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También me chifla por detrás

La Tana es de las que quieren aprender, cuanto más mejor porque no está dispuesta a perderse nada. Ni siquiera el sexo anal.

Me habías lamido de arriba abajo, me había corrido una vez en tu boca y otra con los tacones sobre tus hombros. Estaba tan cachonda como para no preocuparme de lo que pudiera acontecer, pero deseando que sucediera. El pulso acelerado, la respiración arrancada; me colocaste a cuatro patas sobre la sábana. Lubricaste tus dedos y empezaste a jugar con mis dos agujeros. De uno al otro. Del otro al uno. Siguiendo el ritmo con la lengua, completamente entregada a mi entrepierna y mis dos huecos. Recogiendo primero con los dedos; claudicando después con la lengua.

De delante a detrás. De detrás a delante.

Ni me di cuenta de que no habían sido solo los dedos lo único que habías engrasado. También tu verga, lucía brillante, enfundada en un condón de los extrafinos, no fuera a ser que te lo perdieras. Seguiste lamiendo hasta que estuve a punto de volverme a correr y entonces procediste.

Entró divina, sí. Entró con cuidado; lo cual agradecí. Entró para salir y volver a entrar una y otra vez, mientras con las manos seguiste el mismo ritmo perpetrado con la boca. Una por detrás, otros por delante; hincándome y clavándome, mesándome y envalentonándome.

Arrancándome aquel glorioso grito que confirmaba que el entrenamiento consigue milagros y si eres tú el que entra así de bien, va a ser verdad que también me chifla por detrás.

Que haya más, pues...

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