Martes, 18 de Enero de 2022

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Los 30.000 dólares que separan a un talento precoz de sus sueños musicales

El violinista Carlos Martínez espera conseguir apoyos públicos o privados que le permitan estudiar en uno de los centros musicales más importantes del mundo en el que ha sido aceptado

El violinista Carlos Martínez posa con su instrumento

El violinista Carlos Martínez posa con su instrumento / FOTOGRAFÍA CEDIDA

Carlos Martínez Arroyo (Cabra, 1999) comenzó la semana buscando 30.000 dólares. Una cantidad que le permitiría seguir sus estudios de violín en la Manhattan School of Music, un curso de cuatro años cuyo importe final supera el cuarto de millón de euros. “La propia escuela me ha dado una beca de 30.000, la mitad del primer curso, pero me faltaba la otra mitad”, explicaba Carlos por teléfono el miércoles, antes de saber que su historia estaba a punto de cambiar. Esa era la cifra que separaba a este joven de 19 años de su sueño, estudiar en uno de los centros artísticos más prestigiosos del mundo, una escuela que este año celebrará su centenario.

El viaje de Carlos, a pesar de su edad, comenzó cuando a los siete años sus padres le regalaron un piano de juguete con el que aprendió a sacar las canciones de los dibujos que veía. “Entré a los ocho años al conservatorio y a la hora de escoger instrumento no sabía cuál elegir y al final me decanté por el violín”, relata. A los diez años llegó el primer concierto, pero el virus de la música ya había entrado en su cuerpo. “Recuerdo salir del colegio corriendo para ir a casa a tocar”, confiesa Martínez, que habla con pasión y confianza. A esa edad ganó su primer premio nacional, un empujón que señaló a Carlos que iba por el buen camino.

Desde entonces lleva enganchado a su instrumento, un violín que le ha robado horas de otras cosas, pero Carlos lo ve más bien al revés y cree que eran el resto de actividades lo que le quitaban tiempo de estar con su instrumento. “La música para mí no es un pesar, a veces no he podido estar con los amigos pero en ocho años nunca me he hartado, cada vez disfruto más de tocar y de escuchar música”, explica.

El violinista Carlos Martínez junto a la Orquesta de Córdoba / FOTOGRAFÍA CEDIDA

El pasado 1 de abril recibió la carta que estaba esperando. Había sido admitido en la Manhattan School of Music. Ante la gran oportunidad de su carrera y la falta de oportunidades, Martínez decidió contar su historia en las redes sociales, donde su relato rápidamente se ha viralizado. “Mi propósito no era pedir dinero sino conseguir difusión para que las instrucciones, corporaciones o las fundaciones pudieran verlo”, explica. “Un chico de Cataluña entró al curso y el ayuntamiento se lo movió y eso es lo que me han aconsejado que haga”, añade. Carlos lamenta que en España las cosas sean tan complicadas, pero insiste que no pide dinero, sino poder acceder a él. “En otros países, cuando el Estado ve que el alumno ha sido admitido en una universidad así ellos mismos le ofrecen una ayuda con becas o préstamos que se conceden y cuando uno empieza a trabajar se lo van descontando de su sueldo”. Tras llamar a la puerta del ayuntamiento de su pueblo sin demasiado éxito, Martínez ha terminado iniciando una campaña de crowfounding. “No es lo que quería ni la situación ideal, sigo esperando que alguna administración escuche mi historia”, admite. Pero su historia dio un pequeño giro este jueves cuando se levantó y descubrió que un cirujano de Madrid había ingresado en su cuenta los 10.000 euros que estaba pidiendo. “Ha sido una sorpresa tremenda. Me lo decían y no me lo creía”, explica Carlos, que ahora ha subido a 20.000 el dinero que solicita y con los que obtendría la cifra total que necesita para cubrir su primer año en la escuela. “Es una empujón increíble, es un tercio del total que necesito”, añade.

Carlos, que comenzó a preparar las pruebas de acceso al curso hace un año, confía en conseguir las ayudas, ayudas que le permitan llegar a EEUU. “Es un grado de cuatro años pero una vez allí la cosa cambia. Lo complicado es el primer año, una vez allí opto a muchas más becas para financiarlo, sino creyese que pudiese conseguir esas ayudas seguro que no haría esto”, explica el violinista, que señala que una vez admitido tiene dos años para conseguir el dinero. “Ya he aceptado la inscripción para poder seguir con los siguientes pasos”, añade. Pasos que le abrirían las puertas de una escuela en la que imparten clases los mejores músicos del mundo. Pero Martínez, al margen de eso, destaca también la competencia. “El profesorado es excelente, pero estar rodeado de gente competitiva me motivaría muchísimo. Allí todo el mundo tiene metas como la mía y es un entorno único para cualquier músico”.

Un año para preparar unas pruebas que abren a Carlos las puertas de un futuro en la música entre los mejores del mundo. “Voy con un año de retraso porque no pude ponerme con esto hasta que terminé el instituto. Ahora he pasado un año preparando las pruebas y perfeccionando el inglés”, explica. “Para preparar las pruebas bien y para apuntar alto”, añade. Alto apunta Carlos, a estar entre los mejores intérpretes del mundo. Solo le separa de su sueño el dinero.

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