Lunes, 17 de Enero de 2022

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"Me llamó el Papa y pensé que era un operador de Movistar"

Diego es transexual y fue recibido por el Papa la pasada semana tras enviarle una carta pidiendo ayuda

VAT20 CIUDAD DEL VATICANO (VATICANO) 28/01/2015.- El papa Francisco conversa con una mujer durante la audiencia general de los miércoles en el aula Pablo VI en el Vaticano, hoy, 28 de enero de 2015. EFE/Maurizio Brambatti

MAURIZIO BRAMBATTI (EFE)

No es el primero gesto del Papa hacía colectivos antes poco atendidos por la Iglesia. Pero no por eso deja de ser significativo. La semana pasada conocíamos que Francisco había recibido en el Vaticano, por primera vez, a un transexual. Y además se supo que era un español. Diego Neria nació en Plasencia, Cáceres, con cuerpo de niña. Pero a los pocos años se dio cuento que dicho cuerpo no correspondía con su género. Hace ocho que decidió operarse pero no por ello renunció a su fe, la católica. Y eso le llevó a tener dudas. O más bien le empujaron hacia las dudas los intransigentes que no concebían que un transexual pudiera sentarse con ellos en misa. Casi como desahogo decidió escribirle al Papa. Y sin esperarlo la misiva tuvo respuesta. Esta mañana en Hoy por hoy con Gemma Nierga Diego ha explicado como sucedió todo.

“Yo esto no lo sé gestionar, hoy pongo ya el punto final a todo esto” explica Diego nada más comenzar la entrevista. Desde hace una semana su nombre aparece en medios de todo el mundo y su teléfono no para de sonar. Siempre periodistas. No es para menos. Diego ha sido el primer transexual en ser recibido por el Papa Francisco, un gesto prácticamente impensable en anteriores pontífices. La historia de cómo Diego fue recibido por el Papa comienza hace ocho años, cuando este placentino decidió someterse a una operación de reasignación de género para que su forma exterior coincidiera con la interior. A la vuelta de la operación notó “que había gente a la que le molestaba mi presencia en la Iglesia”. Y ahí empezaron las dudas: “¿Por qué ahora sí? ¿Por qué antes no?” recuerda que se preguntaba. Las miradas desagradables se comenzaron a verbalizar. Incluso recibió ataques verbales de un sacerdote: "Me dijo que era una hija del diablo y que iba a morir en las llamas del infierno" asegura. Aquello le marcó y le alejó de la práctica del catolicismo, en cuya fe había sido educado desde niño y en la que sigue creyendo, aunque no pase de ser un simple “católico practicante” explica. Ese alejamiento y esas dudas le llevaron a escribir nada menos que al Papa para expresarle sus “inquietudes personales” y que se sentía “como una esquina” dentro de la Iglesia.

La llamada de "un teleoperador"

Y de repente, días después de enviar esa carta, suena el móvil. Con número oculto. “Estuve a punto de no cogerlo porque no suelo coger llamadas que no conozco” explica entre risas. Y de hecho ni si quiera le reconoció. “Tenía un acento que no era de aquí y pensé automáticamente que era publicidad de Movistar” añade sin inmutarse. No sería la primera vez. Pero esta vez no. Esta vez era el Papa Francisco. Él de los zapatos gastados, el que conduce un Renault 6 y vive al margen de los lujos con los que tanto se congratulaban otros pontífices. El que abre la puerta a los homosexuales y ahora también a los transexuales. “Cuando él me da una serie de datos que solo él y yo sabemos evidentemente sé que es el”. Ni si quiera su padre le creyó cuando le dijo que acababa de hablar con el máximo representante de la Iglesia. “Me dijo que tenía mi carta y que nos veríamos” explica Diego que asegura no recordar mucho de la llamada por la emoción. Pero la cita con el Papa no se acabó de concretar. Diego tuvo que esperar a una segunda llamada que le coge en Sevilla en plena Navidad. Otra vez un número oculto, pero esta vez sabía que era él, el Papa y no algún comercial de telefonía. Y ahí sí, “ahí ya quedamos” cuenta Diego como el que se cita con alguien para tomar el aperitivo antes de comer.

Un encuentro que queda entre tres personas

Y llegó el día del encuentro, pero lo que ahí pasó se queda “entre tres personas”. Diego, su pareja y el Papa. “No he hablado en ningún sitio ni con nadie lo que ahí pasó” afirma rotundo. No hubo abrazo como han asegurado algunos medios. Lo que sí se atreve a explicar son las sensaciones que produce tener a alguien como el Papa Francisco delante, a escasos centímetros. “Lo que te produce el Papa cuando le ves en la tele es que te lo comes a besos, porque es un tío súper cercano. Pues multiplica por muchísimas veces eso cuando estás en la distancia corta” rememora Diego casi como si aún le tuviera delante. “Te transmite paz, te transmite cariño y te transmite que está pisando el suelo que tú estás pisando, no está por encima ni un solo centímetro. Yo salí de allí flotando” asegura.

Objetivo normalización

Si este gesto del Papa queda solo en eso, en un gesto, se comprobará con el tiempo, pero desde luego Diego consiguió lo que buscaba cuando escribió esa carta. “Sentí que tengo el apoyo y sobre todo el cariño del Papa Francisco” afirma rotundo, al margen de si puedo resolverle o no sus dudas. La vida no es fácil. Para nadie. Mucho menos lo ha sido para Diego que da una vuelta de tuerca más al espinoso asunto asegurando que lo mejor que puede desear a esa gente que le insulta, que le dice “antinatura”, es que “nunca tenga un hijo como yo en casa”. Agresiones verbales de gente incluso de su familia, barbaridades que ha tenido que soportar durante años son el bagaje que lleva Diego. Solo por darte cuenta de “que algo va mal desde muy chiquitito”. De momento, quizás no para toda la Iglesia, pero si para el Papa y para Diego, las cosas van bien. O mejor dicho, van normal.

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