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Sábado, 21 de Septiembre de 2019

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El peor negocio de la historia de la música africana

El músico Verckys Kiamuangana Mateta levantó la primera fábrica de prensado de discos de Congo, un negocio que resultó tan inoportuno como ruinoso

Portada del álbum de Verckys editado por el sello Analog Africa /

Verckys Kiamuangana Mateta era, en los años setenta, uno de los artistas más grandes del Congo, un país clave en la música africana gracias a que tuvo una de las primera antes de onda corta que les permitió retransmitir su música por todo el país, incluso llegar a otros como Liberia o Angola.

Verckys, saxofonista abrasivo que mezcló la rumba congoleña con el jazz, el funk o la psicodelia, era uno de los grandes nombres de la escena musical de la época junto a su Orchestre Vevé. Pero Verckys, al margen de su inmenso talento como intérprete, tenía alma de empresario, un don que le permitió hacer mucho dinero con la música.

Tal y como explica el músico en la compilación que realizó el sello Analog Africa, durante los años setenta se convirtió en productor de discos y armó el estudio de grabación más completo y moderno Kinsasa, un lugar por el que pasaron los grande referentes del país que llegaban fascinados por los aparatos que tenía el Verckys, que también armaba a las bandas con buenos instrumentos y amplificadores para que saliesen de gira.

Su música y su trabajo como productor convirtieron a Verckys en uno de los artistas más importantes del país. En aquella década de los setenta, el saxofonista se elevó llevando su sonido a otro nivel, a una altura que incluso impresionó a James Brown, que visitó Congo para el festival de música que acompañó el legendario combate entre Mohamed Ali y George Foreman.

El músico, hijo de una familia con recursos, dejó el colegio por la música siendo muy joven y para disgusto de su padre, pero aquello no le apartó de tener una afilada visión comercial. Estando de gira por Londres junto a otro conjunto, Verckys aprovechó la ocasión para vender a un sello inglés algunas de sus grabaciones y quedarse un tiempo en Inglaterra. Perdió el trabajo, pero volvió a casa con dos llamativos coches con los que se paseaba por las calles de Kinsasa.

Sin embargo, la ambición de Verckys acabó pasándole factura. A finales de los años setenta y principios de los años ochenta, Congo vivió una crisis de materias primas y comenzó a escasear algo clave para su negocio: los vinilos. Ante la falta de discos que prensar, Verckys tuvo dos ideas. Por un lado comenzó a comprar material viejo para reciclarlo y por otro, viajó a Alemania con la idea de montar en Congo su propia fábrica de prensado de discos. La mala calidad sonora de los discos reutilizados le llevó a abandonar la idea encontrándose en su almacén con sacos y sacos de arroz repletos de grabaciones de los años sesenta y setenta, discos imposibles de encontrar hoy en día en el Congo.

Pero la idea de montar su propia fábrica resultó todavía peor. “Ingenieros alemanes y belgas vinieron a Kinsasa y yo mandé a dos empleados a Europa a que aprendieran el proceso de fabricación. Pasaron dos años allí”, explicaba el músico en la reedición de su discografía. Pero todo salió mal. “Cuando por fin todo estaba listo para comenzar a operar en 1984 las cintas habían llegado y se habían convertido en el formato favorito de los africanos. Perdí mucho dinero con aquella operación”, confesaba Verckys, que en los años ochenta se alejó de la música aunque sigue manteniendo la fábrica y sacos y sacos con discos en vinilo olvidados con el testimonio musical de dos décadas de la música congoleña. Una operación ruinosa y un legado olvidado de un músico ambicioso que llegó a impresionar al Padrino del Funk.

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