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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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Cuando Moyà se convirtió en pionero

El balear llegó sorprendentemente a la final en Melbourne y eliminó los complejos de un tenis español acostumbrado a palidecer fuera de la tierra batida

Pete Sampras y Carlos Moyà en la entrega de trofeos del Abierto de Australia 1997. /

En enero de 1997 al tenis español se le acabaron los complejos. La disputa del Abierto de Australia, el primer Grand Slam de la temporada, abría, como cada año, el curso tenístico. El estadounidense Pete Sampras lideraba el ránking mundial por delante de su compatriota Michael Chang y el ruso Yevgeny Kafelnikov. Mientras tanto, el tenis español tenía en Albert Costa -13º clasificado en la ATP en esos momentos- a su mejor jugador pero pronto iba a irrumpir un joven mallorquín llamado Carlos Moyà que iba a dejar boquiabierto a todo Melbourne.

Moyà llegaba al primer major del año como top-20 y tras ser finalista en el torneo de Sídney. Sin ser cabeza de serie, el sorteo no pudo ser peor: Boris Becker, sexta raqueta mundial y vigente campeón en esos momentos en el Rebound Ace australiano. Una batalla que resultó ser un punto de inflexión en la carrera del por entonces pupilo de José Perlas. El balear llegó a estar dos sets a uno abajo pero finalmente eliminó a la leyenda germana en cinco ajustados parciales: 5-7, 7-6(2), 2-6, 6-1 y 6-4.

Superada esa primera ronda, Moyà se convirtió en un ídolo de masas en Australia. Las pistas de Melbourne Park se abarrotaban para verle sólo entrenar. El colectivo gay le tomó a partir de ese momento como un icono, y el público australiano le llevó en volandas en los siguientes encuentros que disputó en el torneo. La siguiente víctima del español fue un veterano Patrick McEnroe, que cedió en cuatro sets en la segunda ronda. Al 'hermanísimo' le siguió el germano Bernd Karbacher, que sólo pudo lograr seis juegos, y en octavos de final Jonas Bjorkman, un sueco especialista en saque-red que acabó hincando la rodilla en cinco parciales.

Moyà estaba en cuartos de final y era favorito ante Félix Mantilla, aunque en ese momento se encontraba seis posiciones por delante del mallorquín. Tras cuatro sets de batalla, Carlos salía triunfador y cruzaba en semifinales con Michael Chang, número 2 del mundo en aquel enero de 1997. El estadounidense de ascendencia asiática era una centella en la pista, un jugador que cubría cada centímetro del verde australiano, pero un joven de 20 años lo aniquiló en tres sets (7-5, 6-2 y 6-4) para jugar su primera final de Grand Slam.

En la gran final esperaba el gran jugador del momento: Pete Sampras. El estadounidense, perenne número 1 del mundo, buscaba su noveno major y su segundo título en Melbourne. Si la final le iba a quedar a alguien grande era a Moyà, que naufragó ante un oponente agresivo en todo momento y demasiado acertado. En apenas tres sets acababa la gran aventura de Moyá, que se despidió de Melbourne con el ya popular 'Hasta luego, Lucas' que dio la vuelta al mundo. El español llegó a Australia como un niño y se marchó como un hombre, convertido en una estrella mundial y siendo pionero de una generación de tenistas que nunca más temieron las pistas rápidas. Un año después alzó el título Roland Garros y en marzo de 1999 se convirtió en el primer español en liderar el ránking ATP, pero realmente todo empezó en esas dos mágicas semanas en las Antípodas.

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