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crónica concierto | Van Morrison

La maldita perfección de Van Morrison

El músico de Belfast arranca gira europea con un recital en Madrid con más concesiones de las esperadas

El cantante, compositor y músico británico Van Morrison, durante el concierto ofrecido anoche en el Palacio de Deportes, en Madrid.

El cantante, compositor y músico británico Van Morrison, durante el concierto ofrecido anoche en el Palacio de Deportes, en Madrid. / Kiko Huesca (EFE)

Hay músicos que encarnarían a la perfección cierto tipo de papeles en el cine, cantantes que sin grandes esfuerzos pasarían por matones, borrachines o sicarios. Van Morrison camina por los escenario con las maneras que lucen los dueños de los casinos de las películas de cine negro, con la actitud del que sabe que todo lo que pisa le pertenece. El músico norirlandés domina la escena, dirige a la banda de seis piezas y bajo su sombrero, y tras sus gafas, controla que todo suceda según sus normas. Con ese aura se presentó este martes en el Palacio de Deportes de Madrid.

El de Belfast, que ha hecho siempre lo que ha querido, se ha concedido un año 2017 de caprichos y -a lo Bob Dylan- ha editado en tres meses dos álbumes de versiones de blues y de jazz. El último, ‘Versatile’, es el que vino a presentar a Madrid. Y bajo es premisa, la del jazz de club pijo, ha transcurrido una velada que terminó con más concesiones de las esperadas, como el ‘Moondance’ que arrancó las primeras emociones de la grada. Aunque el viejo León no se enrocó en sus dos entregas más recientes, la de este lunes no era una velada de comunión colectiva. A pesar de ello, Morrison regaló instantes memorables como el viaje a aquel ‘Magic time’ de 2005 o el espléndido traje de noche con el que vistió ‘Baby please dont go’. Estos primeros clásicos fueron el alivio de los menos conocedores de sus últimos discos y la antesala de ‘Vanlose Stairway’, una habitual de su repertorio que sonó excelsa con Morrison al piano y que fue la mano previa al póker de ases que el de Belfast se sacó con ‘The way young lovers do’ o el pleno en la ruleta de ‘Days Like This’.

Durante hora y media, Morrison fue alzando el vuelo atravesando un repertorio intenso y maravilloso interpretado con perfección milimétrica. En sus canciones todo suena como tiene que sonar, su banda no falla nunca y él va alternando el saxo con la armónica, el micro, el piano y la guitarra cuando no se está paseando alrededor de la mesa de Black Jack comprobando que todo funcione según lo previsto. Y lo cierto es que todo ese control perjudica al conjunto y enfrenta a la belleza de la perfección con esa magia que surge del caos y que hace que su scat o los fraseos más largos sigan parecido excesivamente calculados. Pero lo cierto es que Morrison suena como nadie, impoluto ya afronte la salvaje ‘Broken Record’ -uno de los siete temas que firma en su nueva entrega- la delicada ‘Have I told you lately’ o la melancólica ‘The Party is over’, joya de su último trabajo que fue poniendo fin a la noche antes de que sonase un jazzero ‘Brown Eyed Girl’ que alejado del formato original perdió fuerza pero no belleza, algo que si consiguió con ‘In The Garden’, el tema que mejor define la idiosincrasia de este artista capaz de arrancar gira sin hablar con su público y de irse sin decir adiós. Son sus normas, es su casino.

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