Viernes, 23 de Abril de 2021

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ADICTOS AL MÓVIL

El 'phubbing' como falta de respeto

Si mira el móvil muchas veces y por encima de todas las cosas, lo padece. Si mientras está hablando su interlocutor está más atento a la pantalla, le están haciendo 'phubbing'. La adicción se extiende, pero tiene arreglo

El 'phubbing' como falta de respeto

¿Cuánto tiempo puede pasar sin consultar la pantalla del móvil?

Imagine que está en una entrevista de trabajo y el aspirante deja el móvil encima de la mesa para no dejar de mirarlo con el rabillo del ojo e, incluso, perder el hilo de las preguntas. O el colmo: que contestara a un mensaje o actualizara su perfil en la red social de turno. “¿Conseguiste el curro? [emoticono]. Espera, que no sé qué me dicen [emoticono] [emoticono]”. O imagine que se trata de una primera cita y su pretendiente sólo mira la pantalla para ver si ha marcado su equipo. Este comportamiento recibe el nombre de phubbing y la traducción al español suena fatal.

Es un síndrome

El phubbing existe desde que proliferaron los smartphones a principios de siglo y el término fue catalogado por el diccionario australiano Mcquarie en 2008. Viene del inglés phone, teléfono, y del gerundio del verbo snub, que aquí podemos traducir como ‘despreciar’. La sociedad de las nuevas tecnologías está pisando la delgada línea que separa la adicción de la falta de cortesía, la educación y el respeto.

NINGUFONEO

La voz phubbing es de creación reciente, según la Fundeu. Tomando los equivalentes españoles es posible crear el neologismo ningufonear, un acrónimo de ningunear y telefonear, del que a su vez se puede derivar ningufoneo.

El primero de ellos está definido en el Diccionario académico como ‘no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración’ o ‘menospreciar a alguien’, lo que refleja fielmente lo que se quiere expresar.

A partir de estas voces pueden formarse otros derivados como ningufoneador, para la ‘persona que ningunfonea’ y que puede funcionar bien como sustantivo o bien como adjetivo. Al ser palabras bien formadas, no necesitan ni comillas ni cursiva.

Es la duda que se plantean expertos en redes sociales, pedagogos, padres, educadores… incluso psicólogos: ¿desde cuándo es más importante atender a la persona que nos reclama nuestra atención al teléfono, que nos envía un mensaje, que publica una foto? ¿Desde cuándo está por encima que una cita en persona, que una conversación cara a cara? ¿Desde cuándo las nuevas tecnologías sirven para comunicarnos mejor con los que tenemos lejos y peor con quien nos acompaña?

Adictos a la realidad virtual

El fenómeno no es nuevo. Aún hoy las familias se reúnen ante el televisor para acabar sin decirse nada durante horas. Ahora, el teléfono móvil es el protagonista de los encuentros entre amigos, el rey de la pandilla. Siempre a la vista para mirarlo si suena o vibra, como un acto reflejo, un hábito que se extiende. El consumo es intermitente, periódico y hasta compulsivo. Despertamos y miramos el móvil, sólo por ir viendo lo que se está publicando, navegando con el dedo por la pantalla como si fuera la casilla-refugio de un juego de mesa.

Es una labor infinita en un mundo virtual inabarcable. Por encima de la conversación está la pantalla que se ilumina, una consulta que alivia y que inquieta si se retrasa. Cuando el móvil se queda sin batería buscamos como locos un enchufe, por lo que nos podamos perder, por si alguien nos quiere localizar e inmediatamente no respondemos.

Pero no nos detengamos en la nomofobia sino en este ningufoneo, en esta necesidad de mirar el móvil por encima de todas las personas. Es más, si tú lo miras, aprovecho y lo miro yo, por si acaso. Aunque no haya sonado. Aunque la pantalla de notificaciones esté en blanco.

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Tiene remedio

Si se ha visto reconocido en todo o parte de lo anterior o cree que le están haciendo phubbing, apague el móvil cuando llegue a casa, esté en el restaurante o vaya a conducir, cuando vaya de paseo, en el cine o en el teatro. Busque un ‘aparcamiento’ para el móvil, déjelo ahí cargando y olvídese de él todo el tiempo que pueda. Nunca se lo lleve al dormitorio.

Y un consejo básico: mire siempre a los ojos cuando le estén hablando. Si ahora está solo y tiene tiempo, lea más más consejos en la web de la plataforma Stop Hubbing (en inglés).

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