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Jueves, 12 de Diciembre de 2019

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Santo Grial en San Juan de la Peña

La leyenda insiste que, en el año 256, ante la persecución del emperador romano Valeriano y con el fin de preservar las más valiosas reliquias, el papa Sixto II entregó el Santo Cáliz en custodia a su diácono San Lorenzo, encargado de administrar los bienes de la Iglesia. San Lorenzo era originario de Aragón y para poner a salvo el cáliz lo hizo llevar a Hispania, a través de un legionario amigo, a donde llegó en el año 258 guardado en Loreto, en casa de sus familiares de las tierras natales oscenses

Eran tiempos convulsos y pronto fue trasladado a la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, en donde permaneció bajo la vigilancia del obispo de la diócesis. A partir del año 711, con la invasión musulmana, el Santo Grial se escondió por diversos lugares del pirineo aragonés. Primero estuvo en la casi inaccesible Cueva de Yebra de Basa. Entre los siglos IX y X estuvo protegido en lugares tan mágicos como el Monasterio de San Pedro de Siresa y la ermita de San Adrián de Sásabe de Borau. Entre los años 1014 y 1045 permaneció en la Iglesia de la Corte de Bailo. Luego su presencia se señala por un breve tiempo en Jaca. Y desde allí llegó en el año 1071 hasta el monasterio de San Juan de la Peña.

En ese mismo año, en concreto el día 22 de marzo, este enclave fue el escenario de la introducción, por primera vez en la Península Ibérica, del rito litúrgico romano, seguido luego en toda la Iglesia de Occidente, que ponía fin al antiguo rito hispano-visigótico y que suponía el vasallaje y la acomodación definitiva de la iglesia aragonesa a las pautas marcadas por el Pontificado. Y entonces el Grial fue el protagonista de esa solemne e histórica misa. En dicho monasterio permaneció hasta el año 1399 donde aparece le primer documento escrito que hace mención expresa al mismo.

Es entonces cuando el rey Martín I de Aragón solicitó la reliquia al abad y se la llevó al Palacio Real de la Aljafería de Zaragoza. Ahí no terminó su periplo. Después fue trasladado a la residencia del rey Martín I de Aragón en Barcelona. Al final, el rey Alfonso V de Aragón, en el año 1424 se llevó la valiosa pieza a su Palacio Real de Valencia, y en el año 1437 entregó el Santo Grial a la Catedral de Valencia donde hoy se puede ver en una sacristía especial.

Este ha sido su itinerario desde los pirineos oscenses a tierras levantinas. Y los creyentes lo han dado por bueno hasta que otro Santo Grial ha empezado a rivalizar con el de Valencia hace unos pocos años. Nos referimos al cáliz de doña Urraca custodiado en la Basílica de San Isidoro de León, con otra genealogía e itinerario, pero ambos de piedra, ambos datados sobre el siglo I, ambos considerados objetos de poder…

 

 

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