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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Tarantino se ríe de la violencia más que nunca y ensalza Hollywood

'Érase una vez en Hollywood' es el retrato de finales de los 60 del Hollywdood en pleno cambio al que homenajea y da un tirón de orejas en una película excesiva, divertida y con fuego y baños de sangre

Los actores estadounidenses Brad Pitt y Leonardo DiCaprio y el cineasta estadounidense Quentin Tarantino posan para los medios durante la presentación de la película "Once Upon a Time in Hollywood" (lit. Érase una vez en Hollywood), este martes en la 72 edición del Festival de cine de Cannes (Francia) / ()

Hace 25 años Quentin Tarantino revolucionó el Festival de Cannes con Pulp Fiction. Con ella ganó La Palma de Oro y los cinéfilos sesudos se quedaron entre boquiabiertos y desorientados con un nuevo estilo que conformaba el director norteamericano mezclando géneros que no eran propios, en teoría, de un festival de autor. Después de varios éxitos y algún Oscar de guion después, el director de Reservoir Dogs y Kill Bill ha regresado al festival que lo consolidó para mostrar Érase una vez en... Hollywood, una locura de casi tres horas de duración donde hay de todo: homenaje al cine, a la música, crítica a la América de las sectas y una reivindicación de la violencia estetizada que ha marcado su cine.

Poco se ha filtrado de la película que Tarantino terminó de montar hace escasas semanas. De hecho, el director está obsesionado con que se hable mucho de su película. Dicen los rumores que no quiso que la prensa la viera antes de la presentación y ha mandado una carta a críticos e informadores para que no hagan spoiler. No desvelaremos su juego final.

Brad Pitt y Leonardo DiCaprio protagonizan este filme en el que Tarantino vuelve a retorcer la historia, como en Malditos Bastardos, donde Hitler era asesinado por una judía francesa, o en Django desencadenado, donde un esclavo negro se vengaba del holocausto americano. En esta ocasión es la historia de Hollywood la que modifica a su antojo, pero también la historia del verano de 1969.

Los asesinatos de Charles Manson, que mantuvieron en vilo a Estados Unidos durante un año, las protestas contra la guerra de Vietnam, el auge de los hippies en California, el amor libre y las drogas. Todo eso marcó la actualidad de ese verano en Los Ángeles, y todo eso lo cuenta con la ironía que caracteriza al realizador. Y en ese contexto, se levanta un trozo del día a día de un Hollywood dorado y de una televisión que encadenaba series de vaqueros, de policías.

Sus películas son una mezcla de elementos que le han convertido en un género en sí mismo: violencia, música, el uso del color, baños en sangre que, a veces, rozan el absurdo y la risa, pies de mujeres, escenas grabadas desde el maletero, y homenajes a directores a los que admira. Todo eso está, incluso con más ahínco, en su novena película. Ahí está Leonardo DiCaprio convertido en héroe del spaghetti western, género del que tanto ha bebido su cine, y de que toma hasta el título, con guiño al director italiano Sergio Leone. En Érase una vez en... Hollywood no falta el homenaje al kung fu, al cine B, a la televisión y a la música de los 60, con la canción de Los Bravos, que ya intuíamos en el tráiler. También el homenaje a los dobles, con el carismático personaje de Brad Pitt, mucho más talentosos que los actores, parece decirnos Tarantino y sin sus excentricidades.

De él siempre se ha dicho que no era un autor, sino que reciclaba, algo que también se suele achacar a Almodóvar. Pero la intertextualidad y el diálogo con otros autores y otras ramas artísticas también dan algo nuevo. Otra crítica ha sido el uso de la violencia. A Tarantino, como a los videojuegos, siempre se le ha acusado de banalizarla y, casi, de provocarla. Él ha hablado una y otra vez de por qué hay tanta violencia en el cine y no parece dispuesto a contentar a sus críticos a juzgar por el final de esta película: divertido y bestia, como pocos. Decía Stuart Hall que las representaciones de la violencia en la gran pantalla no son violencia sino mensajes sobre ella. Tarantino dice mucho de un país donde existe la pena de muerte y donde es legal llevar armas en algunos estados. Un país temeroso de los tiroteos en institutos, permisivo con la violencia y puritano con el sexo.

En Érase una vez en... Hollywood hasta se ríe de esas críticas, no solo por incluir homenajes sin cesar; sino también por poner en boca de los violentos la frase de "es que la televisión nos ha hecho así". Sin duda, la cinta es una elevación del cine, pero también una mirada de regañina a una industria que crea monstruos, que hace que hace que las estrellas desaparezcan a los 40 años y que fomenta un sueño americano que no existe.

Un sueño americano que representa Charles Manson, como bien apunta, sin subrayados Tarantino. Pero el homenaje al cine es mucho más que meras referencias y bromas para cinéfilos. Tarantino ha hecho una película divertida de una época sombría y deja un mensaje importante en estos tiempos también sombríos. Solo la violencia del cine es la que hay que reivindicar, solo ahí sirve como catarsis. Solo el cine puede salvarnos, como deja claro el giro final de esta historia.

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