Viernes, 14 de Agosto de 2020

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48 horas en una orquesta del verano: 'verbenismos' y 'orquestidades'

Pasamos dos días con el Grupo Cañón, una orquesta de Santa María del Páramo que, a lo largo de los cuatro meses del verano, se recorre más de 25.000 kilómetros

Aunque es un trabajo visible en verano, lo cierto es que algunas orquestas como Cañón no paran en todo el año y dedican el invierno a preparar la nueva temporada

Los integrantes de esta orquesta ya se han acostumbrado a no tener vacaciones de verano aunque lo que más echan de menos es no poder ir a eventos como las bodas de amigos y familiares

En el mes de agosto tan solo tienen cuatro días sin actuación

Santa María del Páramo
Grisuela de Aliste
Villaquilambre

Las orquestas son un icono del verano en los pueblos; desde las más pequeñas con un vocalista y una persona al teclado que se mueven en coche y se encargan de montar, tocar, desmontar y contratar; hasta los tráileres llenos de pantallas gigantes que mueven Panorama o París de Noia. Nosotros hemos acompañado durante dos días al Grupo Cañón, una orquesta de la localidad leonesa de Santa María del Páramo. Con ellos hemos recorrido poco más de 300 kilómetros en sus actuaciones en el pueblo de Grisuela de Aliste en Zamora y Villaquilambre, un municipio del alfoz de León. A lo largo de los cuatro meses del verano este equipo de 15 personas recorre más de 25.000 kilómetros de pueblo en pueblo.

Salimos a las 18:00 del centro de operaciones de la orquesta -Santa María del Páramo- en la furgoneta de Cañón con todos los músicos y cantantes y con el jefe, Juan, que es también el técnico de sonido; una profesión que, por cierto, cree que no está muy cuidada en el sector de las orquestas: “La parte técnica, como técnicos de sonido… no. Por no hablar de los técnicos de iluminación, que en el 80% de los casos es el técnico más espabilado que lo dejan allí”. Juan está convencido de la importancia que tiene la formación en el campo del sonido para aprovechar los grandes medios técnicos con los que cuentan.

Juan -el jefe de la orquesta- controla el sonido del Grupo Cañón en su actuación en Grisuela de Aliste (Zamora) / Cadena SER

Aunque pueda parecer que este es un trabajo temporal, -y en otras orquestas puede serlo- el Grupo Cañón no para en todo el año más allá del mes de vacaciones en noviembre porque “tanto a los músicos les lleva mucho tiempo preparar el show como lo tenemos que hacer tanto a los técnicos”; y es que son una empresa prácticamente artesanal, ya que montadores y técnicos dedican el invierno a preparar el escenario de cara a la nueva temporada: “Lo hacemos todo nosotros: soldamos hierro, hacemos todo el cableado, colocamos motores… Lo hacemos todo en la nave; y claro, eso es prueba y error. Casi trabajamos más en invierno que en verano”. 

Cada uno aprovecha el trayecto en furgoneta para una cosa; a quienes llaman a su familia, otros descansan lo que no han podido por la noche anterior y Kat (la batería) suele dedicar muchos de sus trayectos a editar el video blog que tiene en YouTube en el que enseña el día a día de la orquesta. Ella entró en Cañón, precisamente, gracias a esta plataforma: “Me dio por poner un anuncio en una página de orquestas con un enlace a mi canal y me llamaron para hacer una prueba. Fue en Navidad, entre Nochebuena y Nochevieja, y me pareció un buen momento para dedicarme a lo que me gusta”. Kat no quería dejar su faceta youtuber y decidió crear Diario de una orquesta que edita gracias a “un aparatito que conectamos al mechero del coche para que yo pueda editar en los viajes porque, si no, no me da la vida”. 

Montaje del escenario del Grupo Cañón en Grisuela de Aliste (Zamora) / Cadena SER

En la parte delantera de la furgoneta está Héctor, voz masculina de Cañón, que recuerda que él empezó “desde muy abajo” en el mundo de las orquestas, concretamente en una realmente pequeña que tenía su tío; de hecho, recuerda que en su primer día se “había aprendido las letras de memoria y me dice mi tío «pero si aquí las leemos todas». Y yo como un tonto que tenía los exámenes del instituto y estaba ahí aprendiendo letras y estudiando”. Y en esas orquestas pequeñas Héctor lo tenía que hacer todo: cantar, montar y tocar -por supuesto- pero se encargaban también de las actividades infantiles en el pueblo en el que tocaban y de montar los hinchables de la fiesta. Precisamente este verano ha conseguido sacar la oposición de maestro y a partir del año que viene dará clase en un pueblo de León y le tocará ver si puede compatibilizarlo con el trabajo en la orquesta.

Yadira toca el bajo en Cañón y llegó a España desde Cuba directamente al mundo de las fiestas de los pueblos: “Vine en el 2009 directamente con contrato de trabajo para una orquesta. Una amiga mía era directora de una orquesta aquí en Asturias y quería que yo viniera”. Cuando Yadira llegó a Asturias no tenía ni idea de cómo funcionaban las orquestas, del éxito que tenían en los pueblos ni mucho menos de la de horas que tenían que estar encima del escenario trabajando sin parar, un trabajo “un poco sacrificado; pero si te gusta y es lo que te gusta hacer –porque en el escenario hay días que uno está un poco de bajón, cansado…- normalmente lo disfrutas”.

En Galicia acababas de tocar a las 7:00 y a las 11:00 te tenías que levantar para volver a tocar

Alberto y Tibi son los dos guitarristas, quizá los menos enamorados del mundo de la orquesta, pero sí de su orquesta. Alberto entró “como una solución a la escasez laboral que había y al final me ha acabado convenciendo; más aún con un equipo humano como el de aquí en el que hay muy buen rollo”. Tibi explica que lo que le gusta es la música, los grupos en los que toca fuera de Cañón -seis en total- y que “la orquesta es trabajo”.

El espectáculo del Grupo Cañón comienza con un fragmento de la banda sonora de Piratas del Caribe y con un truco de magia -yo no he sido capaz de descubrir cómo lo hacen ni viéndolo desde el escenario- que hace el teclista, Edu; porque además de la música su otra pasión es la magia aunque la deja para el invierno cuando tiene algo más de tiempo libre. Edu vive y trabaja ahora en León pero ha pasado también por las orquestas de Galicia, una experiencia que no repetiría “porque allí se estila mucho el vermú”, es decir, que algunas orquestas -él trabajó en una de ellas- tocan en turno partido por la mañana y por la noche: “Aquello se hace muy pesado. La orquesta era nueva y para trabajar había que hacer muchos vermús. Acababas reventado; acababas de tocar a las siete de la mañana y a las once te tenías que levantar para volver a tocar”.

Los cuatro cantantes del Grupo Cañón en un momento de la actuación / Cadena SER

A lo largo de la actuación las cuatro voces de Cañón (Bea, Marina, Héctor y Diego) se cambian de ropa hasta once veces en periodos de tiempo muy cortos; a veces de una sola canción “pero de solo 30 segundos” porque son bloques con fragmentos de varias, así que Bea y Marina se las ingenian para hacerlo lo más rápido posible: “Nos ayudamos a subirnos las cremalleras, a bajarlas, a ponernos la petaca, a quitárnosla… «Oye Marina, ¡pásame el sujetador!» y nos ayudamos entre las dos porque si no sería imposible”. Precisamente Bea entró en la orquesta hace cinco años porque una de las cantantes tuvo que cogerse la baja en pleno mes de agosto por una apendicitis; antes cantó en un mariachi, por lo que lleva seis años sin conocer las vacaciones en verano: “Te da muchas cosas: grandes amistades, lo pasas de maravilla en el escenario… pero quita muchas otras. Yo no he podido ir a ninguna boda de mis amigas; están prácticamente todas casadas y no he podido acudir a ninguna boda”. La misma opinión la comparte su compañera Marina, más que acostumbrada a la ausencia de verano “lo que no me gusta es no poder ir a eventos como la boda de mi primo o de un amigo, pero luego llega octubre y te vas donde te dé la gana”.

Lo que Marina lleva mal en el escenario son “los borrachos, lo llevo fatal, muy mal; de hecho, soy la primera que va a atacar” y Kat da fe: “Le tiraron un hielo que le pasó al lado –que eso te da en la cara y te deja tonto- y ella, que es de Carabanchel, les dijo: «Os vais a meter el hielo… Bueno, pues eso»”. Héctor cree que en algunos casos tienen que ser serios y no pasar ningún comportamiento agresivo o simplemente machista: “Las chicas aguantan a veces algún gesto y algún comentario… Pero para eso somos bastante drásticos, y cuando vemos alguna cosa que se pasa de la raya, incluso hemos parado la fiesta, ¿por qué no? Hemos parado la fiesta y hemos dicho: «Mira, hasta aquí»”

En los últimos tres años se ha mantenido intacta la estructura del Grupo Cañón, no han tenido que hacer ningún fichaje porque tampoco ha salido nadie; y esto es algo muy poco habitual en el mundo de las orquestas, “algo imposible” asegura Héctor; y es que, casi como en el mercado futbolístico, las idas y venidas en estos grupos de un año a otro son más que habituales; existe, incluso, una página web con los últimos movimientos.

Kat Almagro es la batería del Grupo Cañón y la 'youtuber' de la orquesta / Cadena SER

Al vínculo profesional se une el personal, y es que las cuatro chicas de la orquesta comparten piso porque todas son de fuera de León y cuando terminan la jornada en la verbena se van juntas a casa, de hecho, “después del primer año dijimos: «tenemos que consolidar nuestra amistad»”, explican Kat y Bea y decidieron hacerse un tatuaje: cada una uno de los lados de un cuadrado. 

Los horarios de los profesionales de las orquestas son duros; pero especialmente lo son los de los montadores; el día que les conocemos vienen de una actuación en un pueblo de Lugo que, al estar tan lejos y prolongarse hasta tarde a algunos solo les ha permitido dormir una hora y media en sus casas.

Somos los primeros en llegar y los útimos en irnos

Los cuatro montadores del Grupo Cañón son los primeros en llegar a los pueblos para dejar listo el escenario y cada uno tiene una función asignada durante la actuación: Pablo es el técnico de iluminación, pero no se libra de montar y desmonta, Rubén se queda detrás del escenario ayudando a los músicos y cantantes durante la actuación y Diego se encarga del merchandising; él es el último en llegar y, como Héctor, quiere dedicarse a la docencia y ser profesor de Economía de ESO; además tiene claras sus prioridades, y que no por haber estudiado Administración y Dirección de Empresas su vocación profesional tenga que estar en ese sector: “Prefiero trabajar ocho horas en un bar que en la banca”.

El cuarto montador es Tuti, el único que no tiene una función durante la actuación, sino que le toca dormir en el camión; es el chófer de la orquesta, aunque “apenas duermo; en un camión te despiertas cada poco y de tres o cuatro horas de actuación no duermes más de dos horas y despertándote”; Tuti también ha sido técnico de sonido, pero su nueva faceta de chófer también le gusta: “No es como ir con el camión a un polígono que está hecho para estos vehículos. Vamos a pueblos en los que tienes que entrar un kilómetro marcha atrás, que no entras, que pegas con un balcón… Es el reto del día a día y me ha sorprendido que me gusta”.

48 horas en una orquesta dan para mucho, por ejemplo, para enterrar y confirmar mitos. Por un lado, el de que hacen playback; ellos no, y ahora no es nada habitual en ninguna orquesta, pero Jorge explica que él entró en el mundo de las fiestas de los pueblos precisamente así: “Íbamos grabados, ahí no tocábamos nada. Eso se hacía de aquellas porque había tantas fechas que no había tiempo para ensayar ni nada y te llamaban para figurar teniendo un mínimo de idea”. Y de fingir que tocaba, a entrar en Cañón como técnico de sonido y pasar después al bajo “así a lo bobo, que no tenía ni idea de tocar el bajo de aquellas” hasta ahora que es teclista.

El segundo mito es el del pinganillo y este nos dicen que es absolutamente falso; nadie les va chivando las letras de las canciones en directo, cuenta la otra voz masculina del grupo, Diego: “En el pinganillo lo único que escuchamos es lo que estamos tocando y las instrucciones que nos puedan dar como que en el escenario haya una entrega de premios”. Diego también entró en las orquestas casi por casualidad y por un amigo de sus padres que era el dueño de la orquesta Santana, “llegaron las fiestas de mi pueblo y mis amigos me dijeron que no me atrevía a subir a cantar” y se atrevió, “la casualidad dio que al mes se quedaron sin cantante, se acordaron de mí y hasta hoy”.

El escenario de Cañón semi plegado a la espera de que el viento sople con menos fuerza en Grisuela de Aliste (Zamora) / Cadena SER

En Grisuela de Aliste la actuación empieza con retraso por el viento “cada día es una aventura”, cuenta Bea y se cumple a rajatabla. Unas horas antes de empezar “el menos avispado del pueblo” -no vamos a decir de quién es la cita- lanza un cohete directo al escenario; afortunadamente no pasa nada, pero ese no es el único peligro de la noche. Al poco rato de empezar la actuación el viento empieza a soplar con mucha fuerza y arranca uno de los telones traseros del escenario, por lo que tienen que parar la actuación durante unos minutos. Una vez revisados los daños y con el viento en calma retoman el espectáculo, aunque esto suma una hora más de trabajo a la hora de recoger de los montadores y, la noche que esperaban breve, se prolonga durante otra hora y media más a la espera de que alguien moviera un coche que no permitía salir al camión.

El segundo día Cañón toca en Villaquilambre, una ciudad del alfoz de león y a unos 50 kilómetros de Santa María del Páramo; este iba a ser el día en que los montadores iban a poder descansar algo más por la cercanía del pueblo, pero los arreglos urgentes de los desperfectos que produjo el viento en Grisuela de Aliste les han obligado a estar trabajando desde primera hora.

Las orquestas han cambiado en los últimos años; ya no hay una canción del verano y no se tiene mucha previsión para saber cuáles serán las imprescindibles de la temporada: “Ya no es como antes que la que era la número uno de la lista de éxitos de turno era la más importante. Hoy en día tienes que ver cuáles son las canciones más reproducidas, las más compartidas, ver cuáles son las que más gustan cuando sales de fiesta… y probarlas en el escenario; de hecho, hay canciones que las ponen de moda las orquestas”, cuenta Héctor.

Momento del final de la actuación de Cañón en Villaquilambre (León) / Cadena SER

En cambio, hay cosas que no han cambiado, como los gritos del público pidiendo “una de Los Suaves” al final de cada actuación; Diego lo tiene claro: “Tú puedes hacer una actuación perfecta que como no toques Dolores has quedado mal seguro. Eso ha pasado con más canciones; antes pasaba con Chiquilla, con Necesito respirar... Si no las tocabas no eras nadie”.

Tanto en Grisuela como en Villaquilambre son varias las personas que se suben al escenario de la orquesta al terminar la actuación para pedir una foto con las estrellas de la orquesta: “Llamas la atención, cómo no vas a llamar la atención si estás cuatro horas subido a un escenario al que está mirando todo el mundo”, dice Héctor; y a esto se añade las redes sociales, con muchos seguidores en Instagram, la mayoría, gente “muy educada y muy amable”. Y esa fama aparentemente fugaz se extiende más allá de la actuación; también hay quienes les reconocen en la calle, Kat ya está más acostumbrada, pero recuerda perfectamente el día que esto le paso a Marina: “Un día fuimos a cenar a una pizzería en León y al salir había unos chavalines que llevaban como media hora esperando a que saliéramos para hacer una foto y Marina: «¡qué me estás contando! ¿Que lleváis esperando media hora para haceros una foto con nosotros?»”

Las orquestas están viviendo un momento de mucho éxito en los pueblos, algunas más que otras, como es el caso de Cañón que ya tiene la mitad de las actuaciones del verano que viene cerradas. Son profesionales que van de pueblo en pueblo “que deberían estar algunos en el éxito más absoluto”, dice Héctor, y que se dejan el cuerpo y la voz cada día encima y debajo del escenario. Lo mismo les da que haya diez personas abajo a que sean 10.000. Los trabajadores del Grupo Cañón siguen ahora su gira de pueblo en pueblo precisamente en el mes más intenso de todo el verano; en agosto van a tener cuatro días en total para poder descansar.

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