Martes, 20 de Octubre de 2020

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FILMOTECA ESPAÑOLA | ENTREVISTA

Manuel Gutiérrez Aragón: "Ahora sería casi imposible rodar películas como 'Sonámbulos' o 'Demonios en el jardín"

La Filmoteca española rinde homenaje en septiembre y octubre al director de 'Maravillas'

El cineasta y escritor Manuel Gutiérrez Aragón, en una imagen de archivo

El cineasta y escritor Manuel Gutiérrez Aragón, en una imagen de archivo / EFE

Manuél Gutiérrez Aragón no está retirado definitivamente del cine. "No he hecho ningún juramento. No es tanto encontrar financiación sino el interés suficiente para hacer aquéllo que hacía", explica. Desde 2008, año en el que estrenó Todos estamos invitados, se ha dedicado plenamente a su otra vocación: la Literatura. Con su primera novela, La vida antes de marzo, ganó el premio Herralde. Posteriormente ha publicado Gloría mía, Cuando el frío llegue al corazón y El ojo del cielo. "Ahora estoy escribiendo una novela tranquilamente", nos cuenta. "Es la diferencia con el cine. Más que el dinero, lo que te achucha en el cine es el tiempo. Yo hacía mis películas en ocho o nueve semanas. Ahora tendría que hacerlas en tres o cuatro como mucho y no podría tener el suficiente reposo, ni repetir, ni pensar. A mí, ahora, me faltaría tiempo para rodar una película".

Pero el cine fue durante más de 35 años el oficio, como director y como guionista, en el que trabajó y destacó Manuel Gutiérrez Aragón. Y ahora, durante los meses de septiembre y octubre, la Filmoteca española le dedica un homenaje en el que se podrá ver la obra completa del cineasta cántabro. En el ciclo, titulado Sueños y espectros de Manuel Gutiérrez Aragón, se podrán ver desde su proyecto final en la Escuela Ofcial de Cinematografía, Hänsel y Gretel; a títulos emblemáticos en los que trabajó como guionista, como Furtivos que dirigió José Luis Borau, y, por supuesto, su obra como director en la que destacan títulos como Habla, mudita, Sonámbulos, El corazón del bosque, Demonios en el jardín o la adaptación que hizo de El Quijote para RTVE.

Gracias a esta retrospectiva que le dedica la Filmoteca española Manuel Gutiérrez Aragón espera que una nueva generación de espectadores descubra su cine y su peculiar manera de narrar en imágenes, en donde mezcla lo real con elementos poéticos, mágicos e incluso casi sobrenaturales. "La realidad es múltiple y siempre hay muchas maneras de contarla. Consiste en encontrar el misterio en las cosas cotidianas". explica. "Espero que el nuevo público sitúen las películas en su contexto y que descubran cosas que nunca imaginaron que han existido", dice. Asegura también que ahora sería muy díficil, casi imposible, rodar muchas de ellas como Sonámbulos o Demonios en el jardín. "No tendríamos el apoyo ni la financiación de las televisiones. Eran unas películas, buenas o malas, pero arriesgadas, comprometidas con la realidad. Para nosotros las referencias no eran otras películas, como suele pasar ahora, sino la realidad".

Siendo niño, Manuel Gutiérrez Aragón iba los domingos por la mañana a la Plaza Mayor de Torrelavega, la ciudad cántabra donde nació en 1942, para ver los fotocromos y la cartelera de la película que se iba a proyectar por la tarde. "Yo entonces creía que las películas las hacían los actores. El director era transparente. No existía", recuerda. Fue así como comenzó su idilio con el cine y, sobre todo, con los actores. Luego se marchó a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, pero también se matriculó en la Escuela Oficial de Cine. Se convirtió en director por accidente porque lo que quería ser era escritor. "Recuerdo que contaba cuentos a mis hermanos y primos pequeños. La pasión por narrar la tuve desde siempre".

Su primer largometraje en 1973 fue Habla, mudita, con José Luis López Vázquez y Kiti Mánver, que ganó en el Festival de Berlín el premio de la crítica. Una historia que contaba la relación entre un intelectual y una pobre chica muda. Muchos quisieron ver en ella una críptica referencia al franquismo, aún en el poder. "No tenía nada que ver con el franquismo", reconoce el director. "Lo que pasa es que eran unos tiempos en donde el público era muy complice de los directores y en aquellas películas veía muchas más cosas de las que nosotros poníamos".

Su siguiente película como realizador se estrenaría con Franco ya muerto. Fue Camada negra que hablaba de las bandas ultraderechistas después de la muerte del dictador. Para Gutiérrez Aragón supuso el comienzo de su relación profesional con la que se convertiría en su actriz preferida: Ángela Molina con la que rodó algunos de sus mejores largometrajes como Demonios en el jardín y La mitad del cielo. "Muchas de las películas las escribí para ella. Una de las cosas estupendas que pude tener haciendo películas fue escribir para aquéllos actores que yo sabía que iban a hacer la película como Ángela Molina, Ana Belén o Fernando Fernán Gómez. Al escribir el guion yo ya les oía. Escribía para ellos", rememora el realizador.

Gutiérrez Aragón se convirtió en un director imprescindible durante los años de la Transición política gracias a películas como Sonámbulos, La noche más hermosa o Maravillas. "En esa época el cine estuvo por delante de las decisiones políticas", asegura. "El cine era más libre de lo que era la política. Cambió lo que era más importante: las costumbres. La menera de ser, de comportarnos, de peinarnos, del sexo, de la moda... Fue un cambio más profundo que los cambios políticos. El cine se adelantó a la transición política".

En 1989 rodó para la televisión la primera parte de Don Quijote de La Mancha, un proyecto que tardó dos años en completar y que protagonizaron Fernando Rey, dando vida al caballero andante, y Alfredo Landa como Sancho Panza. En 2002, volvería a retomar las aventuras del Quijote esta vez con Juan Luís Galiardo como Alonso Quijano y Carlos Iglesias como Sancho. En sus últimas películas ha tratado el tema de la emigración cubana en España en Cosas que dejé en La Habana; regresó al Valle del Pas de su Cantabria natal en La vida que te espera o habló del terrorismo de ETA en Todos estamos invitados.

Y eso sí, a sus 77, años sigue sintiendo la misma fascinación que tenía de niño, cuando los domingos iba a al cine en su Torrelavega natal. "A mí, los primeros cinco minutos de cualquier película me parecen siempre estupendos. Que aquéllo se mueva y salgan los actores haciendo cosas... Siempre pienso que voy a ver la mejor película del mundo".

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