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Lunes, 14 de Octubre de 2019

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Cuando el miedo paraliza tu vida

El pánico escénico es un estado de ansiedad más habitual de lo que se piensa entre quienes tienen que enfrentarse a un público. Está asociado a diversos síntomas que hacen que dejemos de creer en nosotros mismos y en nuestras propias capacidades.

Palpitaciones, temblores, manos frías, necesidad de ir al aseo, sentimiento de culpabilidad o de vergüenza, irritabilidad, miedo a fallar o a equivocarse, o pánico a la opinión del público, son algunos de los síntomas que pueden presentarse entre quienes trabajan de cara al público y empiezan a sufrir trac o miedo escénico. Los profesionales más afectados son los artistas o las personas relacionadas con los medios de comunicación y no hay un solo factor desencadenante. Este tipo de ansiedad puede aparecer en cualquier momento y por motivos muy diferentes, incluso en carreras de éxito y totalmente consolidadas.

La doctora Anna Cester, especialista del Centro de Prevención en Artes Escénicas de Barcelona (CPAE) ha asegurado, en declaraciones a Hora 14 Fin de Semana, que diariamente tratan a "muchos músicos o actores que vienen desesperados pensando que no se puede hacer nada, y no es así. Hay soluciones y muy buenas. En gran parte, este problema se encuentra en nuestra mente, y se pueden llevar a cabo trabajos corporales, de teatro y con técnicas cognitivo-conductuales. No hay una sola causa de pánico escénico. Hay muchas y se pueden abordar desde distintos campos".

El miedo escénico se puede prevenir y también se puede tratar, una vez que ha aparecido, para utilizarlo, incluso, en beneficio del afectado. El Centro de Prevención en Artes Escénicas de Barcelona trata a diario y de forma discreta a personas con trac que muestran sus síntomas, desde el cansancio al mareo, pasando por la disfonía. La directora del centro, Ana Velázquez, señala que el tratamiento se enfoca "de forma multidisplinar: por la parte psicológica, por la parte física y por la de puesta en escena, con profesionales de todos esos campos. Tenemos que ir a la causa que provoca el miedo y evaluarla bien. Dependiendo de la persona, las causas pueden ser cognitivas o racionales, de aquellos que, antes de salir a escena, se plantean si lo van a hacer bien, si van a ser capaces, se plantean las posibles críticas; también pueden ser físicas o emocionales, con sudor de manos, taquicardias, ganas de ir al lavabo; o personas que comentan que se quedan en blanco mientras están ensayando, por ejemplo. Atendiendo a los síntomas, se hace un tratamiento u otro. La eficacia del tratamiento recae en hacerlo de forma global".

El tratamiento ideal tendría que incidir en un buen trabajo postural, en una correcta alimentación, en el ejercicio físico, la terapia corporal, la inteligencia emocional y las técnicas de relajación adecuadas para cada persona. Para decidir cuáles son las mejores técnicas que hay que emplear, se hace un examen de evaluación que permita relacionar la ansiedad con el momento en el que se ha desencadenado el miedo, para saber si se trata de algo puntual o de un problema que se viene arrastrando desde la niñez.

Una exigencia que no ayuda

Àngela tiene 21 años. En la actualidad estudia canto en el Conservatorio del Liceo de Barcelona. También estudia musicología, pero ha tenido que dejar su preparación como violinista por los dolores de espalda que le provocaba la tensión muscular debido al miedo escénico. Una patología que arrastraba de una etapa anterior, en la que cursó estudios de teatro musical. Unos estudios que también abandonó debido a la actitud de algún profesor. "Había uno que me decía que lo que hacía era una mierda, así tal cual. Yo, a lo mejor me lo había estudiado o preparado mucho, y ellos me preguntaban que si había estudiado algo. Me sentía fatal, porque no paraba de estudiar pero parecía que nunca hacía nada bien".

Esta presión le generó un malestar que fue haciendo mella poco a poco. Según Àngela, los profesores pedían a los alumnos que hicieran críticas de las actuaciones de sus compañeros. "Era como estar examinándote constantemente. Se creó un ambiente de mal rollo entre los mismos compañeros y todo el mundo se criticaba por la espalda. Así que yo salía al escenario sin ganas. Lo único que quería era irme de allí, porque sentía que no hacía arte sino una competición. Y eso no me hacía feliz".

Tras someterse a un tratamiento específico, Àngela ha decidido renunciar al teatro musical y también al violín, que le exigía un gran sobreesfuerzo. Ahora se ha centrado exclusivamente en el canto que, además, es lo que más le gusta. "He cambiado muchísimas cosas de mi vida, de cómo me tomaba las cosas, no sólo en lo referente a la actuación sino también en mi relación con la gente. Mis padres notan que he hecho un cambio muy positivo y están muy contentos con la forma en la que me tomo las cosas y con mis resultados".

La importancia del entorno

Cuando aparecen los primeros síntomas del miedo escénico, muchas veces se les resta importancia. En esa fase, el trac todavía se puede prevenir para evitar que aumente la ansiedad y pueda llegar a incapacitar a la persona afectada para desarrollar su trabajo. Ana Velázquez asegura que "los artistas aceptan que un cierto grado de nerviosismo antes de salir a escena es positivo, porque ayuda a optimizar el talento, y es cierto. Pero esto no tiene que ser incapacitante. Cuando llega el momento en que esta sintomatología logra disminuir el rendimiento, es cuando se convierte en algo patológico".

Muchas veces, el origen de este miedo escénico habría que buscarlo en la infancia, sobre todo en niños que han demostrado cierto gusto o aptitudes para las manifestaciones artísticas. La presión o las críticas de los miembros de la familia son determinantes cuando el menor acude a una audición, o cuando tiene que actuar en público en una fiesta de fin de curso. "La manera en la que los padres reciben a los niños después de estas experiencias es muy importante para darles un esquema positivo", dice Ana Velázquez. "Hay que dejarles claro que lo más importante que ha hecho es ponerse ante el público mostrarle lo que es capaz de hacer. No importa si sale mejor o peor. Lo importante es que ha salido al escenario". Si las críticas del entorno se centran en lo negativo, se está reforzando la percepción negativa del menor en lugar de centrarse en el estímulo positivo.

El trauma añadido

Al tratarse de una patología que se produce sobre todo en personas con cierta relevancia pública (periodistas, actores, cantantes, músicos, etc.), la discreción con la que se debe tratar el miedo escénico no es sólo una exigencia del paciente, sino que forma parte del propio tratamiento. Detrás de esta ansiedad hay una inseguridad, y esto puede repercutir a nivel profesional porque los profesionales afectados temen que se considere un factor negativo a la hora de firmar un posible contrato.

Lo importante en estos casos es no considerar como un fallo o un error personal o profesional cualquier lesión o dolencia derivada del trabajo. Ana Velázquez recuerda que "cuando un músico está tocando o un cantante está utilizando sus cuerdas vocales, es normal que los músculos se acaben saturando. Por tanto, una lesión hay que verla como un sobreesfuerzo, y habría que trabajar a nivel preventivo o de optimización del rendimiento para que no vuelva a ocurrir. Cuando un futbolista se lesiona, a nadie se le ocurre pensar que ha fallado. Se considera una consecuencia del oficio y se le trata hasta que se ha recuperado".

miedo a las tablas

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La cantante Pastora Soler ha demostrado su valentía, reconociendo que se retira temporalmente de los escenarios debido al miedo escénico. Después de suspender varios conciertos de su gira 'Conóceme', la cantante de Coria del Río (Sevilla) ha asegurado que regresará cuando vuelva a recuperar la confianza en ella misma. Reconocer el pánico escénico es un primer paso para empezar a superar la patología, pero Pastora Soler no es la primera, ni será la última, en sufrir las consecuencias del trac, según recoge la página web de 'Los 40 Principales'.

Barbra Streisand estuvo 27 años sin pisar los escenarios después de olvidarse de la letra de una canción durante un concierto. Adele tuvo que recurrir a la hipnosis para actuar en la ceremonia de entrega de los Oscar. Axl Rose (Guns n'Roses) ha provocado varios retrasos en las actuaciones de su grupo debido al miedo escénico. Harry Styles (One Direction) ha llegado a vomitar antes de un concierto debido al pánico. Hugh Grant pensó, incluso, en retirarse y dejar su carrera por la parálisis que sufría a veces durante el rodaje. El futbolista Jesús Navas llegó a dejar el fútbol internacional por su timidez casi enfermiza. Robbie Williams interrumpió su gira en 2009 debido al miedo escénico, y no regresó a los escenarios hasta dos años y medio después.

Fuente: los40.com

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