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Domingo, 17 de Noviembre de 2019

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Ken Loach, contra los falsos autónomos y las horas extras

El cienasta británico vuelve a lanzar una crítica al mundo laboral en el Festival de Cannes con 'Sorry we missed you', una película que muestra la descomposición de una familia por la precariedad de los falsos autónomos

Ken Loach, junto al equipo de 'Sorry we missed you' /

Hay un recurrente mito neoliberal, sobre todo presente en el cine de Hollywood, que dice que cualquier persona puede llegar a ser lo que se proponga; que querer es poder; pura meritocracia que establece que ser un triunfador depende de cada uno, independientemente de cuáles sean sus orígenes. Si hay un director que ha contrarrestado esa defensa del sueño americano es Ken Loach.

Un cineasta que ha tenido mirada compasiva y que ha utilizado el cine para mostrar los perjuicios que el capitalismo ha causado a la clase obrera, ayudado por su guionista de cabecera Paul Laverty, ya cuenta con dos Palmas de Oro de este Festival de Cannes. La primera la ganó por El viento que agita la cebada en 2006, y la segunda, por Yo, Daniel Blake, en 2016. Ahora regresa al certamen con Sorry we miss you, una mirada a la situación del empleo precario y uberizado de nuestros días.

Ken Loach retrata el desmantelamiento de la estructura de los trabajos y los lugares donde se realizan. Los repartidores que tiene que pagar la furgoneta y que piensan que han montado su negocio, cuando en realidad trabajan más de 12 horas diarias sin descanso, sin que les paguen horas extra, siendo falsos autónomos. Lo hace con el estilo de siempre y con una estructura narrativa que ya hemos visto en películas como La parte de Los Ángeles o Lloviendo piedras. Por eso, son siempre cuestionadas por una crítica que defiende la estética por encima de todo.

Sin embargo, no importa que no haya innovación visual, porque la repetición, en el caso de Loach, tiene un mensaje subliminal y actualizado. La explotación laboral de la clase obrera está igual de jodida que siempre y, mientras eso siga así, el cine de Loach tiene siempre algo de nuevo, por más que su uso del color y los movimientos de cámara sean excesivamente clásicos.

Como explica el sociólogo Jorge Moruno, en su libro No tengo tiempo (Akal, 2018), lo que hizo el neoliberalismo “fue deshilachar el tejido social, el pueblo armado, el contrapoder social, crear un desierto social mediado únicamente por las relaciones de consumo, por la subjetividad de la empresa y por patrones de conducta basados en la competitividad”. Todo eso es esta película que, probablemente, tenga difícil subir de nuevo al palmarés.

La familia británica que retrata Ken Loach no tiene tiempo para el cuidado, para el amor, ni para vivir. Todo eso es un privilegio que solo los jefes pueden permitirse. Sorry we miss you se centra en el padre, repartidor y falso autómo en una empresa que no les deja ni para ir al servicio, y en la madre, una trabajadora social que cuida ancianos. La indagación de los cuidados y de la educación de los hijos es una de las partes más interesantes de este nuevo trabajo del director, que ya había hablado de amor, pero centrado en una pareja de adolescentes en Felices dieciséis.

Hay algo, salvando las distancias, en común con Les Misérables, la película que el francés Lajd Ly presentó ayer en Cannes. La desintegración y la falta de oportunidades en los banlieu parisinos son peores que la de la clase obrera británica, por supuesto, pero hay un halo de desesperanza y de falta de oportunidades que también comparten los hijos de los trabajadores precarios que entienden que de nada vale estudiar, ni buscar un trabajo, como explicaba el sociólogo Paul Willis en Aprendiendo a trabajar. Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera.

El hijo de esta familia retratada por Ken Loach parece sacado de este ensayo, donde su autor buscaba comprender por qué los jóvenes de orígenes obreros abandonaban la escuela a las primeras de cambio. La investigación de Willis, que rompía el mito neolibeal, se publicó en 1977 y sigue vigente, como vemos en Sorry we miss you. ¿No será, acaso, que poco o nada ha cambiado?

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