Lunes, 27 de Septiembre de 2021

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LO QUE EL CINE NOS DEJÓ

100 años de Bergman

El 14 de julio se cumple el centenario del nacimiento de Ingmar Bergman, un director imprescindible para entender el cine europeo del siglo XX.

100 años de Bergman

Bergman en el rodaje de "Persona"

El cine del sueco Ingmar Bergman representa las antípodas del cine comercial. Su preocupación no era tanto contar una historia como reflexionar sobre los grandes temas. Había dos inquietudes que se repetían en sus historias. En primer lugar, la angustia de un mundo que se interroga sobre Dios, el Bien y el Mal, el sentido de la vida y de la existencia. Si hay un film clave en el que se refleja su concepción de Dios y la relación de la divinidad con los hombres es “El séptimo sello” (1957). La escena del caballero jugando al ajedrez con la muerte se ha convertido en todo un icono cinematográfico. Su segunda gran preocupación era la incomunicación en el seno de la pareja.

El cine de Bergman es imposible de entender si no se conoce su vida, su infancia y la relación de amor y de odio que mantuvo con sus padres, un estricto pastor luterano y una madre muy dominante. Su educación estuvo basada en conceptos como el pecado, la confesión, el castigo, el perdón, la misericordia… La represión de los instintos se consideraba en su familia una virtud y los castigos corporales eran habituales. Fuera de casa tampoco reinaba la comedia. Su primer guión, “Tortura”, que realizó otro director, está basado en un recuerdo personal: el terror que le inspiraba un profesor que le había hecho varias novatadas en Estocolmo.

Bergman se instaló en la capital sueca con veinte años. Se doctoró en historia, pero se dedicó desde muy pronto al cine y al teatro. Nunca, ni siquiera después de triunfar en el cine, abandonó la escena, donde dirigió funciones de obras de autores tan variados como Ibsen, Molière, Shakespeare o Tennessee Williams. En 1945 dirigió su primera película: “Crisis”. Doce años después “El séptimo sello” (1957) le convirtió en un director muy admirado en todo el mundo, y a partir de ahí dirigiría, uno tras otro, cuatro de sus filmes más importantes: “Fresas salvajes” (1957), “En el umbral de la vida” (1958), “El rostro” (1959) y “El manantial de la doncella” (1960).

En 1965 rodó “Persona”, una película fuertemente marcada por las teorías del psicoanálisis y que se centraba en conflictos entre la persona y el alma. En su rodaje conoció a la actriz noruega Liv Ullmann, con la que se casó y que imprimió su personalidad a la obra del cineasta durante este período. “Gritos y susurros” (1973) era la historia de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas. Muchos críticos la consideran la obra maestra del cineasta.

"Gritos y susurros"

Ingmar Bergman resumía su carrera cinematográfica con una sola frase: “la búsqueda de la felicidad”. Y esa felicidad la encontró en 1982 rodando “Fanny y Alexander”, su penúltima película, quizá la más autobiográfica de todas y en la que volvía una vez más sobre sus temas preferidos: la fascinación por el mundo del teatro, el temor ante lo religioso y el descubrimiento de la muerte. “He hecho muchas películas, unas me gustan más y otras me parecieron poco gratificantes. Pero hice una, la última, Fanny y Alexander, que me hizo tan feliz, que me divirtió tanto, que ahora sería un sacrilegio volver a hacer Cine. Sería como traicionar aquella relación. Así que jamás volveré a dirigir película”, sentenció el director sueco.

"Fanny y Alexander"

Bergman se retiró entonces a la isla de Faro, en el Báltico, lugar con una población de apenas cuatrocientos habitantes. Aunque seguía viajando a Estocolmo para dirigir de vez en cuando teatro, en la isla de Faro su relación con el cine fue la de espectador. Se hizo construir un cine para él y su familia. Cada año visitaba la filmoteca sueca, pedía prestadas cientos de películas y se las hacía proyectar en su cine. No obstante su voz cinematográfica seguía estando presente. Su hijo Daniel dirigió un guión suyo, “Niños del domingo” (1992); Bille August llevó también al cine otro de sus escritos: “Las mejores intenciones” (1993) y su ex compañera Liv Ullmann convirtió su novela “Conversaciones íntimas” en la película “Infiel” (2000). Por fin, con 86 años, Bergman se puso de nuevo tras las cámaras para dirigir “Sarabanda” (2004), en la que recogía la vida de la pareja protagonista de otra de sus películas, “Escenas de un matrimonio” (1973), treinta años después. El 30 de julio de 2007, a los 89 años, el director pudo saber al fin la respuesta a la pregunta que tanto le había atormentado. Ese día se apagó finalmente su voz, una voz fundamental para entender el cine europeo del siglo XX.

 

 

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