Miércoles, 30 de Septiembre de 2020

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Las sustancias contaminantes del aire entran en el cuerpo a través de la piel

Un estudio realizado por científicos de EEUU, Alemania y Dinamarca ha confirmado que algunas sustancias tóxicas no sólo entran en el cuerpo al ser respiradas, sino que también traspasan la piel en cantidades similares a las que llegan a través de los pulmones.

Uno de los grupos participantes en el estudio, con las capuchas, exponen la piel a los productos contaminantes, durante el desarrollo de la investigación

Uno de los grupos participantes en el estudio, con las capuchas, exponen la piel a los productos contaminantes, durante el desarrollo de la investigación / Environmental Health Perspectives

Las vías respiratorias siempre se han considerado los medios más directos para que la contaminación del aire llegue al organismo. Y, en efecto, es así. Sin embargo, un análisis realizado por investigadores alemanes, daneses y estadounidenses, demuestra la importancia determinante que tiene la piel en la absorción de productos químicos existentes en el aire que nos rodea. El estudio, publicado en la revista Environmental Health Perspectives, equipara la cantidad de contaminantes que llegan a la sangre por los pulmones y por la piel. En algunos casos, incluso, ha llegado a ser más alta a través de la piel que por las vías respiratorias.

La investigación, encabezada por Charles Weschler, profesor en la Universidad de Rutgers (EEUU) y en la Universidad Técnica de Dinamarca, se ha centrado en dos productos concretos, dos ftalatos que están presentes en perfumes y champús, así como en envases de alimentos, en adhesivos y en recubrimientos. Además, se utilizan como disolventes para productos orgánicos, como antiespumante y como aditivo en productos cosméticos, incluyendo el esmalte de uñas. Habría que resaltar que estos no son los únicos contaminantes orgánicos presentes en el aire que pueden ser susceptibles de ser absorbidos por la piel. Existen más de 30 compuestos semivolátiles con una capacidad parecida para entrar en el cuerpo atravesando la epidermis.

No obstante, el estudio se ha centrado exclusivamente en estos dos ftalatos porque su presencia se ha constatado en muestras de aire y polvo en habitaciones interiores de todo el mundo. Además, sus restos suelen ser los elementos químicos que aparecen, de forma más abundante, en los análisis de orina humana. Habitualmente, ambos se han asociado a determinados problemas de salud, entre ellos algunos relacionados con el desarrollo neurológico de los niños, modificaciones en el desarrollo genital, problemas respiratorios y alergias, obesidad o diabetes.

Así fue la prueba

En el experimento, realizado en una cámara aislada de la Universidad Técnica de Dinamarca, participaron 6 hombres de entre 27 y 66 años, a los que solo se les permitió beber agua del grifo e infusiones, y comer pan sueco y fruta de piel gruesa (como plátanos o naranjas), desde varias horas antes hasta dos días después de someterse a la prueba. Tampoco pudieron utilizar productos de cuidado personal, para evitar que los químicos de estos productos interfiriesen en la investigación. Divididos en dos grupos y vestidos solo con pantalón corto, los participantes fueron expuestos al aire de esa sala durante 6 horas, con una alta concentración de ftalatos, en días y semanas alternos. Uno de los días se les colocó una especie de capucha aislada, con lo que no respiraban el aire de la sala, sino un aire filtrado y sin contaminar. Esos días, únicamente la piel del cuerpo quedaba en contacto con los ftalatos del aire.

La comparación de los análisis de orina que se les practicaron antes de entrar en la sala, durante su permanencia en ella y después de terminar el experimento, demuestra que los días que llevaron puesta la campana de aislamiento en la cabeza, y por lo tanto no respiraron el aire contaminado, la cantidad de ftalatos encontrada en las muestras era la mitad que los días en los que estos tóxicos se introducían también por vía respiratoria. Es decir: la entrada de estas sustancias en el organismo fue similar al inhalarse que al ser absorbidas solo por la piel.

La cuestión de la edad y la ropa

La prueba arrojó un dato inesperado y sorprendente: los participantes de mayor edad presentaban más restos de ftalatos en la orina que los más jóvenes, y ello a pesar de que el número de capas de células epidérmicas de la piel es similar en todos los seres humanos, sea cual sea su edad. Eso sí, hay estudios que señalan que la función de barrera de la piel se ve influida tanto por su espesor como por su contenido en lípidos. Y ahí sí que hay diferencia entre una piel joven y una más envejecida: la epidermis de los mayores es más compacta (y por tanto más delgada) y tiene menos lípidos que la de los jóvenes.

El estudio destaca expresamente el hecho de que los participantes se encontraran semidesnudos y con casi toda la piel del cuerpo expuesta a las sustancias. Esto generó algunas preguntas sobre cómo actúa la ropa durante la absorción de los químicos a través de la piel. ¿Es la ropa una barrera frente a la entrada de contaminantes en el cuerpo? La respuesta la dio el propio Weschler en una investigación previa en la que participaron personas vestidas con ropa limpia. En esos casos, la ropa limpia hacía, efectivamente, de barrera, y los análisis de orina mostraron una baja concentración de fatalatos tras salir de la sala. No obstante, cuando se trataba de ropa sucia, que los participantes se ponían después de haberla dejado en la sala durante horas, en contacto con las sustancias tóxicas del aire, la concentración de químicos en la orina era, incluso mayor, que el que tenían los participantes desnudos. Conclusión: la ropa sucia, expuesta a los contaminantes del aire, ejerce como un amplificador de su absorción a través de la piel.

¿qUÉ ES LA ABSORCIÓN DÉRMICA?

La absorción dérmica es el fenómeno que se produce cuando sustancias químicas consiguen atravesar la piel y llegar al torrente sanguíneo.

La piel está compuesta por diferentes capas que, en general, tienen un componente graso. El doctor Urbà González, miembro de la Academia Española de Dermatología, señala que "cualquier sustancia que intente penetrar en la piel debe reunir una serie de características. En general, el proceso se inicia cuando, las sustancias penetran en el organismo a través de la capa córnea, que es la capa más externa, una capa dura de células con una serie de características que hacen que sea como una especie de barrera. Una vez traspasada esa capa, las sustancias químicas llegan hasta las capas más profundas de la piel, donde entran en contacto con los vasos sanguíneos llegando, así, al resto del cuerpo".

Urbà González asegura que la piel, a veces, actúa como un filtro, haciendo las veces de barrera infranqueable para todas aquellas sustancias que no cumplan las condiciones necesarias para ser absorbidas. Sin embargo, en otras ocasiones, se comporta como una esponja. Cuando las partículas contaminantes reúnen las características adecuadas para penetrar en la grasa de la piel y unirse a ella, su tránsito hacia el interior del cuerpo tiene vía libre. "Hay muchos estudios sobre la permeabilidad de la piel, sobre todo de toxicología, para saber si sustancias con capacidad tóxica para el organismo son capaces de atravesar la piel", dice González. "Sus características van desde sustancias semisólidas, como las cremas o productos líquidos, hasta sustancias volátiles o gaseosas. De hecho, hay estudios que parecen demostrar que también hay sustancias que se encuentran en el aire que son capaces de atravesar la piel y penetrar en el organismo".

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