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Domingo, 21 de Julio de 2019

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¿El dinero da la felicidad en la NBA?

David Stern, la cabeza visible de la liga norteamericana, se ha propuesto suavizar el salto que impone el capital, para conseguir una liga más equitativa.

Michael Jordan, elegido por los Bulls, David Stern en una rueda de prensa y Paul Pierce, fichado por Brooklyn. /

Es la eterna pregunta: ¿se es más feliz con más dinero? Hay quien diría que no, que la vida está hecha de otras cosas que conectadas, contribuyen a sentirnos realizados. Pero el poder adquisitivo es algo que evidentemente nos ayuda a todos a llevar una vida más desahogada, y por qué no decirlo, a disfrutar más de ella. En muchas películas, libros... se ha intentado resolver la incógnita de cómo alcanzar la felicidad, es algo que nos interesa sin saberlo. El éxito es una manera de llegar a ella. En la mejor liga de baloncesto del mundo no es diferente, éxito y felicidad van unidos en una sola frase. Pero hasta qué punto es determinante la inversión económica en esta carrera.

"Los jugadores son fichas económicas"

"La liga no va a ser nunca totalmente igualitaria"

"Stern y Jordan, una comunión perfecta para explotar el producto"

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La NBA ha evolucionado desde los años 80 hasta convertirse en lo que es hoy en día, una de las competiciones deportivas que mayores ingresos generan a nivel mundial. Un capital derivado de contratos televisivos, publicidad, 'merchandising' y rostros mundialmente conocidos. Pero no siempre fue así. A finales de la década de los 70, la NBA languidecía con unas audiencias televisivas y una afluencia a los estadios que pusieron en riesgo la propia viabilidad de la competición. Un hecho concreto desencadenó una revolución que sirvió para fertilizar el futuro de la liga.

Desde 1966, un joven abogado de New Jersey fue cumpliendo etapas en los cargos administrativos de la liga para terminar siendo nombrado, casi 20 años después, Comisionado de la NBA -el jefe-. Su nombre: David Stern. De origen judío, Stern fue capaz de entender a la perfección lo que demandaba el público y dárselo envuelto en un papel de regalo muy llamativo. El año de su nombramiento, 1984, fue el mismo en que llegaron algunas de las mejores estrellas que la liga ha dado. Charles Barkley, Hakeem Olajuwon, pero sobre todo, Michael Jordan. Casualidad o no, una comunión perfecta para explotar el producto. Con el legado de Stern y Jordan, la NBA dio el paso definitivo para acercarse a los otros dos deportes que aglutinaban a las masas, el béisbol y el fútbol americano. El baloncesto no llegó a cogerlos, pero si se les aproximó a una velocidad de vértigo, subido en la ola publicitaria de Nike y Jordan. El dinero volvía a aparecer en escena, con la popularidad correspondiente.

En la actualidad, cuando se va a cumplir el tercer aniversario del mandato de Stern, la liga va a llorar su pérdida. Tres décadas después, el veterano director de orquesta lo deja, tranquilo ante su herencia. Una liga con nuevas franquicias, incluso en la vecina Canadá, con un evento televisado en más de 200 países y giras veraniegas por todo el globo terráqueo. Pero en los últimos años, consciente de su retirada, Stern ha querido aportar su último granito de arena, llevar la igualdad a la NBA. En su camino para hacer la liga más atractiva, si cabe, solo se entromete una cosa que gira de forma gravitatoria alrededor de este artículo: el dinero.

David Stern, 30 años de historias en el 'draft'.

¿Cómo se consigue sortear la inversión económica?

En la temporada 1984-85, primera de Stern al mando, se implanta una regla que revolucionará y transformará la competición. "El límite salarial es un sistema para que haya un cierto equilibrio económico. Establece un límite y el que lo traspase tiene que pagar una multa. Antes era leve, ahora es más dura. Hay muchos equipos que le han cogido un miedo tremendo", asegura Jorge Sierra, editor en jefe de la web 'Hoopshype', una de las páginas web de referencia sobre todo lo que rodea la NBA.

Siempre hay quien no tiene medida de las cosas, en este caso se podría decir que hay bolsillos que no tienen fondo. Para evitar una mayor descompensación, la NBA fijó en 58.670.000 dólares el límite en salarios de los jugadores para la presente temporada. Cualquier 'General Manager' que ignore la medida y se exceda en más de un 22% deberá pagar un canon, el conocido impuesto de lujo. "Antes había alguno que se le iba la mano y no estaba tan penalizado, pero en la actualidad es algo que resulta muy costoso", explica Sierra. Además, todos los equipos están obligados a gastarse por lo menos un 90% del presupuesto. Con esta medida se asegura que no haya franquicias desprotegidas u olvidadas por sus propietarios.

A estas reglas ya de por sí interesantes desde un punto de vista compensatorio, se añade el hecho de que la recaudación por impuesto de lujo se distribuye entre las arcas de las franquicias que no han cometido dicha infracción. En el acervo popular es inevitable abstraerse a la historia de 'Robin Hood', encarnado por Stern, aunque en este caso es alguien que roba a los exageradamente millonarios para dárselo a los ricos a secas. En la actualidad siete franquicias deben soportar el impuesto de lujo: Brooklyn, Nueva York, Miami, Chicago, Lakers, Clippers y Toronto.

Aun contando con estas premisas igualitarias, siempre hay maneras de sortearlas. Comprar jugadores a golpe de talonario como hacen el Real Madrid o el Barcelona aquí, en España, para después afrontar de una manera u otra la multa. En cambio, la dirección americana ha ideado un sistema de traspasos especial. A la hora de los intercambios, los jugadores son fichas con valores económicos -sueldos- que los conjuntos deben emparejar, como bien explica Sierra. "Lo habitual es enviar en un traspaso algo de un valor equivalente a lo que recibes pero en cuanto a talento, en cuanto a jugadores. Se tiene en cuenta lo que gana un jugador y lo que gana otro y tiene que ser una cantidad similar, con una horquilla del 15%", resume Sierra.

Con esta regla se superan las 'temidas' cláusulas del futbol europeo, donde un equipo pequeño, de cantera, apenas puede retener a sus jóvenes valores. Un miedo irracional a que el pez gordo se coma al pequeño y que en la NBA es más complicado de ver. Sin embargo, la liga norteamericana sigue contando con equipos históricamente millonarios, o 'nuevos ricos' que ponen en jaque el éxito del sistema. La gran duda recae en si rentabilizan sus apuestas. "Depende de si esa gran inversión que hacen luego tiene resultados deportivos. Por ejemplo, una consecuencia directa son los partidos de 'playoffs'. Son las entradas más caras del año y los pabellones se llenan", analiza Sierra. Para que el dinero se plasme en resultados y por descontado, en la felicidad de los aficionados, es muy importante lo que hace el propietario, o más bien, lo que deja hacer a otros.

"Más que inversión tiene que ver con cómo la haces y si las decisiones son las adecuadas. Si tienes un buen propietario como le ha pasado a los Lakers con Jerry Bush todos estos años, Mark Cuban en Dallas o Micky Arison en Miami, gente competente y que además delega en otros igual de preparados, suele salir bien", sostiene Sierra. Aunque siempre hay casos para entender lo que no hay que hacer, como ocurre en 'La Gran Manzana'. El propietario de los Knicks interfiere en las decisiones deportivas y cambia constantemente de directiva. Una inestabilidad endémica, desde hace varias décadas, que no suele dar buenos resultados. Y parece que la moda del despilfarro se ha extendido como la pólvora por esa ciudad, porque en Brooklyn Mikhail Prokhorov va camino de plasmar la jugada. Un magnate ruso con mucho dinero y poca noción de baloncesto; un entrenador debutante -Jason Kidd-; un 'General Manager fracasado -Billy King-; y una jaula de grillos compuesta por jugadores veteranos. La ecuación es algorítmica y de las que sale un resultado negativo...

El 'Big Three' de Miami, un ejemplo de ostentación.

¿Se puede ser campeón de la NBA con un origen humilde?

"Sí se puede llegar, es difícil competir con Miami o con Los Ángeles, pero se puede dar. Es verdad que allí un equipo pequeño lo tiene más complicado, pero aquí, en la liga española de fútbol por ejemplo, es imposible. Es inconcebible que el quinto o sexto equipo con mayor presupuesto de la Liga pueda competir con Madrid o Barça". Jorge Sierra explica una verdad que en la NBA presenta otras aristas. Allí tienen "esa fórmula para equilibrar plantillas que es el 'draft'", con la que los peores equipos cada temporada pueden elegir a las mejores promesas que llegan a la liga desde la universidad o el resto del mundo.

Pero en la NBA de la igualdad que propugna David Stern, de la sorpresa, de la ilusión en todos los pabellones por ofrecer equipos con posibilidades de ser campeón, hay un lunar que escapa a los ojos de la liga. Y no es otro que los salarios desorbitados de sus jugadores. Un 'ranking' ya de por sí escandaloso, que incluye además, casos claros de jugadores sobrepagados. "Generalmente a los jugadores altos se les paga más de lo que merecen porque tienen condiciones mucho más específicas". Esta es una de las razones de los sueldos hinchados de hombres como Bogut, Okafor o Stoudemire, la otra tiene que ver con los equipos 'humildes', considera Sierra. "Si los equipos pequeños 'draftean' bien y consiguen a una estrella emergente, para mantenerla van a tener que pagar más de lo que pagarían el resto de los equipos, que pueden ofrecer un mercado mejor."

Un agujero negro que absorbe también el flujo de antiguos jugadores destronados. Es inconcebible que a uno le paguen sin hacer su trabajo, pues bien, en la NBA esto ocurre y más de que lo que suponemos. "Los contratos van a misa. En cuanto firmas, ese dinero es tuyo", una puerta abierta a malas conductas que no impiden que jugadores 'amnistiados' sigan cobrando. Como el caso de Gilbert Arenas, que en 2010 introdujo una pistola en el vestuario de los Wizards e incluso apuntó con ella a un compañero. Una acción que sin embargo no puso en riesgo su cuenta corriente. "En la NFL te pueden llegar a despedir por estar lesionado, en la NBA no hay manera. Son contratos blindados", zanja Sierra.

Acaudalar riquezas puede acercar la felicidad, pero también puede ser un desencadenante hacia la destrucción. Las ingentes cantidades que se mueven en la liga pueden ir acompañadas de casos muy conocidos como el de Scottie Pippen, Allen Iverson o Antoine Walker, de entornos familiares desestructurados, poco propicios para tomar buenas decisiones. Jugadores con un pobre bagaje educativo, que en algunos casos no están preparados para ganar tanto dinero a una temprana edad y acaban arruinados. "Hace diez o doce años era mucho peor. Ahora les están educando cada vez más, con cursos de introducción a la liga, y los jugadores ven lo que pasa a su alrededor. El mensaje termina calando", estima Sierra.

La realidad que se nos vende pregona una liga económicamente igualitaria, o ¿es sólo otra estrategia comercial? "Bueno totalmente igualitaria no va a ser nunca. Pero sí se toman medidas, eso no se puede negar. El impuesto de lujo podría no existir como pasa en la liga de béisbol, donde los 'Yankees' pagan cuatro o cinco veces más en salarios que los equipos que menos gastan", concreta Sierra. El ejemplo perfecto es Miami, dominador de la liga en los últimos años. Un conjunto que va a tener muy complicado retener a su 'Big Three' -Dwayne Wade, Chris Bosh y Lebron James- la temporada que viene. El precio se les dispara. Eso sí, siempre que exista la ley, existirá la trampa. "Si un equipo consigue un contrato gigantesco de televisión o tiene un millonario dispuesto a gastarse sin fin y pagar el impuesto de lujo pues ahí ya no pueden hacer nada, son aberraciones. Pero en general está funcionando", finaliza Jorge Sierra. Con sus luces y sus sombras hay que agradecer a David Stern el salto de calidad que ha sufrido la NBA. Un producto de máxima calidad que consigue mantenernos despiertos a altas horas de la madrugada.

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