Viernes, 23 de Abril de 2021

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Regreso a la devastación de Fukushima

Cinco años después de la catástrofe nuclear, un equipo de Greenpeace ha visitado algunas de las zonas más afectadas por la contaminación radiactiva. La organización denuncia las prisas del Gobierno japonés por extender una idea de normalidad que no es real.

Sacos de tierra contaminada se amontonan por todas partes durante los trabajos de limpieza ordenados por el Gobierno

Sacos de tierra contaminada se amontonan por todas partes durante los trabajos de limpieza ordenados por el Gobierno / Greenpeace

El 11 de marzo de 2011, un terremoto y un tsunami posterior en la costa noreste de Japón, provocaron una serie de incidentes en la central nuclear de Fukushima. El escape de material radiactivo llevó a las autoridades a evacuar a más de 170.000 personas. Muchas de ellas todavía siguen sin poder regresar a sus casas. La contaminación afectó a pueblos enteros, a bosques y a tierras de cultivo y las partículas o los restos del accidente cruzaron océanos y territorios y llegaron, aunque en dosis no peligrosas para la salud, a países muy alejados de Japón.

Cuando están a punto de cumplirse 5 años de la catástrofe, varios miembros de Greenpeace han vuelto a la zona afectada para comprobar in situ la situación de las tierras y pueblos afectados, y para elaborar un informe sobre la situación actual de la contaminación. En Matinal SER hemos preguntado a Raquel Montón, responsable de la campaña de Energía Nuclear de Greenpeace y una de las personas que se ha desplazado a Japón, por todo lo que ha visto a lo largo de su recorrido.

Raquel Montón dice que lo primero que se ha encontrado al pisar las zonas todavía evacuadas ha sido un alto nivel de radiación, “muy por encima de los objetivos que se ha programado el Gobierno y de lo deseable para poder vivir con tranquilidad en un lugar”.

Raquel Montón realiza mediciones de radiactividad en una de las zonas evacuadas tras el accidente de Fukushima / Greenpeace

Campos de arroz abandonados, casas sin gente y muchos trabajadores moviendo la tierra y metiéndola en grandes bolsas negras. Utilizando un símil fácil de entender, sería como si una invisible capa de pintura lo cubriera todo: el suelo, las plantas, las piedras, las paredes… Todo. Una capa que no se puede tocar y que mata poco a poco. “En los pueblos que visitamos”, señala Montón, “ahora no vive nadie. El programa del Gobierno pretende descontaminar las carreteras y los alrededores de las casitas. Esa tierra se acumula en cientos de miles de bolsas que plástico que no tiene fin. Lo único que van a conseguir es trasladar la radiactividad de los suelos a las bolsas. Pero tampoco se la pueden llevar toda. Es una limpieza que no tiene fin”.

Entre los pueblos que visitaron se encuentra Iitate, que ahora es como una especie de pueblo fantasma, donde sólo hay trabajadores que meten tierra en bolsas y que no consiguen deshacerse de la contaminación radiactiva que está por todas partes. La responsable de la campaña de Energía Nuclear de Greenpeace denuncia que el Gobierno de Japón pretende que los habitantes de esas zonas evacuadas vuelvan a sus casas casi por obligación. “Ahora mismo son más de 60.000 personas las que permanecen desplazadas. Viven en unos barracones o casas habilitadas, casi pequeñas celdas. El objetivo del Gobierno es limpiar esas zonas y, cuando queden limpias, retirar las ayudas que los afectados están recibiendo para sobrevivir. No tendrán más remedio que volver a sus casas todos aquellos que no tengan recursos económicos, que son la mayoría”.

Anzai, un vecino del pueblo de Iitate, junto a su casa, que tuvo que abandonar después del accidente / Greenpeace

Tendrán que volver a una zona que, en teoría estará limpia, aunque la realidad no sea exactamente así. Asegura Raquel Montón que se van a encontrar ante esa espada de Damocles: “verse obligados a regresar a su lugar amado, pero en el que es peligroso vivir. Todo, con la intención de demostrar que no pasa nada, que es un accidente nuclear y que pueden reabrir sus reactores nucleares, para lo que hay mucha oposición en Japón. Ése es el drama terrible que, encima, subyace a todas esas personas que se han quedado sin nada”.

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