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Domingo, 20 de Octubre de 2019

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Nostalgia de tiempos que tardarán en volver

Josep Ramoneda reflexiona sobre las palabras del nuncio Renzo Fratini, la futura investidura de Pedro Sánchez, la abstención que proponen los presos catalanes y las palabras de Pablo Casado

“Han resucitado a Franco, dejarlo en paz era mejor”. Lo ha dicho en su despedida el nuncio Renzo Fratini. A la Iglesia siempre le incomoda la memoria de Franco y con razón: ella fue el principal aparato ideológico del franquismo para controlar la sociedad española. Y de entre sus papas, sólo Montini, Pablo VI, osó levantar la voz contra el franquismo. Dice el Nuncio que detrás de la inhumación de Franco están “las ideologías de algunos que quieren de nuevo dividir España”. El gobierno eleva protesta al Vaticano, ¿para qué? Si todos sabemos que la Iglesia quiere lo mismo que la derecha: que no se hable del franquismo porque les toca demasiado cerca.

Una investidura se ha de sustentar sobre una mayoría para gobernar. Pero Pedro Sánchez aspira a que otros le voten para dejarle gobernar a su aire y en minoría, que es muy distinto. Dice Sánchez que España no se puede paralizar. Y mira a los demás, cuando él es el responsable del parón al no ser capaz de ofrecer un pacto de gobierno a quienes están dispuestos a compartirlo. Quiere manos libres. Y éstas sólo las de algo que queda lejos: una mayoría absoluta. Nostalgia de tiempos que tardarán en volver.

Jordi Sánchez, Joaquim Forn, Jordi Turull, Josep Rull, los presos de Junts Per Catalunya, proponen que se facilite la investidura de Sánchez. Chocan así con Puigdemont y Torra y su estrategia de ruido y furia. No estoy seguro de que Puigdemont, el aventurero, esté en condiciones de sostener una polémica con los presos ante la opinión pública. Las pulsiones espontáneas de solidaridad y respeto son preferentemente para ellos.

“Yo lo que quiero es decirle al Gobierno de España que tome todas las medidas para que, nada más pisar suelo francés, se proceda a la detención y la extradición”. Lo ha dicho Pablo Casado ante un hipotético desplazamiento de Puigdemont a Estrasburgo. Pablo Casado debería saber que en este país, al menos formalmente, existe división de poderes, y activar la euroorden para detener a Puigdemont es competencia del poder judicial. ¿O es que el PP no distingue entre poderes del Estado y da por supuesto que el ejecutivo tiene ordeno y mando sobre todos ellos? ¿Será está la explicación de por qué el conflicto catalán acabó en manos de la justicia?

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