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Regalo de bienvenida a Torra

Torra toma hoy posesión bajo los peores augurios y denunciado por SOS Racismo. Pero ayer la justicia española le ofrecía un regalo de bienvenida magnífico: un error formal en la solicitud de extradición de los 3 exconsejeros huidos a Bélgica

Los escritos de Quim Torra fueron un gol en propia puerta del independentismo en un momento crucial del partido. Se había elevado a la presidencia de la Generalitat de Cataluña a un hombre en cuyo pensamiento asomaba el rasgo más temido por Europa: el supremacismo racial. Imposible encontrar peor carta de presentación para quien considera el apoyo internacional un objetivo estratégico. Torra toma hoy posesión bajo los peores augurios y denunciado por SOS Racismo. Pero ayer la justicia española le ofrecía un regalo de bienvenida magnífico: un error formal en la solicitud de extradición de los 3 exconsejeros huidos a Bélgica, como consecuencia del cual la cámara del Consejo de Bruselas dictaminaba que las órdenes de detención europeas cursadas por Llarena eran irregulares y que, por tanto, no se podían cumplimentar. Torra ya tenía escrito medio discurso de toma de posesión. El Tribunal Supremo salía a la palestra para negar que hubiera habido ningún defecto de forma en la petición española, que lo ocurrido se debía a la ausencia de compromiso de la justicia belga. Literal. Una explicación asombrosa para los profanos en asuntos jurídicos, pues no parece una razón muy técnica, suena más bien a ‘lo han rechazado porque les ha dado la gana’. Y esto es lo que nos faltaba: que el endemoniado conflicto catalán hubiera llevado los enconamientos incluso al territorio encargado de zanjarlos. Y a escala internacional, para más inri.

Se diría que al Supremo le ha faltado un pelo para decir que nos tienen manía, lo que ya se amagó cuando el tribunal de Schleswig-Holstein se negó a extraditar a Puigdemont por delito de rebelión. Se mire por donde se mire, una calamidad. Si Llarena cometió un error de forma, imperdonable. Si la justicia belga se negó a hacer lo que debe, escandaloso. Pero de todas maneras no nos vendría mal revisar nuestras normas legales, o nuestros procedimientos, o nuestras relaciones porque algo pasa, y no podemos seguir coleccionando portazos en las narices. Lo que en un tema tan sumamente delicado como el catalán alcanza una dimensión política extraordinaria.

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Cadena SER

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