Los niños de la EGB atacan de nuevo
Javier Ikaz y Jorge Díaz publican la segunda parte de su exitoso y nostálgico 'Yo fui a EGB'

Iván Díez, Carles Peña, Jorge Díaz, Javier Ikaz, Gemma Nierga y Sergi Más

Madrid
Los tiempos en los que las fotografías eran de papel y los ordenadores tenían valor en sí mismos, aunque no estuvieran ligados a Internet, no quedan tan, tan lejos. "Hoy, sin embargo, grabamos y compartimos nuestra vida desde que somos pequeños", cuentan Javier Ikaz y Jorge Díaz, autores de Yo fui a EGB. El cariño con el que el público acogió esa amalgama de textos, fotografías e ilustraciones les ha llevado a presentar, hoy, un segundo tomo para su obra; en esta ocasión, acompañada también de un disco.
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'Eran referentes importantes porque teníamos muy pocas cosas'
La EGB existió en España desde 1970 hasta 1990, aunque la llegada de la democracia la modificaría en dos ocasiones: para acomodar en ella las lenguas autonómicas y para establecer dos itinerarios diferentes en COU. Entre quienes estudiaron con ella se encuentran quienes vivieron la muerte de Franco y el final de la dictadura, la entrada en vigor de la actual Constitución, la victoria de Felipe González y la entrada de España en la Unión Europea. Eso sí, siempre con la peseta como moneda de cambio.


A juzgar por la agitación de las redes, no son pocos los nostálgicos que recuerdan los años en los que en la pequeña pantalla solo encontraban cadenas públicas —así como recuerdan la expectación creada en torno a los canales privados— o los dibujos animados en los que los deportistas de Campeones o La panda de Julia se enfrentaban a los equipos de la URSS. En este sentido, los escritores han querido despejar algunas de las dudas de toda una generación: era la gallina Turuleca, no Turuleta, así como el mono de Marco era Amedio, no Amelio.
Tampoco la música escapa de la memoria de quienes antecedieron a la ESO. Más allá de la llamada movida madrileña estuvieron Olé Olé o El Último de la Fila, así como Joaquín Hurtado tenía su propio lío: si Mecano diría acercarme al baño o hacer carne al paño en la letra de la célebre No hay marcha en Nueva York. Los niños que estudiaron durante los ochenta quizá también conocieron a Objetivo Birmania, que llegó a contar con Lola Baldrich entre sus miembros. Todo, mientras el auge de los grupos infantiles provocaba el dolor de cabeza de muchos padres.


"Hemos venido a romper lo de que las segundas partes no fueron buenas", anota Ikaz, que creció viendo la secuela de El padrino. Como los dibujos animados, los anuncios y las ficciones con las que las televisiones estrenaban la democracia, aquellas películas unieron a la gente. Quizá, como reflexionan los autores del libro, las generaciones posteriores también cuenten con sus referentes: "Aunque no será lo mismo. Si estos recuerdos tienen tanta importancia para nosotros es porque teníamos muy pocas cosas".




