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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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La derecha se sale con la suya

Josep Ramoneda analiza la decisión de la mesa del Congreso de suspender a los diputados independentistas presos, la preocupación por el ascenso de la extrema derecha en Europa y la dimisión de Theresa May

PSOE, PP y Ciudadanos vuelven a encontrarse frente al independentismo catalán. Parece que es su único punto de encuentro. Ellos se han puesto de acuerdo en la mesa del Congreso para suspender a los diputados presos, sin esperar que pasaran las elecciones del domingo. La derecha se ha salido con la suya. Hay controversia sobre la cuestión y distinguidos juristas veían mejor que fuera el pleno el que decidiera en una especie de suplicatorio implícito. Pero los letrados del Congreso han decantado el debate. Algo está claro: mientras el trasfondo judicial siga presidiendo el escenario político será difícil restañar heridas y recuperar la normalidad política. A partir del lunes, tendremos cuatro años por delante. Y para empezar este ciclo, un consejo: que las instituciones del Estado tengan presente que hay una virtud que concierne a todos: la prudencia. Que consiste en saber manejar la proporción entre las decisiones que se toman y los efectos que tienen para la colectividad.

En Europa hay preocupación por el ascenso de la extrema derecha, pero a mí me parece más grave la parálisis política que la ha hecho posible. No solo por las claudicaciones de la derecha, sino, sobre todo, por la desaparición de la izquierda: ¿dónde está? ¿tiene algo que proponer? Raros tiempos estos en que las aportaciones más progresistas vienen de Estados Unidos, de la izquierda del partido demócrata americano.

Theresa May tira la toalla, en vigilias de unas elecciones que las encuestas pronostican fatales para los conservadores británicos. El Brexit está haciendo destrozos en la política inglesa. Un régimen fundado sobre un bipartidismo centenario, considerado por muchos como ejemplar, que superó guerras, colonialismos y conflictos de todo tipo, tambalea hoy ante la incapacidad de organizar una salida de Europa ordenada. No es que abandonar Europa sea un cataclismo, es simplemente que, a pesar de su orgullosa diferencia, Gran Bretaña sufre la misma enfermedad que las vecinas democracias europeas: una crisis de representación y de confianza, fruto de un cambio de modelo económico y social que sus reputadas élites tampoco supieron anticipar.

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