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Martes, 15 de Octubre de 2019

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"Se pudo acabar con ETA y no interesó"

Las memorias del agente secreto Mikel Lejarza que no querían que se publicasen

Fernando Rueda, autor de 'Yo confieso' /

La Ventana habla con un agente secreto, de los de verdad, de los que vemos en las películas pero no conocemos en la vida real. Fernando Rueda ha escrito las memorias de Mikel Lejarza en 'Yo confieso' y hablamos con ellos de su historia.

El libro cuenta historias y pasajes de la vida de Lejarza. "Es verdad que el lenguaje es duro, pero ¿cómo lo narras?", defiende Rueda. No es la primera vez que el escrito se involucra en el mundo de los espías. "Yo he conocido a muchos agentes infiltrados, la mayoría son juguetes rotos". Los agentes secretos no son despedidos con un finiquito como cualquier otro trabajador: "Quieren quitárselo de en medio cuanto antes y con Mikel lo intentaron".

Lejarza ha entrado por teléfono desde un lugar que no ha querido desvelar, aunque ha tenido que alejarse mucho para que no se enteren de quién es. Él es lo que se denomina "agente negro": "Es el que realmente vemos en las películas, el agente secreto de verdad, que no figura en ningún sitio". Como en las películas, "si caes, caes". 

A Lejarza le captó la Policía Nacional en 1973 para infiltrarse en ETA bajo el apodo de "El Lobo", Gorka para los terroristas. "El mejor topo es una persona de la calle". De aquella época le quedó una cuestión que aún a día de hoy no sabe responder: "Se pudo acabar con ETA antes pero no interesaba". Aparte de la banda terrorista, ha trabajado un muchas otras operaciones, aunque reconoce que nunca con Villarejo: "Conocía su forma de trabajar y nunca se me habría ocurrido".

La vida del agente secreto es una vida dura. Se ha sometido una vez a cirugía para cambiar su rostro y eso le ha permitido a "El Lobo" pasar desapercibido para ETA. La banda empapeló en su día el País Vasco de carteles con su cara, su nombre y el lema: “El pueblo vasco nunca perdona". Lejarza va cambiando de aspecto, de hecho, se ha llegado a cruzar con familiares y amigos de la infancia que no le han reconocido. "Hay que saber vivir con eso". Reconoce que tiene miedo -"miro a todos los lados"- y que va armado. Cree que cualquiera te puede matar, "ya no es un tema de ETA, sino de delincuencia". 

El escritor Rueda recuerda la experiencia final del IRA cuando un topo del espionaje inglés, Denis Donaldson, era asesinado en su casa con una escopeta de caza.

Revela como vio de casualidad a Mohamed Atta, terrorista del 11-S en el Café Gijón de Madrid, en julio de 2001. Había quedado en el café Gijón de Madrid con Fernando Vásquez, que había sido un destacado dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno. Lo que inicialmente era una reunión para charlar sobre un proyecto internacional terminó convirtiéndose es una de esas casualidades de las que informé a mi servicio pero de la que nunca supe cuál fue su actuación.  Y en septiembre perpetraron el atentado.

Parte importante de este libro, cuenta Rueda, es Mamen, la mujer de Mikel, madre de sus dos hijos, confidente y "la perfecta tapadera en muchas misiones".

Mikel Lejarza tuvo que esperar hasta 2010 para recibir algún reconocimiento oficial a su labor como agente del servicio secreto español. Se la impuso en un acto privado Félix Sanz, el director del CNI. Y asegura el espía, que lo que no cuenta es porque es secreto o que es delito "Ambas cosas. Tampoco tenía elección". Reconoce su "adicción" a su trabajo: "Es como un veneno. Me gustaría morirme con las botas puestas".

Por último, Lejarza no duda a la hora de responder si ha merecido la pena todo este camino: "Sí,  ha merecido la pena y me siento satisfecho conmigo mismo. Solo pongo una pega y es que me habría gustado haber hecho mucho más".

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