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Domingo, 20 de Octubre de 2019

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Roland Garros 1997: Cuando Kuerten conquistó el corazón de París

El brasileño, desde la posición número 66 del ránking ATP, se alzó con la Copa de los Mosqueteros tras derrochar carisma en la Philippe Chatrier

Gustavo Kuerten besa la Copa de los Mosqueteros tras triunfar en la edición 1997 de Roland Garros. /

El 18 de mayo de 1997, un joven brasileño nacido en Florianópolis alza el trofeo en el Challenger de Curitiba. Se llama Gustavo Kuerten y es el 69 del ránking cuando consigue ese triunfo. Tras una gira europea de tierra batida bastante discreta -dos triunfos en siete partidos-, 'Guga', como le llaman sus amigos, consigue la victoria en un torneo menor que le insufla la confianza necesaria para jugar el Roland Garros. Sólo lo ha jugado una vez pero ya es su torneo preferido.

Kuerten llega a París como el 66º clasificado de las listas mundiales. El año anterior superó la fase previa pero poco pudo hacer ante Wayne Ferreira, un tenista experimentado en grandes citas. A pesar de que su primer viaje a la capital francesa fue corto, Guga sabe que ese año será diferente. Las sensaciones son muy buenas desde el principio y el checo Slava Dodesel tan sólo puede hacerle seis juegos en la primera ronda. Jonas Bjorkman, número 23 del mundo, un rival de más enjundia que el de su debut, tampoco es rival, y cede en cuatro sets. El juego de saque-volea del sueco se evapora ante la viveza de la bola de Kuerten. Ese revés a una mano empieza a carburar.

En tercera ronda llega la primera prueba de fuego: Thomas Muster, quinto cabeza de serie y campeón de Roland Garros en 1995. Ritmo infernal durante cinco parciales y triunfo sobre el austriaco. El fantástico duelo de reveses a una mano se lo lleva Kuerten, que también sobrevive al ucraniano Andrei Medvedev, al que derrota en otro duro test a cinco parciales. Guga está en cuartos de final y todo el mundo habla de él en un torneo en el que jugadores como Galo Blanco, Hicham Arazi o Patrick Rafter sobresalen por primera vez en sus carreras.

En los cuartos de final salen victoriosos el saque-red de Rafter, la experiencia de Bruguera, lanzado a su tercer título tras levantar la copa en las ediciones de 1993 y 1995, la sonrisa de 'Guga', que ya ha enamorado a París definitivamente tras derrotar a Kafelnikov, campeón vigente en esos momentos, en otra batalla épica a cinco parciales, y un desconocido belga llamado Filip Dewulf. El tenista flamenco, nacido en Mol, un municipio de Amberes, no había logrado hasta ese torneo pasar de la segunda ronda en ningún grande pero en la ciudad de la luz estaba a un partido de jugar la final de un Grand Slam. En el mejor momento de su carrera había apartado del camino a tenistas del caché de Àlex Corretja o Magnus Norman.

Kuerten ataviado con su característico polo amarillo. / GETTY IMAGES

La semifinal entre Bruguera y Rafter fue una oda al buen tenis. Un especialista clásico ante un tenista agresivo, que dispara antes de preguntar. El gran campeón en esos momentos -curiosamente el australiano igualó luego su registro de torneos de Grand Slam ganados y alcanzó en 1999 el número uno del ránking ATP- se llevó el gato al agua y disputaría la final ante Kuerten o Dewulf. El brasileño era superior, empezó fuerte y aunque perdió el segundo set, en ningún momento pareció peligrar el partido. Guga estaba en la final y no tenía nada que perder.

La gran final es el cambio de guardia en las canchas lentas, el inicio de la última época dorada de los especialistas. Bruguera sólo pudo ver cómo era superado por un torrente de tenis. Un Kuerten atinadísimo con el servicio, abriendo pista con su golpe de derecha y haciendo la diferencia con uno de los mejores reveses a una mano que se han visto en una pista de tierra batida. El brasileño alzó la copa de los mosqueteros en Roland Garros cediendo tan sólo nueve juegos en la final, el primero de los tres títulos que consiguió en París. En 2001, tras vencer a Corretja en la Philippe Chatrier, dibujó un corazón con su raqueta en la arcilla parisina. Fue el último regalo a una ciudad que le regaló los mejores momentos de su carrera.

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