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Viernes, 23 de Agosto de 2019

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La cara amarga de los festivales: tras la música y diversión, precariedad

El turismo musical se ha instaurado en nuestro con un potencial económico de 329 millones de euros en 2017, sin embargo es un sector poco regulado que da paso a una grave precariedad

Plano general de un festival durante verano. / ()

El verano en España ya es sinónimo de festivales. Y es que el turismo musical se ha instaurado en nuestro país en cuestión de años; de hecho, según el último anuario de la SGAE, la música popular movió más de 329 millones de euros en 2017 en España. Sin embargo, el sector no está regulado.

Este fin de semana en concreto se ha celebrado el Sónar de Barcelona en su edición más complicada. Además de perder 20.000 asistentes de un año a otro, los 'riggers'-técnicos expertos en levantar y mover objetos pesados- iniciaron una huelga para reclamar mejores condiciones laborales por parte de la Feria de Barcelona, organizadora del evento, que ha suplido la labor de los técnicos en huelga a través de la contratación de otra empresa alegando que por cuestiones legales no podían subrogar el contrato de los técnicos y que, a menos de una semana de que se celebrase el festival, decidieron contratar a otra empresa de técnicos.

Los técnicos consideran esto una vulneración del derecho a huelga y un acto de esquirolaje. Este caso abre el debate de las condiciones laborales en los festivales. Especialmente en el caso de camareros, ayudantes, organizadores o voluntarios.

Subcontratas exentas de derechos

El sistema de subcontratación de los festivales es algo común y sistemático. Festivales como el BBK Fest en Bilbao, uno de los más conocidos, no está exento de las críticas por parte de los trabajadores. “No te dejan descansar, tienes veinte minutos para comerte el bocadillo, a veces ni siquiera te dan la comida ellos. Si ven que te sientas te preguntan quién te ha dado permiso para hacerlo y tienes que preguntarles si puedes ir al baño” nos cuenta Rocío, una trabajadora de este festival varios años, aunque debido a las condiciones ha decidido no volver a trabajar con ellos.

“Te piden que si viene Inspección de Trabajo les mientas y les digas que trabajas solo ocho horas, no las doce horas que te obligan a hacer. También tienes que renunciar al reconocimiento médico que debe hacer toda empresa” añade Rocío.

Sin embargo, desde las empresas organizadoras alegan que estas condiciones dependen de las subcontratas. Tras las críticas de Eragin, Asamblea de Jóvenes Precarios de Bilbao, que iniciaron una campaña de denuncia de las condiciones laborales del BBK en Twitter, la empresa organizadora dijo en un comunicado que excede de su labor como empresarios y que están comprometidos con el trabajo digno.

El papel de los voluntarios

Otra opción recurrente de los festivales es recurrir a voluntarios. Desde el Sindicato de Músicos, David García Aristegui denuncia que festivales como el Sonorama, muy bien valorados, se nutren de voluntarios a los que hacen trabajar como un empleado más. Unai Sanz de Eragin Bilbao da una definición del papel de los voluntarios: “Trabajador gratuito de sol a sol a cambio de ver un concierto”.

Aun así, dice Aristegui que algunas cosas han cambiado y ya hay festivales que han mejorado sus condiciones laborales y son más transparentes como el MadCool, el Festival del Noroeste, Barcelona Acció Musical o el Primavera Sound.

La hipocresía de algunos festivales

“Mientras los grupos de música claman en sus canciones por la justicia social, los empleados son explotados” Aristegui critica la hipocresía del festival Viñarock en Villarobledo. “Ya hemos avisado de que el año que viene no vamos a permitir que se repita la situación de este año” sentencia. Desde el Sindicato de Músicos hicieron una campaña llamada #FestiLeaks en la que denunciaban estas condiciones.

Denuncian la actitud de los organizadores, principales responsables, pero también de las instituciones y en última instancia, del público, que, dicen, debe hacer autocrítica. Reclaman empleados y sindicatos que se mejore el trato a los trabajadores ya que la gran mayoría de estos festivales están financiados con dinero público.

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