Sábado, 27 de Febrero de 2021

Otras localidades

La llamada de la historia

María Domínguez Remón

El presupuesto de la localidad en la que fui alcaldesa en el año que pude gobernar ascendía a ciento cincuenta y seis mil seiscientas trece pesetas. Se lo cuento para que se sitúen. También puedo contarles un día en mi vida de entonces, para que se ubiquen también: mientras intentaba hacer un puchero, concedía una entrevista sobre mi actuación como alcaldesa, pero además recibía en casa a una vecina que me alertaba sobre el mal estado de una tapia.

De niña, cuando cansada de trabajar en el campo me retiraba un poco a leer, mi madre me regañaba diciéndome que hacía cosas poco propias para una señorita. Poco tiempo después, amañó un matrimonio para mí. Un horror. Siete años de horror en todos los sentidos que prefiero no recordar, si no les incomoda que me salte un capítulo.

Al año siete, decidí que correr por el monte camino de Barcelona no era peor que aguantar ese infierno. Y allá fui, con un poco de dinero prestado por una buena amiga. Cataluña sirvió sobre todo para unirme a las personas adecuadas, rodearme de intelectuales y posicionarme a favor de la República.

Estuve en búsqueda y detención. Por eso de irme de casa, de casa de casada, claro. No me cogieron. Me compré una máquina de hacer medias, y así reunía dinero para poder mantenerme sola, viviendo sola, comiendo sola, sufriendo sola por un pueblo entero que hablaba mal de mí.

María Domínguez Remón

A través de la difusión de la cultura a cualquier nivel es posible la transformación de la sociedad.

Empecé a leer y a escribir como método de desahogo. Entonces...ninguna mujer se separaba, ninguna se fugaba de casa y ninguna se ponía a ganarse el dinero sola.

A los 44 años fui libre, con la muerte de mi marido. Entonces las cosas eran así. La separación no existía en realidad, aunque yo llevase mucho tiempo separada. Me casé entonces por segunda vez con un hombre maravilloso. Un hombre con el que compartí vida, pensamientos, reflexiones, actos y final...

El final llegó, al alba, después de un breve recorrido en camión, junto a otros tres vecinos. No hubo resistencia, no hubo oposición. Hubo dolor. Hubo tiros. Hubo el sinsentido de la guerra.

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