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Sábado, 14 de Diciembre de 2019

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El día en que una película cambió el cine para siempre

El 25 de mayo se cumplieron 40 años del estreno de “La guerra de las galaxias”. Recordamos todo lo que pasó para llegar a ese momento.

25 de mayo de 1977 en Los Ángeles. George Lucas y su esposa Marcia, montadora, están ultimando las mezclas de sonido con vistas a las versiones en otros idiomas de la película que precisamente se estrena en la ciudad esa misma noche. Acaban antes de lo esperado y deciden ir a cenar a una hamburguesería frente al Teatro Chino de Grauman donde oficialmente se estrena la película. Desde allí podrán contemplar el ambiente sin ser vistos. Al llegar comprueban que la calle está colapsada por un tremendo atasco. La cola de espectadores da la vuelta a la manzana. Sentado en la hamburguesería Lucas empieza a comprender que lo que tiene entre manos es algo más que una simple película y que los años de duro trabajo, el calvario del rodaje y todo lo demás, habían tenido sentido.

San Pablo se cayó de un caballo. George Lucas tuvo también una revelación parecida, eso sí, por medios algo más modernos. A los 18 años estrelló su coche contra un árbol. Hasta entonces él mismo reconoce que había sido un joven atolondrado, mal estudiante, que solo pensaba en ligar y en batir marcas de velocidad con su coche. El tiempo que pasó en el hospital le sirvió para poner su cabeza en orden y meditar sobre lo que realmente quería hacer en la vida. Y lo que decidió fue ir a estudiar cine a la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad de Los Ángeles. Allí pronto se convirtió en uno de los alumnos más brillantes de la facultad y se hizo amigo de otros futuros cineastas como Steven Spielberg o John Millius. Gracias a sus buenas notas consiguió una beca de la Warner.

El mismo día que Lucas llegó a la Warner, Jack Warner, el mítico jefazo de los estudios, se jubilaba. Una coincidencia que vista años después resulta muy simbólica porque Jack Warner encarnaba el Hollywood clásico y George Lucas ha sido uno de los grandes renovadores del cine americano. La primera ocupación de Lucas en el estudio fue la de chico para todo de un director que rodaba allí su primera película para el estudio: Francis Ford Coppola. Los dos se hicieron amigos y a partir de entonces comenzaron a trabajar juntos en distintos proyectos. Coppola ponía el empuje y la capacidad de persuasión. Lucas el talento y la cautela. Formaban un tándem rompedor y decidieron que para tener la independencia necesaria necesitaban un estudio propio lejos de Hollywood. Así, a principios de los setenta en San Francisco nació American Zoetrope. La Warner les encargó siete películas y la primera de ellas sería el primer largometraje dirigido por George Lucas.

“THX 1138” era una historia futurista en la que el amor había sido abolido de los sentimientos humanos. Una película con muy poca acción y mucha filosofía que resultó un fracaso estrepitoso y que hizo que la Warner cancelara los acuerdos que tenían con Zoetrope. De esta forma la legendaria productora de Coppola se arruinaba por primera vez. A éste salvo el que justo entonces le llegó la oferta para dirigir “El padrino”. A Lucas en cambio le salvó el consejo que antes de deshacer la compañía le dio su amigo Francis: “La próxima vez trata de hacer algo más convencional y más divertido”.

Y Lucas le hizo caso. En su siguiente película el director plasmó en la pantalla sus recuerdos de adolescencia en Modesto, su pueblo de California. Coches, noches de juerga, chicas a las que se abrazaba en el asiento de atrás… “American Graffiti” conectó con la nostalgia de toda una generación, la que había sido joven en los años 50 del siglo XX, y tuvo un gran éxito. Éxito que le permitió firmar con la Fox un contrato para una nueva película.

Durante dos años Lucas estuvo encerrado en casa dedicado únicamente a escribir el guión. Un guión que sufrió escrituras y reescrituras, versiones y nuevas versiones. George Lucas soñaba con rodar una gran saga y escribió una historia muy ambiciosa. Pero en el estudio querían algo más sencillo, una simple película de aventuras espaciales y el director decidió iniciar su relato por la mitad, saltándose los complicados orígenes de su evangelio galáctico.

Lucas cobró un sueldo bastante bajo por escribir y dirigir la película pero a cambio se reservó un porcentaje de los posibles beneficios y los derechos del merchandaising, es decir, la comercialización de productos relacionados con la película. Al estudio le sonó a un capricho del director y cedió de buen grado sin saber que aquella concesión le iba a costar muchísimos millones. En la Fox todavía se tiran de los pelos.

Luego el director se lanzó a la búsqueda de los actores. Brian de Palma que buscaba el reparto para su película “Carrie” se unió a Lucas y los dos realizaron el casting en común repartiéndose a los jóvenes actores que más les gustaron. John Travolta y Sissy Spacek acabaron en “Carrie” y Mark Hammill y Carrie Fisher en “La guerra de las galaxias”. Para el tercer protagonista llamó a Harrison Ford, un por entonces poco conocido secundario que ya había conducido un coche en “American Graffiti”. Los nombres de Peter Cushing y Alec Guiness tranquilizaron a los ejecutivos de la Fox que ya temblaban ante aquel reparto lleno de jóvenes desconocidos.

Dos de los personajes más importantes de la historia eran los robots. Lucas se reunió con especialistas en cibernética para diseñarlos. También planificó con tiempo los efectos especiales. El director fue el primero en intuir que la fuerza del cine del futuro estaba en la tecnología y creó el marco adecuado para desarrollarla en todas su posibilidades. Para ello montó una empresa propia, la Industrial Magic and Light, al frente de la cual colocó a John Dykstra que había sido responsable de los efectos especiales de “2001 una odisea en el espacio”. Por fin el 22 de marzo de 1976 se dio el primer golpe de claqueta del rodaje en el desierto de Túnez y el resto ya es historia.

El estreno fue apoteósico. La película se convirtió pronto en la más taquillera de la historia y su director en multimillonario. George Lucas lo había conseguido. Había mezclado en una coctelera lo mejor de las películas bélicas, de ciencia-ficción, del Oeste o de espadachines y había logrado el cenit del cine de evasión: La guerra de las galaxias. Sentado en la hamburguesería Lucas no pudo asistir a aquel momento histórico. El Teatro Chino estaba lleno a rebosar, las luces se apagaron y comenzó la proyección.

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