Martes, 13 de Abril de 2021

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Erradicar la pobreza: misión posible

La erradicación de la pobreza no es un objetivo inalcanzable, pero hemos asumido que no lo veremos en esta vida. Para colmo, la crisis se llevó por delante muchos programas humanitarios. España está en el vagón de cola de los países europeos solidarios.

Erradicar la pobreza: misión posible

Más que pobreza, es riqueza mal repartida. En países de bajos ingresos, el umbral de pobreza extrema (definido por el Banco Mundial) está fijado en 1,25 dólares diarios por persona. Con esta cantidad, o incluso menos, sobreviven 1.300 millones de habitantes. En países africanos como Zambia o Chad supone más del 80% de la población.

Se habla de pobreza absoluta cuando uno no alcanza niveles mínimos de vida, de alimentación, salud o vivienda. En cambio, abunda cada vez más la pobreza relativa, localizada en las sociedades desarrolladas, cuando no es suficiente el nivel de ingresos para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad: 2.500 millones de personas viven sin sistema de alcantarillado, 1.600 millones viven sin electricidad y 900 millones de habitantes no tienen acceso al agua potable (Fuente: Amnistía Internacional). Según datos de la FAO, hay más de 1.000 millones de desnutridos crónicos en el mundo.

Tanta desigualdad genera xenofobia, violencia y represión. Ante la pobreza, las familias deben buscar alternativas extremas de supervivencia que pueden acabar en la delincuencia, incluso de niños y adolescentes. La Organización Internacional del Trabajo revela que 220 millones de menores trabajan en condiciones de esclavitud. Y un apunte de la pobreza intelectual que genera este panorama: 74 millones de adultos en el mundo son analfabetos.

Parece que la pobreza es un problema universal pero no tiene por qué ser infinito. Disminuir los niveles de pobreza en el mundo, incluso erradicarla, es materialmente posible con los recursos del planeta, aún siendo como somos 7.500 millones de habitantes. Más que dinero, hace falta una mayor voluntad política de los países del mundo, una mayor corresponsabilidad para desarrollar una justicia distributiva. Hoy por hoy, una empresa inabarcable pero no imposible.

Así lo cree Mercedes Ruíz-Giménez, presidenta de la Coordinadora ONG para el Desarrollo: “Naciones Unidas debería tener instrumentos, no sólo para proponer agendas con recomendaciones, sino para que se puedan llevar a cabo, planes de acción para ponerlas en práctica”. De hecho, “poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo” es el primero de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobado el pasado mes en la ONU.

Para colmo, la sombra de la crisis es alargada y castiga a los más débiles. Según datos del Comité de Ayuda al Desarrollo, la inversión en cooperación de España ha caído más de un 20% desde 2013. Ha sido menos en países que han sufrido rescates, como Irlanda (4,5%) o Portugal (14,9%). La tendencia en Europa es la contraria: la inversión aumentó en 2014 un 1,6%. Incluso Grecia, donde creció un 6’3% su inversión en cooperación.

Ruíz-Giménez critica que “el actual Gobierno pensara que valía más salvar bancos que invertir en políticas de desarrollo global; la reducción ha sido tan drástica que estamos a la cola de los países que contribuyen”.

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