Martes, 30 de Noviembre de 2021

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Bruce Broughton compuso para "El secreto de la pirámide" una de las mejores bandas sonoras de la década de los 80.

En 1985 Steven Spielberg produjo una de las mejores películas de misterio y aventura de la década de los 80. La dirigió Barry Levinson y la escribió Chris Columbus, guionista de “Los Goonies” y “Los Gremlins” y futuro director de las dos primeras entregas de Harry Potter. En ella se atrevían a enmendarle la plana al mismísimo Sir Arthur Conan Doyle.

“El secreto de la pirámide”, mucho más cercana al estilo de Indiana Jones o de los propios Goonies que al de las películas anteriores del detective de Baker Street, contaba, en efecto, un hipotético encuentro juvenil entre Watson y Holmes. Los dos personajes se conocían en un internado que hoy se nos revela como un antecedente bastante evidente del mundo de Harry Potter e investigaban la muerte de una serie de personajes que antes de perecer sufrían terribles alucinaciones. A lo largo del film se iban presentando también los rasgos típicos de Sherlock Holmes; cómo surgió su misoginia, su afición al violín o por qué lleva un abrigo a cuadros y fuma en pipa.

“El secreto de la pirámide” es también conocida por sus avances en materia de efectos visuales. Fue la primera película en la que apareció un personaje creado íntegramente por ordenador. Un caballero medieval saltaba literalmente de la vidriera de una iglesia en la que aparecía representado y atemorizaba a un pobre clérigo. El autor de esta animación fue un joven John Lasseter, futuro genio de los estudios Pixar.

Pero vamos con la música. En su momento resultó algo sorprendente que Spielberg encargara la banda sonora a Bruce Broughton, un compositor con no demasiada experiencia por entonces. Broughton habia empezado su carrera componiendo para series de televisión míticas como “Hawaii 5-0”, “La mujer policía” o “Dallas”. Pero aquel mismo año 1985 había cosechado grandes críticas con la banda sonora de la película “Silverado”, el primer proyecto importante de su carrera, y eso fue precisamente lo que animó a Spielberg a contratarle. Y Bruce Broughton no le defraudó. El músico escribió una banda sonora que conectaba directamente con el nuevo sinfonismo que capitaneaba John Williams.

Con la perspectiva que da el tiempo se puede decir que junto a las de John Williams y Jerry Goldsmith, las de Broughton son, probablemente, las mejores orquestaciones de la década de los 80. La banda sonora de “El secreto de la pirámide” era una partitura dinámica, desenfadada y con una gran variedad de temas. Hay piezas de acción, comedia y aventura y dado que los jóvenes Holmes y Watson se enfrentan a una secta ocultista, sus rituales permiten un par de temas corales muy en la línea del “Carmina Burana” de Carl Orff que están entre lo mejor de la partitura.

En cuanto se estrenó la película la banda sonora fue saludada por los aficionados como una obra maestra. Sin embargo era un disco que casi nadie podía tener. Tan solo se editaron unas 500 copias promocionales que durante años se venderían a precio prohibitivo en el mercado de segunda mano. No ha sido hasta fechas muy recientes cuando la banda sonora de El secreto de la pirámide se ha editado convenientemente en disco.

En cuanto a Bruce Broughton, con obras como ésta y “Silverado” parecía destinado a convertirse en uno de los grandes compositores del cine contemporáneo. Pero el músico no volvería a tocar los cielos. Ha mantenido una discreta carrera con numerosos títulos comerciales como “Los rescatadores en Cangurolandia”, “Cariño he agrandado al niño” o “Perdidos en el espacio” pero sobre todo ha seguido dedicándose a la televisión donde, ahí sí, ha logrado nueve premios Emmy por su trabajo para distintas series.

“El secreto de la pirámide” se recuerda hoy en día como una de las películas más entrañables de los años 80 y su banda sonora una de las mejores de aquella década. Bruce Broughton no solo logró con ella el cenit de su carrera sino que durante las sesiones de grabación con la Sinfónica de Londres se fijó en una de las violinistas que tocaba en la orquesta, se hicieron amigos y acabó convirtiéndola en su esposa.

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