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Martes, 15 de Octubre de 2019

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El odio

Necesitaremos mucho tiempo y mucha sensatez para curar nuestros males

El odio es un virus muy malo. Rompe relaciones, radicaliza conflictos y estropea la vida a quien lo recibe. Y a quien lo dispensa.

Muchos guardias civiles percibieron odio en vísperas del referéndum ilegal de independencia en Cataluña. Han declarado esta semana ante el Supremo. “Se masticaba el odio” llegó a decir uno de ellos, ayer, ante el Tribunal Supremo. Seguramente muchos indepes sienten exactamente lo mismo, pero al revés.

Es muy difícil organizar una sociedad si desde cada esquina alguien no se siente aceptado, asumido o incluso querido, sino odiado.

Es muy difícil también que esto pueda resolverlo un tribunal. Más que difícil, imposible.

La peor característica de la enfermedad que desperdiga el odio consiste en que no hay manera humana de rebobinarlo.

Esa dificultad existe incluso aunque pueda haber exageraciones sobre los presuntos odios mutuos.

Ayer uno de los agentes exageró más que demasiado. Sucede. Comparó la rebeldía de media Cataluña con el antiguo terrorismo de una minoría en el País Vasco. No pueden compararse porque en Cataluña no se dispara. Pero solo el hecho de que alguien así lo crea significa que necesitaremos mucho tiempo y mucha sensatez para curar nuestros males.

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