos decir que el Libro del Buen Amor significa un quiebro al pensamiento misógino.

No obstante, creo necesario abordar el hecho de que una serie de críticos y exégetas, que han opinado sobre esta obra, han estado de acuerdo en considerar los contenidos del Libro de Buen Amor como extraños, misteriosos, enigmáticos, contradictorios o equívocos, por emplear literalmente los adjetivos que se han utilizado. No deja de ser paradójico que una de las cumbres de la literatura española vaya acompañada de tales juicios. Máxime cuando uno de los méritos reconocidos de la obra es el que constituya un auténtico testimonio histórico de la Baja Edad Media. Menéndez y Pelayo es el estudioso que con más entusiasmo resalta esta faceta, después de situar al Arcipreste como un genial poeta autor de la Comedia Humana del siglo XIV. De ella afirma: "Como fuente histórica vale tanto, que si él nos faltara, ignoraríamos todo un aspecto de nuestra Edad Media... el Arcipreste nos cuenta cómo vivían en su casa y en el mercado, cuáles eran los manjares servidos en sus mesas, cuáles los instrumentos que tañían, cómo vestían y arreaban su persona, cómo enamoraban en la ciudad y en la sierra. Al conjunto de los versos del Arcipreste se levanta un conjuro de visiones picarescas que derraman de improviso, un rayo de alegría sobre la grandeza melancólica de las viejas y desoladas ciudades castellanas: Toledo, Segovia, Guadalajara, teatro dfe las perpetuas y non sanctas correrías del autor."

Es una lástima que Menéndez y Pelayo, que tan acertadamente ha sido capaz de ensalzar los alores descriptivos del Arcipreste, sin embargo, llevando de su mentalidad victoriana, que más adelante analizaré, se sintiera impelida a rechazar otros aspectos de la obra, tan vitales y ricos como son los que ha señalada en el párrafo que acabamos de leer, pero que atienden al sexo.

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