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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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"Los clichés de occidente amplifican la represión homosexual en Marruecos"

La homosexualidad en Marruecos sigue siendo reprimida y penada por ley. El escritor marroquí Abdelá Taia, icono de la liberación sexual en el mundo árabe, nos ha hablado de las heridas ligadas a su opción sexual y su lucha

Abdelá Taia, referente de la liberación sexual en el mundo árabe, asegura que la represión sexual en Marruecos sigue existiendo, pero se muestra esperanzado por los nuevos tiempos. “Decir que la situación en Marruecos es la misma que en mi infancia es mentira, porque yo crecí totalmente solo como homosexual y con un gran rechazo, pero este rechazo no era el de mi familia ni el de la sociedad, sino el del sistema, que obliga a las personas homófobas a rechazar a las personas como yo. Lo que ha cambiado desde los años 70 y 80 es que hay cada vez más homosexuales que desafían a la sociedad marroquí, el poder marroquí, se expresan libremente en Internet, en Instagram”.

Ahora las cosas han cambiado, asegura, y se nota en que hay asociaciones, hay una revista gay en Marruecos en árabe, pero a pesar de todo, Taia denuncia que “la ley marroquí sigue persiguiendo a los homosexuales y lo criminaliza, lo que empuja a la gente a esconderse y no estar totalmente libres”.

Abdelá Taia fue el primer intelectual de su país en hablar abiertamente de su homosexualidad en una entrevista en la revista Tel Quel, pero antes que él, Rachid O. fue el primer marroquí en confesarse homosexual bajo seudónimo, en un país en el que es un delito que el código penal castiga con penas de seis meses a tres años de cárcel. Taia conoce al hombre que hay detrás de ese seudónimo. Le describe como “un gran escritor” que le ayudó mucho cuando era pequeño. Él fue el pionero, “empezó algo en Francia y yo luego lo hice más abiertamente diciendo mi propio nombre”. Lo que es fundamental, destaca Taia, es que cada cual con su legitimidad literaria haya intentado ayudar a los demás, hacer mover la mentalidad y sobre todo interpelar el poder, porque finalmente la homofobia se alimenta de la visión política que tenemos sobre los ciudadanos marroquíes, ya sean homosexuales o heterosexuales, y es que la ley sigue criminalizando y por eso hay que intentar rechazar esta presión”.

Abusos sexuales en las escuelas coránicas

En la infancia es donde más se sufre la represión, y además hay casos de abusos dentro de las escuelas coránicas en Marruecos, cuenta Taia, en las que en muchas ocasiones entre los maestros se esconden pederastas que “violan a los niños cuando son muy pequeños”, igual que ocurre con los curas en occidente. Es “otro tabú que algún día se debería romper también en Marruecos y no solamente en Marruecos”, insiste, y recuerda que “los abusos contra jóvenes, niños y niñas se hace en el espacio en el que hay más confianza posible, en el espacio de la enseñanza y sobre todo en el espacio de la familia”.

Taia cree que el silencio de los casos de abuso en todo el mundo “es una cuestión de poder, porque si la Iglesia lo ha hecho en Europa es porque no quería perder su poder y tenía personas muy bien situadas en la política para cerrar los ojos, por lo tanto, no creo que esos depredadores sexuales en la Iglesia europea o internacional no se conociesen. Se sabía, pero se dejaba”, y cree que lo mismo ocurre en Marruecos.

Bajo su experiencia, de la que habla en sus obras, "todos los homosexuales pagan un precio al inicio, un precio muy fuerte, cuando son niños o adolescentes y descubren que son homosexuales, porque entienden rápidamente que el mundo no les va a acompañar, que está contra ellos y, al contrario, va a intentar detenerlos o va a violarlos, matarlos, rechazarlos o al menos hacer que no se sientan como los demás, y ese es el precio más fuerte a pagar. Una vez que eres adulto, estás bastante armado intelectualmente para poder defenderte, pero eso no significa que no reciba amenazas”.

En su caso particular tuvo que ir al exilio, pero lo más duro, asegura, fue “sentir el exilio cuando uno está al lado de su familia”. El espacio político y social les llevaba a rechazarle, aunque cree que le amaban a su manera, por lo que no tuvo otra opción que escapar, “no porque no amaba a mi familia o porque odiaba a los marroquíes, sino para salvarme de la pobreza, porque vengo de una familia muy pobre con muchas dificultades”. Fue ese deseo de salir de la pobreza lo que ocultó su búsqueda de ser un homosexual libre. “La vergüenza no es difícil abandonarla”, confiesa, pero centrarse en salir de la pobreza era algo a lo que sí podía aspirar.

La última novela de Abdelá Taia, “El que es digno de ser amado”, de la editorial Cabaret Voltaire, es una confesión desgarradora de un hijo a su madre, un alegato a la necesidad de escupir el dolor acumulado, también a la necesidad de saldar cuentas, de curarse las heridas y las secuelas de ese miedo a hacer pública la homosexualidad. Para Taia la literatura “debería ser encontrar la fuerza para vomitar esa misma violencia que ellos tienen. No son los demás los violentos, yo también puedo serlo cuando yo impongo a mi familia mi homosexualidad, yo también tenía el deseo de venganza. La literatura está ahí para volver a tomar los desafíos interiores de una sociedad y convertirlos en la forma más radical posible”. Y eso es precisamente lo que hace en su último libro, “poniendo la homosexualidad y desplazándola hacia el colonialismo francés y cómo el colonialismo sigue mandando en nuestras vidas”.

La Primavera Árabe no ha muerto

Taia se pregunta qué ocurre en la sociedad para que incluso en la tierra de los derechos y las libertades sigamos viviendo en el rechazo al otro, como está ocurriendo en Europa. Los clichés y el racismo que tiene occidente con respecto a la represión de la homosexualidad en los países árabes, critica Taia, “se ve a través del turismo sexual”. Asegura que la mayoría de la gente se siente atraída por los exóticos o asiáticos, musulmanes, la gente que viene del sur y que corresponde con países antiguamente colonizados por occidentales. Y son estos esquemas los que siguen interfiriendo en las relaciones, “se sigue pensando que todos somos salvajes, que no merecemos la libertad”, denuncia, y cree que es como si occidente, para convencerse de su propia libertad, necesitara que existan otras personas que viven en la esclavitud y ni siquiera quieren liberarse, pero para ayudarles “no se pueden imponer sobre ellos nuestros esquemas de pensamiento”, sino que se les debe dejar hacer su lucha en el tiempo que necesiten.

El escritor recuerda la Primavera Árabe como un gran momento en su vida. Él tenía 38 años y encontró en el mundo árabe “conciencias de individuos que se despertaban y se organizaban para intentar hacer un cambio en su vida”, y pese a las complicaciones políticas, no cree que haya motivos para anular esa luz que llegó a nuestra vida, porque la conciencia política estaba y está presente”, subraya.

Aunque los partidos islamistas volvieran a ganar las elecciones, Taia cree que quienes participaron en la primavera árabe son “jóvenes que están en una dinámica diferente y desgraciadamente no han encontrado a nadie que les ayudase a transformar esa luz en una fuerza política que cambie realmente la vida de la gente”. Taia insiste en que el movimiento “no está muerto” y recuerda que en el documento que los jóvenes escribieron el 28 de febrero estaba como objetivo la despenalización de la homosexualidad en Marruecos y había muchos homosexuales manifestándose en la calle, lo que le da “un elemento de esperanza que no se ha plasmado por el momento, pero sigue en mi corazón”.

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