Miércoles, 19 de Enero de 2022

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La estrella que nunca fue feliz

El 7 de julio se cumplirán 49 años de la muerte de Vivien Leigh. En vida lo tuvo todo: fama, éxito, dos Oscar pero, sin embargo, pocas veces fue plenamente feliz.

La estrella que nunca fue feliz

V.L.

Aquellos que conocieron a Vivien Leigh decían que se parecía más a su personaje de Blanche en “Un tranvía llamado deseo” que a la Escarlata O’Hara de “Lo que el viento se llevó”. A los 25 años su vida personal y profesional tocó la cumbre. Con la oposición de todo Hollywood, esta inglesa de piel clara y ojos verdes fue elegida para interpretar a la heroína americana por excelencia en “Lo que el viento se llevó”.

Por entonces estaba viviendo un romance con la gran estrella británica del momento: Laurence Olivier. Vivien Leigh le había conocido unos años antes, cuando ella todavía era una principiante y Olivier estaba casado con la actriz Jill Esmond.

Tras coincidir juntos en una película, “Fire over England”, la pareja comenzó una relación que fue un gran escándalo en su país ya que ambos estaban casados. Finalmente se divorciaron de sus respectivas parejas y se casaron en 1940.

A los 32 años conoció la enfermedad por primera vez. Era tuberculosis, un mal que ya nunca le abandonó y que sirvió además para minar su equilibrio mental.  En 1944 durante el rodaje de “Cesar y Cleopatra” comunicó a la prensa que esperaba un bebé. Los médicos le diagnosticaron poco después una psicosis maníaco-depresiva, una enfermedad que alterna periodos de una energía y una excitación extraordinarios con otros de depresión y aislamiento.

Inevitablemente todo aquello influía en la relación con su marido. Los problemas psiquiátricos de la actriz convertían la convivencia en un infierno, con constantes peleas y arrebatos de furia.

La pareja se divorció en 1960, aunque siguieron viéndose con regularidad. Olivier recobró la tranquilidad familiar junto a la actriz Joan Plowright con la que se casó un año después. Vivien rehízo también su vida sentimental. Se enamoró de un actor poco conocido llamado Jack Meribelle.

Pero Jack Meribelle acabó ejerciendo más de enfermero que de amante. Aunque seguía brillando en películas como “La primavera romana de la señora Stone" o "El barco de los locos", la tuberculosis de Vivien Leigh no había remitido desde que se la diagnosticaron. A estas alturas, a mediados de los 60, escupía sangre y estaba extremadamente delgada. Su salud mental tampoco mejoraba. En los periodos más tranquilos las pocas fuerzas que le quedaban a Vivien se las dejaba en el teatro.

Vivien Leigh fue una diva hasta el final. Pocos meses antes de su muerte tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos para salir cada noche a escena. Durante los últimos meses de su vida los médicos le dieron a elegir: Ingreso en el hospital o reposo absoluto en casa. Se quedó en casa a regañadientes, como si en realidad no estuviera enferma. Estaba preparando una nueva obra de teatro cuando la muerte le sorprendió. Fue la noche del 7 al 8 de julio.

Laurence Olivier no quiso acudir a su funeral y nunca se recuperó del todo de la muerte de su ex esposa.

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