Sábado, 24 de Julio de 2021

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¿Hay riesgo de tsunami en España?

La probabilidad es mayor en el Mediterráneo que en el Atlántico, aunque no sería muy grande. Un terremoto de 6,5 grados en el Mar de Alborán generaría una alerta de tsunami en nuestro país. El que ha afectado a Melilla esta semana fue de 6,3.

¿Hay riesgo de tsunami en España?

Getty Images

El terremoto del pasado 25 de enero en el Mar de Alborán tuvo una magnitud de 6,3. Apenas dos décimas más hubieran bastado para generar una alerta de tsunami en el Mediterráneo. Ese mínimo de 6,5 es una de las referencias que establece la Red Sísmica Nacional como base para tomarse en serio el peligro. Otra es la profundidad del epicentro. Cuanto más superficial sea el terremoto, mayor es el riesgo de tsunami. El de esta semana al sur de Alborán se situó a 10 kilómetros de la superficie. El tercer factor de riesgo es que una de las dos placas de la falla se desplace verticalmente. Ninguna de estas tres características se produjo en el temblor del pasado 25 de enero que dejó una veintena de heridos leves en Melilla, numerosos daños materiales y un niño fallecido en Marruecos por un infarto.

No obstante, el riesgo de tsunami sí afecta a España. Según el director de la  Red Sísmica Nacional, Emilio Carreño, "tenemos riesgo en el Atlántico, de que se repita el terremoto de Lisboa de 1755 provocando un tsunami muy grande, aunque es poco probable. En cambio, en el Mediterráneo, tenemos un riesgo mayor, aunque sería un tsunami más pequeño porque los terremotos en el Mediterráneo están ocasionados por fallas de menor longitud. Por eso, para que demos una alerta de tsunami desde el Sistema Nacional de Alertas, en el Atlántico es necesario que tengamos un terremoto de magnitud 7,5 o 7,6, mientras que en el Mediterráneo bastaría un terremoto de 6,5".

El último tsunami que afectó a España se produjo el 21 de mayo de 2003. Un terremoto de magnitud 7, con epicentro en el mar, cerca de la costa de Argelia, provocó una cadena de olas que llegó a las Islas Baleares en apenas 35 o 40 minutos. El puerto más afectado fue el de Mahón, en Menorca, donde más de 70 barcos se hundieron y cerca de un centenar sufrieron daños importantes. Un tsunami en el Atlántico tardaría un poco más en llegar a las costas españolas. En concreto, el desencadenado por el terremoto de Lisboa de 1755, que llegó a sentirse hasta en Alemania, alcanzó las playas de Huelva y de Cádiz aproximadamente en una hora y provocó la mayor catástrofe natural sufrida por España en su historia.

Emilio Carreño, director de la Red Sísmica Nacional, dice que España está preparada para detectar un tsunami, pero recuerda que la escasez de fenómenos de este tipo en nuestro país hace que la población no realice simulacros para estar preparada ante una situación de estas características. "Es muy fácil en Japón, donde con mayor frecuencia tienen terremotos importantes y tsunamis. En nuestro caso, deberíamos practicar mucho y recordarlo muchas veces para saber cómo actuar. Sería interesante que, en las escuelas, los profesores hicieran de vez en cuando un simulacro de terremoto o de tsunami", señala Carreño.

La zona caliente

El punto en el que se produjo el terremoto del pasado 25 de enero se encuentra en una de las zonas en las que se han producido temblores, a lo largo de la historia, con mayor asiduidad. Se trata de una franja que iría desde El Ejido, en Almería, prácticamente hasta Alhucemas, en Marruecos, cruzando el Mediterráneo. Es, además, un punto de cruce de varias fallas que se encuentran cartografiadas, aunque todavía sea difícil determinar cuál de ellas es la que está provocando los terremotos. Emilio Carreño asegura que, aunque fallas hay por todas partes, las más activas se encuentran en la zona de Levante, desde Torrevieja hasta Cádiz muy cerca unas de otras. También hay en Galicia, aunque son mucho más pequeñas.

En los Pirineos los movimientos son distintos. El equilibrio de las placas se estableció en épocas prehistóricas, por lo que la sismicidad es más baja. "Las grandes montañas son como un iceberg", apunta el director de la Red Sísmica Nacional. "La raíz de la montaña es mucho mayor que la parte visible sobre la superficie, y hay un asentamiento que prácticamente ya se ha producido, razón por la que hay, afortunadamente, menos terremotos. No ocurre lo mismo, por ejemplo, en los Alpes, donde las montañas todavía se siguen asentando, y hay más seísmos".

En cuanto a Canarias, el archipiélago sufre muchos temblores, pero de magnitud muy pequeña. Canarias no ha vivido un terremoto catastrófico a lo largo de su historia conocida. Hay seísmos que están asociados a la actividad volcánica, tal y como se vio en la isla de El Hierro en 2011, y otros que son puramente tectónicos, provocados por fallas, que se producen principalmente entre Tenerife y Gran Canaria. Según Emilio Carreño, "para que hubiera un tsunami en Canarias, tendría que registrarse una erupción volcánica muy importante, o un desprendimiento grande en el interior de una isla, y que llegara al mar. Pero, desde luego, no existe ahora mismo ningún indicio de nada parecido".

predecir los terremotos

¿Qué es mejor: que haya poca o mucha actividad sísmica? La pregunta simplifica demasiado una cuestión que, en realidad, ayuda a realizar predicciones sobre dónde o cuándo podría registrarse un terremoto de gran magnitud. En España, esa predicción se complica, porque se producen pocos temblores en comparación con otros lugares del mundo. El motivo es que la acumulación de esfuerzos (el choque entre la placa tectónica de África con la de Eurasia) es muy lenta, de entre 1 y 4 milímetros por año. Esto dificulta que se sepa dónde se está acumulando la tensión y, por tanto, una predicción sobre dónde se puede producir un terremoto de fuerza considerable. En cambio, la ventaja que tiene España es que las fallas tienen longitudes pequeñas, lo que hace pensar en terremotos que no superarán los 6,5 grados en el peor de los casos.

En lugares como Japón o Chile, donde la actividad sísmica es muy grande, una placa se hunde por debajo de la otra a una velocidad de 60 o 70 milímetros por año, por lo que predecir un seísmo es mucho más fácil. Con la precisión actual del GPS, medir la velocidad a la que se desplazan las placas es algo instantáneo. A veces se detecta en una zona concreta que el movimiento de las placas se ha detenido, disminuyendo la velocidad de desplazamiento. Se sabe, pues, que se está acumulando energía en ese sitio concreto. Se puede predecir que, en ese punto, la acumulación de energía acabará rompiendo en algún momento y provocando un terremoto. La magnitud aproximada también puede predecirse, dependiendo de la longitud de la falla en la que concentra esa acumulación de fuerza.

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